jueves, 23 de julio de 2015

La suela de Rivarola Matto


De mi último viaje a Paraguay, en el 2013, traje algunos libros. No he tenido mucho tiempo de ponerme a leerlos. Los voy sacando a la luz poco a poco. Algunos de ellos todavía con el envoltorio puesto, como el que acabo de leer, La suela (Criterio, 2006), de José María Rivarola Matto (Asunción 1917 – 1998), libro póstumo, publicado por su hijo Manuel Rivarola Mernes.
No conocía ninguna obra de Rivarola Matto. La suela, aunque sea una obra póstuma a la que seguramente el autor querría darle algunos retoques antes de verla impresa, tal vez sea un buen inicio.
            En uno de los textos introductorios, Manuel Rivarola Mernes señala que en esta obra Rivarola Matto “con un lenguaje festivo, picante y audaz, trata el drama o la tragedia de la sociedad paraguaya”.
            La novela está divida en cuatro partes. Narra la historia de Don Cayetano: su vida familiar, sus sueños, sus luchas por adaptarse, por entender una sociedad paraguaya desconocida para él, porque es de origen italiano. Había entrado en Paraguay, como Rafael Barrett, por Villeta. (Cierto parecido entre el protagonista y el gran escritor español podemos ver en el afán por buscar un mundo en el que poder realizar la vida soñada). Empezó trabajando en el monte, talando árboles, como se dice en Paraguay, sacando rollos, y después se decidió abrir una zapatería a la que llama “La suela”.
            Los personajes de esta novela no tienen una profundidad psicológica muy marcada, como los que podríamos encontrarnos, por ejemplo, en La babosa, de Gabriel Casaccia. Son personajes más superficiales. Parece que el autor buscaba dotarlos de unas características más o menos caricaturescas. Tampoco se menciona el lugar exacto donde transcurre la historia. Aunque nos da a entender que no queda lejos de Asunción. Quizás lo que Rivarola Matto quería con esto era criticar a la sociedad paraguaya, generalizando. Es verdad que resulta bastante explícita la crítica a los políticos, también a los representantes religiosos y a la justicia. Todos ellos aparecen con un cinismo y una hipocresía evidentes.
La novela empieza in media res, con la muerte de Héctor, el hijo de Don Cayetano, para el que deseaba una formación y un futuro sobresalientes. Al menos,  mejor que la que tuvo su padre. La narración continúa para contarnos los inicios, los orígenes de Cayetano y su hijo Héctor.
El final de la primera parte vuelve de nuevo en el presente, con el cuerpo de Héctor en los brazos de su padre. Las desgracias perseguirán al protagonista durante toda su vida. Primero con la muerte de su mujer, al nacer su hija Ester, y luego la de su hijo Héctor, para el que deseaba un título de doctor, el viejo sueño que desea toda familia paraguaya.
A partir de la segunda parte, la trama se centra en el futuro de Ester, enamorada del verdulero Pedrito. Es una hija que crece sin la madre, bajo la protección y la libertad que le otorga el padre.
Al final, nos quedamos con las ganas de saber, como el mismo protagonista, por qué murió Héctor. Solo podemos ver a su hijo como una víctima de una bala del poder contra un ciudadano. Un hecho que queda impune.
En cambio, la aventura amorosa entre Ester y Pedrito termina en boda. Este final se deja entrever ya mucho antes del capítulo final. No nos sorprende. Por eso, esta historia de amor juvenil no es lo más destacado de la novela –al menos en mi opinión–, sino los comportamientos de algunos personajes secundarios, como el Dr. Madruga T., que encarna y describe perfectamente las actitudes de desvergüenza de los políticos que pululan en el poder. Estos detalles hacen que la novela brille de otra manera y merezcan la pena su lectura. 

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