martes, 2 de julio de 2013

José Luis García Martín, animador y desanimador literario

 Antes de conocer personalmente a José Luis García Martín, ya le iba conociendo a través de la lectura de sus poemas, de sus reseñas, de sus diarios (publicados los domingos en La Nueva España). Más tarde, invitado por José Ángel Gayol, me acercaría a la Tertulia Oliver que García Martín presidía los viernes por la tarde en un café, hoy día cerrado, de la calle el Rosal. Desde aquél entonces, no pararía yo de asistir a sus tertulias, eran ya para mí un nuevo hogar. Uno aprende mucho con José Luis García Martín.  Es un gran maestro para todos los que nos acercamos a escucharle. Con él se puede hablar casi de todo, hasta de fútbol.
José Luis García Martín, nació en Aldeanueva del Camino, Cáceres, el año 1950. Es poeta, crítico literario, diarista, editor, profesor de la Universidad de Oviedo y director de Clarín. Revista de nueva literatura. Y forma parte del jurado del Premio Príncipe de Asturias de las Letras.
Aunque es extremeño, de niño se trasladó con sus padres a Asturias para residir en Avilés. Años después se trasladaría a Oviedo, donde actualmente vive, trabaja y realiza toda su labor literaria.
Es un autor muy prolífico y uno de los críticos más respetados en España. Entre sus libros más recientes, podemos citar: Mudanza (2004), La aventura  (2011), Arena y nada. Poemas de vario tiempo y lugar (2011). En narrativa Las noches de verano (2011) y Enigmas con jardín (2012), entre otros.
En una de sus tertulias le había escuchado decir: “En literatura, como en cualquier otra actividad, todo lo que no es necesario estorba”. Tenía razón con este aforismo. Muchas veces me he preguntado qué sería de la literatura sin JLGM (como le gusta firmar), y de él sin la literatura. Sin duda alguna, hacen una muy buena pareja.

1- Eres crítico literario y poeta. ¿Crees que hay alguna dificultad en ser ambas cosas?

No sé si hay alguna dificultad. Sé que escribir reseñas, prólogos, participar como jurado en premios literarios, actividades todas ellas propias de los críticos, es algo que suelen hacer casi todos los poetas. La dificultad me parece que está en ser buen crítico o buen poeta, tanto si ambas actividades se dan en una misma persona como si no.

2- ¿Se puede ser un buen poeta y  un mal crítico literario?

Por supuesto. Pero resulta más frecuente que los malos críticos literarios, si además son poetas, sean malos poetas.

3- ¿Recuerdas a qué edad empezaste a escribir poemas?

Me imagino que a los trece o catorce años, cuando comencé a estudiar literatura en cuarto de bachillerato. Fui un lector precoz, pero no un poeta precoz. Recuerdo que el primer poema lo publiqué en la revista del instituto Carreño Miranda a los diecisiete años. Un compañero de entonces, al que me encontré años después, se lo sabía de memoria y me lo recitó. Era un villancico y decía más o menos así:
Lluvia fina, breve,
con alma de nieve.
Lluvia en los caminos,
desiertos, perdidos.
Lluvia por las calles,
desiertas, sin nadie.
En los campos lluvia,
lluvia y soledad.
En los campos lluvia,
lluvia en la ciudad.
Navidad.
Se ve que el tiempo de entonces en Asturias era muy parecido al de ahora.

4 - Para escribir buena literatura ¿es necesario tener mucha experiencia en la vida o solo es necesario devorar libros?

Son necesarias ambas cosas. Hace falta haber vivido y haber leído (no confundir con “haber bebido”).

5-  Hay una pregunta que has hecho a otros poetas en el libro Las voces y lo ecos, y que me gustaría hacerte a ti: « ¿Qué autores consideras que han influido más decisivamente en tu formación literaria? Con otras palabras, ¿en qué tradición poética te parece que se inserta tu obra?»

Supongo que el que más ha influido es Antonio Machado, el primero cuya poesía leí completa.  Todavía conservo el ejemplar de la colección Austral que compré a los catorce o quince años. Creo que se trata del primer libro de literatura adulta que compré con mi dinero. Luego están los clásicos españoles, especialmente Fray Luis de León y Quevedo. Y también Fernando Pessoa, leído algo más tarde. Y tantos otros.

6- La tertulia Oliver se realiza los viernes, lleva años. A ella va todo tipo de gente. Algunos la frecuentan durante un tiempo  y luego dejan de ir. ¿Crees que cuando uno deja de ir a la tertulia se aleja de la literatura? ¿Te sientes un animador literario?

Sí, tertulia lleva ya bastantes años. Comenzamos a reunirnos allá por 1980, cuando el mundo era otro y la mayoría de los contertulios actuales no habían nacido. Ha pasado mucha gente por ella y bastantes de ellos son poetas que tienen un sitio en la poesía española contemporánea: Víctor Botas, Xuan Bello, Lorenzo Oliván, José Luis Piquero, Pelayo Fueyo, Javier Almuzara, Silvia Ugidos, Marcos Tramón, Martín López-Vega… No todos los que se alejan de la tertulia es porque se alejen de la literatura. Unos lo hacen porque cambian de residencia y otros porque cambian de estado civil. Y algunos porque se cansan de mí, que hasta el momento soy lo único que no cambia.

7- Tengo entendido que los premios literarios para ti no son importantes, pero ¿te gustaría o crees que podrías algún día ganar el premio Cervantes?

No, no creo que lo pueda ganar algún día. No me veo yo de vieja gloria venerable. Yo he dicho más de una vez que me gustaría merecer todos los premios (soy así de vanidosamente ambicioso) y no ganar ninguno. Lo primero lo tengo difícil, pero lo segundo creo que, con un poco de esfuerzo y algo de suerte, voy a conseguirlo.

8- ¿Cómo describirías a Pablo Neruda y a Jorge Luis Borges, dos poetas contemporáneos que parecen opuestos? ¿Qué crees que tienen en común?

Tienen en común lo más importante: ser grandes poetas.  Yo admiro a ambos, pero de Neruda me quedo con el diez por ciento de lo que escribió, mientras que de Borges lo aprovecho todo.

9- Alguna vez he leído, no sé si en tu diario o en algún artículo tuyo, que no te gusta leer novelas. ¿Es cierto? ¿A qué crees que se debe?

Con las novelas he disfrutado mucho, desde aquella lectura absorbente de Dos años de vacaciones, de Julio Verne, la primera novela que me entusiasmó, hasta Proust o Simenon. Le tengo mucho cariño a Stendhal y a Galdós, a Tolstoi y a Eça de Queiros y a muchos otros (y a alguna otra) que me dieron tantas horas tan felices. Pero últimamente las novelas me aburren cada vez más. Incluso las novelas negras que antes leía con tanto gusto. Ahora prefiero esperar a que hagan la película. Las novelas de entretenimiento no me entretienen y las otras me parece que están sobrevaloradas. Bueno, también hablo siempre mal de las novelas porque es el género porque el más apuestan los editores y los críticos y a mí me gusta llevar la contraria.

10- Sabemos que eres un aventurero, un gran viajero que escribe en su diario sobre todo aquello que descubre. Has visitado muchos países y ciudades, y algunos de Latinoamérica. Pero Paraguay no, ¿alguna vez tiene prevista hacerlo? Creo que tendrías mucho que contar sobre ese país, ¿te gustaría visitarlo?  

Si piensas que soy un gran aventurero es que me conoces poco. Soy la persona más rutinaria del mundo. Lo que ocurre es que pienso que las ciudades pequeñas hacen las mentes pequeñas y yo siempre he vivido en una ciudad pequeña. De vez en cuando me doy una vuelta fuera para evitar ese efecto de provincianismo. Pero lo que más me gusta es volver. Y hacer lo mismo todos los días. Por supuesto que me gustaría visitar Paraguay y espero encontrar en algún momento un pretexto para hacerlo.

11- ¿Alguna recomendación para los que empiezan a escribir poesía?

Que lean cien poemas de otros tantos grandes poetas antes de escribir uno propio. Y que rompan mucho (o que den a la tecla de borrar sin piedad alguna por sus ocurrencia versificadas). Una buena norma es eliminar nueve por cada diez que escriban (aunque, en algunos casos, mejor sería que la aplicaran al revés: que borraran diez por cada nueve que escribieran). Yo creo (aunque estas son cosas que no se deben decir en público) que al joven poeta (lo mismo que al que ya no es joven) no hay que ponerle las cosas fáciles. Poetas siempre ha habido demasiados. Lo que suele escasear es la poesía. Poner obstáculos es lo más pedagógico y beneficioso socialmente que se pueda hacer. Para que solo persistan los mejores y el resto se dedique a otras actividades menos enfadosas. Lo malo es que los que persisten, inasequibles a cualquier desaliento, solemos ser los peores.


viernes, 14 de junio de 2013

Elvio Romero, poeta paraguayo

             
Cuando hablamos de poesía paraguaya, lo primero que nos viene a la mente es el nombre de Elvio Romero. Quizá el poeta más conocido fuera del Paraguay.
Elvio Romero nació en Yegros el año 1926. Las mañanas de su niñez las pasaba feliz, con un bigote de espuma de leche en su sonrisa, de leche recién ordeñada por su madre. En las siestas solía recorrer los campos, con una hondita en la mano, buscando algún nido de tórtola. Por las noches se reunía con otros niños para contar historias del pombero y jasy jateré. Ya de niño, cuando apenas sabía leer, se aprendió de memoria algunos poemas de Rubén Darío, Amado Nervo,... Eran poemas que venían en los periódicos dominicales y que su madre recortaba para luego pegarlos en un cuaderno. Elvio recitaba los poemas mientras acompañaba a su padre en el trabajo. Su padre era un santero, tallaba imágenes de santos en madera. Su padre era también dueño de un tiovivo. Podemos decir de Elvio que su madre le hizo poeta.
Elvio Romero, que siendo aún niño sintió el aliento de la Guerra del Chaco y vivió en carne y hueso la Guerra Civil paraguaya, allá por el año 47 y tras aquella revuelta, sediento de libertad cruzó el Chaco en plena canícula, a pasos apresurados, camino del exilio, en tierras argentinas. Un exilio que iba a durar muchos años. Él aún no sabía que su destino era ser un caballero andante, un caballero «contra la vida quieta», como diría Rafael Alberti en un poema que le dedicó. Alberti le ayudó para publicar su primer libro, Días roturados (1948). Aún no sabía que su destino, era el de ser un gran poeta paraguayo. A su primer libro le seguirían otros como Resoles áridos (1950), Despiertan las fogatas (1953), De cara al corazón (1961), Los innombrables (1970), entre otros.
Elvio Romero conoce al poeta revolucionario Julio Correa, quien le dice que tiene un gran talento y le anima a seguir escribiendo.
Elvio lee a Rafael Barret, cuyo anarquismo humanitario le es toda una revelación. De Barrett aprende a observar la sociedad que le rodea con reflexión crítica. Sabe lo que quiere, se instruye, porque está llamado a ser la voz más representativa de la lírica paraguaya.
Elvio ya de niño amaba la libertad, por eso quería ser como los carreteros que conducen holgadamente las carretas, cuyas enormes ruedas van girando perezosamente.
Luego descubrirá los poemas de Miguel Hernández, poeta a quien veneraba mucho y sobre quien escribiría un ensayo biográfico, Miguel Hernández. Destino y poesía.
En la carrera de Elvio Romero fueron decisivos los poemas que su madre recortó y que él leyó, porque lo importante en la vida es lo que descubrimos en nuestra infancia, eso nos marca. Pero también fue fundamental el destierro, que le ofreció una perspectiva distinta de su país. Sin el exilio no hubiese conocido a Rafael Alberti, a Nicolás Guillén y a otros poetas, por tanto no publicaría o no tendría el éxito que tuvo su primer libro de poemas, un libro que le bastó para hacerse un sitio en la literatura hispanoamericana.
En el año 1991 le concedieron el primer Premio Nacional de literatura paraguaya. Un galardón, sin lugar a dudas, muy merecido. Murió en Buenos Aires el 19 de mayo del 2004, año que en todos los diplomas que expedía el MEC ponía: «Homenaje al poeta Elvio Romero.»

Tierra

Aquí te he visto, tierra,
vuelta furor, solar magulladura,
hoyo mortal, fogata mortecina,
lívida ojera,
pozo embravecido!

Para ser planta tuya,
grano en tu surco o llama en tus tizones,
habrá que andar con ojos desvelados,
hacer temblar los quicios de la sangre,
desollar con las uñas temporales,
vestirse de estridencia,
cazar rayos.

Solo por merecerte:
esplendorosa médula del fuego,
cuerpo inflamado,
diapasón de un trueno!
                       
                        (Despiertan las fogatas, 1953)


Un relámpago herido

Fue un relámpago herido, fue un serrano
relámpago en la piel esa corriente
de rumor imantado y sonriente
fertilizada al roce de la mano.

Fuera un error desatenderlo, un vano
tesón no asir esa atadura ardiente,
como si fuese a rechazar de frente
su propio ardor la tierra en el verano.

Fuera en vano evitarlo; quedaría
sobre toda la piel la tostadura
de una llaga solar jamás curada.

No tuviese la mano esa alegría
de germen y de afán de sembradura
con que la tuya la dejó quemada.

(Un relámpago herido, 1967)


viernes, 24 de mayo de 2013

La culpa siempre es de otro

Hoy me he encontrado con mi amigo el Pombero.
Se sorprendió mucho al verme. Recuerdo que  la última vez que lo vi, hace cinco años, fue en un bus de Buenos Aires. Aquel día yo regresaba de trabajar, estaba cansado y el sol empezaba a reflejarse en los cristales de las ventanas. Venía dando cabezazos en el bus cuando desperté y lo vi, con la misma melena enmarañada de siempre, como recién salido de entre las malezas del yuyal.  Ahí estaba él, sonriente junto a mí.
Pues hoy lo he vuelto a ver, ahora llevaba teñido el pelo de rubio, su nuevo look. Me confesó tímidamente que había dejado de fumar. Le dije que eso fue lo mejor que pudo hacer por la salud pública y por su familia. Luego de una silenciosa pausa, como recordándose de algo que quería contarme, me dijo:
- ¡Qué gordo que estás, che ra’a, che dio!
Yo sorprendido por su comentario quedé helado, no sabía qué responderle, pero después, mirándome la panza, me defendí como mejor pude:
- La culpa no es mía -le dije-, la culpa es de Marta, mi mujer, que tan bien me cuida.

lunes, 13 de mayo de 2013

Sy ára

Madre, deseo llevar siempre el sello
bendito de tus labios en mi frente,
tu sonrisa de amor en mi recuerdo,
y tus abrazos que son mi presente,
y abrir los ojos, como un recién nacido,
al escuchar tu voz llamándome: hijo.

Si al atardecer tengo tu cariño
jamás tocará la pena a mi puerta
ni podrá el tiempo avejentar al niño
que llevo dentro. Como una violeta
gozo en perpetua primavera, en nido
feliz me fortalecen tus clamores.

Pero despierto y todo me han prohibido:
la alegría, el abrazo, los colores...

viernes, 3 de mayo de 2013

No llores más, Mariascobar, no llores más

No llores más, Mariascobar, no llores más.
No llores porque todo ha terminado.

Llegó el verano y como las oscuras
golondrinas los erasmus se van.

Volverán, serán otros, pero volverán.

No llores más, Mariascobar, no llores más,
que apagas las estrellas de tu cara,
y rompes el pecho de este jilguero
que renunció a volar este verano
para seguir cantando tu belleza
a la luna que nos mira desde el cielo.

No llores más, Mariascobar, no llores más,
que por ti me aprendí tres idiomas europeos
para decirte con uno solo que te quiero.

 CDL

jueves, 11 de abril de 2013

Mi experiencia como inmigrante

 Me han pedido escribir mi experiencia como inmigrante aquí en España para el boletín de Asturias Acoge. Con mi vida de ilegal he aprendido, sobre todo, a ser legal, he aprendido a esconderme, a cambiarme la piel de vez en cuando para pasar desapercibido, he aprendido a ganarme la vida, a saber elegir lo que me conviene, a desenvolverme en las situaciones más ingratas y sobre todo he aprendido a conocerme a mí mismo. Así también he mirado a la suerte a los ojos, robándole un beso, pero nada más, después no la busqué más, porque es una dama, ahora es ella la que me persigue, al menos eso creo. No puede vivir sin mí, y yo sín ella.  En fín, una aventura que creo vale la pena ser contada.

Casi un cuento de hadas

Siempre me he considerado una persona con suerte. Miro lo que fui y cómo estaba hace cinco años y confirmo que estoy mucho mejor ahora. Dejé mi país, Paraguay, porque allí mi futuro era mucho más incierto. Llegué a España, a Oviedo, un viernes 18 de enero de 2008. Había venido en tren desde Italia donde solo estuve cinco días.
Al día siguiente, sábado, me levanté a la seis. Desayuné y me bañé, y antes de salir a la calle para conocer la ciudad, me arrodillé y recé pidiendo un trabajo. Y cuando salí del portal donde vivía, caminé por la calle de Valentín Masíp hacia La Magdalena y allí, en la esquina de Valentín Masíp y División Azul, encontré a un pintor, con una brocha en la mano y en la otra un cubo de pintura negra. Me acerqué a saludarle y él muy amable me saludó. Yo ya tenía mi discurso aprendido.
Por mi acento descubrió que no era español. Le dije que buscaba trabajo. Le pregunté si él no podría darme y si  no sabía de alguno. Me dijo que no sabía nada, que la cosa estaba mal. Luego me preguntó por qué había venido, dejando mi país y mi familia. Le dije que mi país estaba peor. Hablamos muchísimo, más bien él habló mucho. Me comentó que también su padre fue un emigrante. Y cuando acabó me dijo que podría trabajar con él pintando aquella fachada y que me presentara allí el lunes a las ocho en punto. Sin mirarme a los ojos, me dijo que se pagaban veinte euros al día. Luego me enteré de que normalmente se pagaba a los ayudantes de pintor cincuenta euros al día. Pero yo empecé a trabajar con él con el mismo entusiasmo que si hubiese estado ganando cincuenta euros o más, tenía que pagar el alquiler y enviar a Paraguay el préstamo que me habían hecho para viajar.
Tres meses después, ya era un buen pintor. Y me propuse  conseguir mis propios clientes, porque trabajaba y ganaba muy poco para cubrir mis obligaciones, además necesitaba ingresar más para cumplir uno de mis sueños, publicar un libro de poemas. Hice un cartel donde ponía “Pintor económico” y puse mi número de teléfono. Los amigos me decían que era muy peligroso, porque si me pillaba la policía podrían no solo expulsarme por no tener documentos, sino también por no estar asegurado. Yo seguí con mi sueño de trabajar, me arriesgué mucho y por eso mi sueño era más fuerte. Ganarse el pan no puede ser ilegal. Salía por las noches a pegar mi cartel en los portales, aunque por las mañanas los porteros o los propios vecinos lo arrancaban y lo tiraban a los cubos de la basura. Yo, al día siguiente por la noche, los volvía a pegar. Y un día recibí mi primera llamada. Era una señora que vivía en la Calle Campoamor, en el centro mismo. Mi primer cliente me dio el primer chanchullo. Con lo que gané, compré mi primera escalera, rodillos, espátulas y todavía me sobraba para mi entusiasmo.
Y así iba financiando mi vida en Oviedo. Era feliz desde que llegué, casi nunca extrañé mi país porque aquí tenía cosas que allí me faltaban, como las bibliotecas. Empecé a leer mucho y me propuse  trabajar y juntar dinero para publicar mi libro de poemas. Y en seis meses conseguí juntarlo. El libro, aunque no tuvo éxito ni se vendió, me ayudó a conocer a gente que me haría mejor.
Por eso digo que soy un chico con suerte, cada cosa que hacía tenía un efecto mejor en mi vida. Ahora, nada más y nada menos, ya estoy estudiando en la Universidad de Oviedo, tengo los mejores profesores, estoy compartiendo clases con muchos jóvenes que el día de mañana ocuparán los puestos más importantes. ¡Cómo no sentirse feliz con tanto privilegio! ¡Esto sí que ni siquiera lo soñé! Era algo muy lejano para mí. Ahora este nuevo paso no sé a dónde me llevará, pero creo que mucho más lejos que las dieciocho horas de vuelo desde Paraguay hasta España.

CDL

domingo, 7 de abril de 2013

Quiéreme. No vayas a perder la costumbre.

sábado, 30 de marzo de 2013

La oración

 A veces, cuando con sonriente
interés escucho el sermón de tu madre,
la miro y pienso en los versos de Neruda:
“Me gustas cuando callas porque estás como ausente”.

lunes, 18 de marzo de 2013

Entrevista al poeta Carlos Iglesias Díez, el hombre de las metáforas


Portada diseñada por Marina Lobo

El Ateneo Obrero de Gijón acaba de publicar, en su veterana colección Deva, El niño de arena, primer libro de poemas de Carlos Iglesias Díez. 

Carlos Iglesias Díez, poeta minimalista, sabe fijarse en los detalles más pequeños que pasan desapercibidos para el resto del mundo, y los pone bajo la lupa de sus ojos, observa “un pequeño círculo en la / uña de tu dedo índice”, “las manos tan pequeñas de la lluvia / el latido diminuto / del ratón”, y todo aquello que lo demás ignoramos.
Carlos Iglesias encuentra valor en los detalles y los hace brillar como “la brasa de un cigarrillo”. Se detiene a observarlos, y sonríe benévolo a todo cuanto ve, sabe que de una simple semilla nace la flor más bella y la fruta más dulce y la sombra que el día de mañana nos ha de dar descanso.
Los poemas de Carlos Iglesias están llenos de referencias cinematográficas y temas urbanos. Camina con el ritmo de la música y los versos de Leonard Cohen, sin dejar de coquetear con “la chica de ayer” que nos dejó Antonio Vega, ese mimador de cuerdas. Ha tardado Carlos Iglesias en reunir sus poemas en libro, pero es una espera que valió la pena, como todo aquello bueno que se hace esperar.
Amablemente, y para que podamos conocerle mejor, ha aceptado responder a unas cuantas preguntas.
1)      ¿Cómo se te ocurrió el título de El niño de arena?, que me recuerda a El libro de arena de Borges ¿Tienen algo que ver?

            Pues la verdad es que El niño de arena fue un título que escogimos entre mi amigo Rodrigo Olay y yo mismo en función de una serie de temas e imágenes que aparecían a lo largo del libro. Luego me enteré de que no era un título original nuestro, pues el escritor e intelectual francés de origen sirio Tahar Ben Jelloum lo había utilizado ya para una novela suya, publicada a finales de los ochenta. Pero, aparte de Borges, el escritor romántico alemán E.T.A Hoffman también tiene un relato titulado El hombre de arena. Todo esto creo que demuestra que en Literatura casi todo está ya dicho, y por tanto, es muy difícil, la originalidad. En cualquier caso, creo que todo ese juego de interconexiones e influencias resulta muy enriquecedor, además de muy divertido.

2)      ¿Escribes tus poemas a cierta hora del día, o solo cuando la inspiración te viene?

Escribo básicamente cuando siento que estoy viviendo algo que merece la pena reflejarse en el papel, y por eso ni tengo una regularidad básica a la hora de escribir ni creo demasiado tampoco en la inspiración. La mayoría de los poemas de El niño de arena se corresponden con etapas concretas de mi propio itinerario vital, de mi propio proceso de madurez como ser humano, antes que con fases más o menos definidas de producción literaria. Es, en este sentido, un libro muy personal y muy subjetivo, cuyos poemas me ayudaron a explicarme algunos aspectos del mundo que yo mismo no acertaba a entender, y al mismo tiempo, a afianzarme dentro de ese mundo.


3)      ¿Cuál es el primer poema que recuerdas haber leído?

Pues los primeros poemas, curiosamente, no recuerdo haberlos leído por mi cuenta, sino que era mi madre quien me los leía: poemas infantiles de Lorca, de Gerardo Diego, de Alberti, de José Agustín Goytisolo, y por supuesto, de Gloria Fuertes.

4)      Como lector, ¿qué tipos de poesía te gustan?

No me gustaría poner etiquetas a las diferentes tendencias poéticas que existen. Supongo que lo más socorrido sería afirmar que me gusta toda la poesía, siempre y cuando sea buena, pero ya que me tengo que pronunciar, diré que siento un especial apego por la poesía practicada por la Generación del 50 (Gil de Biedma, Francisco Brines, Carlos Sahagún, el primer Valente, y por encima de todos ellos, la figura irrepetible de Ángel González, con su mezcla única de ternura, ironía, precisión, y compromiso social), sin olvidarme de algunas figuras clave de la primera generación de posguerra, como José Hierro, José Luis Hidalgo o Blas de Otero, y desde luego, de toda la corriente “experiencial” puesta en práctica por algunos poetas de la década de los 80, como los de la corriente granadina de “la otra sentimentalidad”: Luis García Montero, Javier Egea, Álvaro Salvador, etc.

5)      ¿A qué poeta te gustaría parecer en tu obra?

A Fernando Beltrán, por su forma de decir las cosas y de combinar el intimismo con el compromiso social.

6)      ¿Qué buscas con la publicación de un libro?

Pues supongo que lo que buscan muchos poetas jóvenes: sentir que lo que tiene validez emocional para uno mismo puede tenerla también para los demás.

7)      ¿Puedes definirnos qué es poesía y por qué escribes poesía?

Comparto la definición que Luis García Montero hace del poeta, no de la poesía: alguien curioso, sensible sin cursilería, a quien le gusta contemplar el mundo desde perspectivas inéditas y, sobre todo, a quien le gusta mirar por el ojo de la cerradura.
Sigo escribiendo poesía para encontrar mi propia forma de estar en el mundo.

8)      ¿A qué edad supiste que la poesía le gustaba y a qué edad empezaste a escribirla?

Empecé a ser consciente de que quería escribir poesía a los 15- 16 años, después de haber intentado, sin conseguirlo, escribir relatos cortos. Hubo tres libros que me ayudaron a tomar la decisión: Completamente Viernes, de Luis García Montero, Paseo de los Tristes, de Javier Egea, y El hombre de la calle, de Fernando Beltrán.

9)      Veo que entre tus poemas no encontramos ningún soneto. ¿Hay alguna razón para ello?

Sencillamente, que nunca probé a expresarme mediante moldes clásicos. No sé explicar por qué…quizá me inspira algo de miedo someterme a las reglas tradicionales, porque pienso que no sabría manejarlas o que no estaría preparado para ello.

10)  Si te invitaran fuera de España para que leyeras tus poemas. ¿En qué país te gustaría que te invitaran?

Me gustaría que fuese Portugal, bien en Lisboa (por Pessoa) o bien en Oporto (que es donde vivió uno de mis poetas de cabecera: Eugenio de Andrade).

11)   La crisis actual que vive España, ¿cómo crees que afecta a los poetas? ¿Te afecta a ti de alguna manera?
Foto de María Jesús Flórez

No creo que a mí me haya afectado la crisis, en la medida en que pude publicar el libro. Ahora bien, antes de eso contacté con editoriales que exigían una suma de dinero a cambio de la publicación, porque no les resultaba rentable lanzarse a editar el primer libro de poemas de una persona joven y desconocida.

12)  ¿Qué autores crees que han influido más en tu obra?

Hablé antes ya de Ángel González, de Luis García Montero, de Javier Egea y de Fernando Beltrán. Pero también podría hablar de Joan Margarit, de Antonio Colinas, de Julio Llamazares, de Jorge Riechmann, cada uno de ellos con un estilo muy distinto e inquietudes dispares.
Tampoco puedo dejar de nombrar la influencia determinante que para mí ha tenido la música, y en particular, la canción de autor. No habría escrito nada si no hubiese leído y escuchado antes a Leonard Cohen, que para mí es todo un símbolo. En el ámbito nacional, podría hablar de Luis Eduardo Aute, de Pablo Guerrero, de Hilario Camacho, de Antonio Vega, etc.

13)   El niño de arena contiene muchos poemas de tonos surrealistas que nos recuerdan al Lorca de Poeta en Nueva York. ¿Crees que este tipo de poemas llegue a los lectores? ¿Esta forma de escribir guarda algún secreto?

Creo que los lectores, aunque quizá no entiendan todas las imágenes de un poema (y no hablo necesariamente de los míos), se pueden identificar con alguna de ellas, del mismo modo que un espectador puede sentir algún tipo de vibración cuando mira un cuadro abstracto, o recuerda alguna imagen deshilvanada de un sueño o una pesadilla. Y no creo que haya secretos en ello, salvo nuestra propia capacidad de contemplar o de sentir.

14)   El protagonismo de la luna en tus poemas es fundamental, casi siempre está presente. ¿Qué simboliza para ti la luna? 

El misterio de la noche, y por extensión, de todo lo que nos rodea.
CDL

domingo, 17 de marzo de 2013

Enseñar guaraní en el extranjero

Hoy en día existen en Paraguay muchos licenciados en guaraní. Sin duda, se trata de un hecho relevante para nuestro idioma y nuestra identidad. Por fin hemos formado profesionales. Al menos, en este aspecto. Pero se sabe también que buena parte de ellos no tienen puestos de trabajo.
Ahora que tenemos la Academia de la Lengua Guaraní se podría impulsar su enseñanza en el extranjero. ¡Cuántos profesores se beneficiarían con este proyecto! ¡Cuánta mano de obra se podría aprovechar! El Paraguay tiene la oportunidad de exportar profesores. Se preguntarán algunos, ¿por qué ir a enseñar guaraní al extranjero? ¿A quién le interesa el guaraní, si ni siquiera a los propios paraguayos les importa? Yo contestaría que en el extranjero se encuentra la mitad de los paraguayos; muchos de los cuales ignoran lo útil que es saber escribir y manejar bien su idioma. Convendría que aprendieran el idioma de sus padres los niños paraguayos que nacen fuera. Además, hay también personas que no son paraguayas que sienten gran curiosidad por este idioma; es el caso de muchos lingüistas. Para ellos hacen falta profesionales de la formación, que los hay en Paraguay y muchos. Y la Academia de la Lengua Guaraní puede organizar este proyecto, así como lo hace con el español el Instituto Cervantes, el British Council con el inglés, y tantos otras instituciones de esta índole. Somos conscientes de que esta iniciativa tiene un coste que solo el Estado paraguayo puede costear. ¡Pero qué maravillosa inversión sería para nuestra lengua, para nuestra educación!
Y de esta manera se beneficiarían los profesores, las editoriales que deben preparar los manuales, los distribuidores, los correctores, en fin, mucha gente desocupada que necesitan una fuente de trabajo para vivir.
Si tal Academia quiere ser más que una institución simbólica, debería promover la enseñanza del guaraní fuera de las fronteras del Paraguay, por el bien de los paraguayos, por el bien de nuestra cultura. Ya lo decía Saussure: “la lengua es la que en gran medida hace a la nación”.
 C.D.L.

domingo, 24 de febrero de 2013

Mientras la nieve cae

   Mientras cae la nieve y se detiene sobre el cristal empañado, leo Réquiem por un campesino español de Ramón J. Sender, una obra de arte que da gusto leer. Me detengo y anoto:
   “Dime de lo que presumes, y te diré lo que te falta”, creo que la Jerónima me lo dice a mí, acepto lo que dice y sigo leyendo.
   Mientras la nieve se derrite en la ventana, mi gato Miki ronronea junto a mi pierna, y leo:
“Los chicos y los animales quieren a quien los quiere”, sin lugar a dudas. Luego anoto:
“Los curas son la gente que se toma más trabajo en el mundo para no trabajar”. Y pienso, algunos renuncian.
   Miki se despereza, lo llamo para que se acerque, se hace que no me escucha, se hace el sueco, y encuentro la frase perfecta para él y le leo en vos alta:
   “Era el zapatero como un viejo gato, ni amigo ni enemigo de nadie, aunque con todos hablaba”. Miki, como si me entendiera, da una vuelta por la pata de la mesa y salta sobre mi regazo. Cierro el libro, la nieve ha parado de caer.  

viernes, 22 de febrero de 2013

Moby Dick

Herman Melville, Moby Dick, Alianza Editorial, 2010.
Herman Melville nació en Nueva York en 1819. Tuvo muchos oficios,  también fue maestro y marinero que saltó de barco en barco navegando por los mares de norte a sur, porque creía “que los hombres que han visto mundo adquieren, modales muy reposados y una gran serenidad en compañía”, para luego dedicarse a escribir sumarillosa obra: Moby Dick. 

Cuando solo se encontraba, perdido ante el destino, pensaba: “La fe, como un chacal, se alimenta de las tumbas, e incluso de las extensas dudas extrae su más vital esperanza”.  Navegamos con él en el Pequot, obedeciendo al orgulloso capitán Ahab hasta toparnos con la estela de Moby Dick, la estela de la muerte. Nos encontraremos con dificultades. Por más nobles que sean nuestros objetivos, un marinero nos dirá: “en este mundo compañeros, el pecado que paga su viaje puede viajar libremente y sin pasaporte; mientras que la Virtud, si es pobre, es detenida en todas las fronteras”. Melville murió 1891 acompañado de la pobreza y el olvido. Pero hoy su sombra es luz que no podemos perder. Nos dejó unas perlas y algunas les dejo aquí:
“Me parece que lo que llaman mi sombra aquí en la tierra es mi verdadero sustancia”.
 “Todas las cosas nobles están tocadas por melancolía”.
“El infierno es una idea nacida por primera vez de una indigestión con una tarta de manzanas”.
“Las memorias más profundas no ceden antes los epitafios”.
“¡Su único amigo es su más amargo enemigo!
“Su carne era dura, como la galleta que ha sido horneada dos veces”.“Un hombre sin ningún miedo era un compañero mucho más peligroso que un cobarde”
“¡Ah, qué duro eso de que, para encender a otros, la cerilla por fuerza haya de gastarse!”
“Jadeando y resoplando como un loco corcel de la batalla que ha perdido a su jinete, el océano sin dueño desborda sobre el globo”
“La ballena parecía un corpulento burgués fumando su pipa en una tarde tibia”.
“Al igual que la gran ballena, mantén, ¡hombre!, tu propia temperatura en todas la estaciones”.
“No tenía a nadie cerca de él más que a la misma naturaleza, y a ella tomaba por esposa en las inexploradas aguas, y ella es realmente la mejor de las esposas, aunque guarde tantos secretos temperamentales.”
“Debajo de su sobrero flexible, Ahab derramó una lágrima sobre el mar. Ningún sitio en todo el Pacífico contenía tanta riqueza como esa diminuta gota.”

sábado, 12 de enero de 2013

Luciérnaga

No quiero ser el reflejo
de la luna en el lago.
Yo quiero ser algo más.
Totalmente independiente.
¡Yo quiero ser, al menos,
luciérnaga  que alumbra
en el oscuro bosque
con su propia luz el vuelo!

lunes, 7 de enero de 2013

Cuando muere una
mariposa, una rosa
se marchita en
algún rincón.

Cuando pasa un día
alguien se marcha
para no volver...