domingo, 15 de septiembre de 2013

Un amigo


Algunos perros ya te quieren sin ni siquiera  conocerte. Se acercan a uno con cierta timidez para hacerte compañía, como este que se acercó a mí una noche fría y solitaria, en Caaguazú, mientras espera el colectivo que me iba a llevar a Repatriación.
Algunos perros tienen algo en la mirada, como si acabaran de llorar. Llevan el rabo entre las piernas, como si acabaran de ver el rostro del miedo.
Al verlo allí, tan solo, quería llevarle conmigo, ayudarle, como a mí me ayudaron y lo siguen haciendo, como a mí me siguen abriendo las puertas... Pero yo no hice nada para darle un hogar.  Allí se quedó el perro con su fría y oscura noche. Yo seguí mi camino. Soy más bandido que él. Ese perro sigue en su tierra, ¿es más patriótico que yo?

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