lunes, 12 de junio de 2017

Un poema al Mariscal

Salvador Cabañas 
 
Tintinea una bala en su cabeza. 
Los vítores flamean en las gradas, 
si el 10, el número que va en su espalda, 
le inspira una jugada, una gambeta, 
 
un caño, un centro de la muerte. Reza 
el público contrario, pero avanza 
la pelota en el aire, como bala 
que viene del infierno, llega al área. 
 
La duerme con el pecho y con el diestro 
la pasa Santacruz a Salvador 
que de nuevo la amaga y va de dos; 
 
baila con el balón frente al arquero, 
que sabe que llegó su hora. Que el Gol 
quema huevos si lo mete Salvador. 

 

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