jueves, 20 de marzo de 2014

Susy Delgado, una voz junto al fuego

Susy Delgado (San Lorenzo, 1949), de las poetas paraguayas que escriben en guaraní,  es quizá la más conocida fuera del Paraguay. Su poesía, su canto reivindicativo de la lengua de su infancia, ha traspasado fronteras, siendo traducida a otros idiomas.
La voz de Susy Delgado se fue formando en el terruño familiar, en el campo (o en “la campaña”, como se dice en Paraguay), junto al fuego. Hoy es una de las poetas más reconocidas, maestra de muchos poetas en lengua guaraní.  
Susy Delgado es Licenciada en Medios de Comunicación por la Universidad de Asunción. Trabajó como columnista en Hoy, La Nación, y en otros periódicos paraguayos. También encontramos sus colaboraciones en revistas literarias como América sin nombre, Laotra, etc.
Entre sus obras más destacadas podemos citar: Tesarái mboyvé (Antes del olvido),1987; Tataypýpe (Junto al fuego), 1992; Ayvu Membyre (Hijo de aquel verbo), 1999; etc.
El lector que se adentre en la obra de Susy Delgado saldrá de ella tocado en lo más hondo de su ser. Cuando uno recita sus versos, no puede evitar recordar a Rabindranath Tagore que escribió: “¡Qué feliz eres, niño mío, cuando sentado en el polvo juegas con un  palo roto toda la mañana!”
Los poemas de Susy Delgado también se alimentan de la infancia perdida, ese mundo mágico al que siempre queremos volver, ese mundo que, como dice ella, salido de sus manos,  “pandorga pequeña, hermosa, / ya va bailando / arriba y más arriba…” hasta convertirse en un vago recuerdo, acaso en un sueño.
Los versos de Susy Delgado nos invitan a cantarlos junto al fuego, y para ello no hace falta guitarra ni arpa, el acento guaraní (como el grillo o la cigarra) ya trae la música incorporada.

Niño inepto
lo llamaban.
Por inepto,
nadie
le enseñó
nada.
Y en niño inepto
se quedó.

Mitã pituva
oñehenóivami,
mitã pituvágui
no mbo'éi chupe
avave
mba'eve.
Mitã pituvápe
opyta.

(Ne'êjovái/Palabra en dúo, Arandurã, pp. 86-87)

Amablemente, y para que podamos conocerla mejor, Susy Delgado ha aceptado responder a nuestras preguntas.

Escribes en guaraní y en español. ¿Hay alguna razón especial para escoger una lengua u otra?

Escribo en la lengua que me pide el momento o el tema. Si hablamos de escribir poesía, la lengua aparece en una especie de chispa inconsciente, que responde seguramente a motivos muy profundos… En un momento posterior, se puede agregar el análisis, una mirada más racional, y se puede empezar a jugar con otra lengua.

¿Es en ese momento posterior cuando las dos lenguas conversan juntas, como tú dices en la nota a Ñe’ê jovái (Palabra en dúo), “hablan entre sí”?

Sí, tal vez el diálogo comienza cuando se traduce, que es como un primer acercamiento a la otra lengua, pero se produce en forma más resuelta, cuando las lenguas se mezclan, tal como ocurre en nuestra vida cotidiana. En mi trabajo, este proceso se fue dando de a poco, ya que en los primeros años, traduje solo los poemas escritos originalmente en guaraní, al castellano; no se me ocurría que podía hacer también lo contrario, traducir del castellano al guaraní, hasta que un día, determinados poemas me sugirieron la idea.  Fue el momento en el cual fui tomando conciencia de que mis lenguas dialogaban entre sí, y en ese proceso, el último paso es asumir la mezcla, venciendo el prejuicio de la “lengua bastarda”, aceptar que la lengua viva no es esa materia ideal que teníamos en mente, ni está hecha a la medida de nuestros gustos. Creo que el escritor de hoy debe asumir la “el mbaipy” cultural y lingüístico y su desafío es crear una estética con esta arcilla impura, tal como lo hizo hace ya muchos años Emiliano. Hay una nueva generación de escritores que sin haber andado tanto camino, ya están entendiendo esto, y me parece muy bien.

¿Es el guaraní tu lengua materna?

Sí, yo aprendí el guaraní en mi casa, con mis abuelitos, con quienes crecí y pasé mi infancia, en la campaña, como decimos en Paraguay. No tengo formación académica en lenguas, pero con los años me volví una trabajadora entusiasta, apasionada de la lengua. Che rova atäko [soy persistente], pero añeha’ä mbarete hese [soy tenaz]…

¿Qué autores crees que influyeron más en tu obra literaria?

Cuando me hacen esa pregunta, el primero de quien me acuerdo es de mi abuelo, que no era un escritor sino un modesto agricultor, pero que cotidianamente nos contaba cuentos –a mi hermana y a mí- junto al fuego de la cocina campesina. Eran cuentos populares, que mi abuelo los contaba con una gracia muy especial, y que yo creo, sembraron en mí la semillita de la palabra, que con el tiempo yo cultivaría a mi manera. Además, todo ese tiempo inicial, de despertar al mundo, a la lengua, con esos ingredientes profundos y maravillosos que nos daba la vida campesina, cuando no teníamos televisión ni luz eléctrica y nutríamos nuestra inquietud de horizontes mirando las estrellas o persiguiendo luciérnagas por las noches… Yo creo que allí estuvo y allí estará siempre lo más hondo que me ha influido.
En un proceso posterior, puedo hablar por ejemplo de Rulfo, un autor que a mí me impactó profundamente, con esa visión poética tan tremenda, de ese lugar con el que puede identificarse cualquier lugar de Latinoamérica, donde los muertos conviven con los vivos, vivos y muertos se confunden… No sé si me influyó, pero sí que me marcó profundamente.

Aparte de la poesía, ¿qué otros géneros literarios cultivas en guaraní?

Desde hace más o menos una década, incursiono de tanto en tanto en el cuento; tengo un libro publicado en este género y una partida de textos más esperando, pero en cantidad y persistencia, la poesía le sigue ganando. Bueno, y además del cuento, he escrito prólogos y presentaciones de libros, comentarios de temas literarios, ponencias, cosas así… A un texto de largo aliento que no sea la poesía, todavía no me animo, al parecer.

En una lectura poética, te escuché decir que el signo más profundo de la poesía es el dolor. ¿Tus poemas nacen del dolor? ¿Crees que la tristeza es mejor inspiradora que la alegría?

Sí, yo siento que el dolor es el principal motor de la poesía, ese sentimiento de que somos una arenilla en el desierto, un relámpago perdido en la eternidad, capaz de percibir lo bello, capaz de percibir una vida más justa para el ser humano…, pero completamente incapaz de alcanzarla.

Hay una serie de poemas en tu antología Ñe’ê jovái (Palabra en dúo) que me gusta mucho. Se titula «Tataypýpe» (Junto al fuego). ¿Te identificas con estos poemas? ¿Cómo te surgieron, qué te llevó a escribirlos? Constituyen un canto a la infancia y a la familia. ¿Cuánto de autobiografía hay en tus poemas?

    Me nació precisamente del recuerdo de esa infancia que te comentaba más arriba, un recuerdo que siempre estará muy vívido en mí. En aquel tataypy ceniciento estuvo para mí el fuego inicial de la palabra y del mundo. Upégui che aju [de allí vengo]. Creo que ese retazo de mi vida tenía que aflorar en algún momento porque era como una deuda profunda que yo tenía con aquel tiempo. Y sí, creo que tiene mucho de autobiográfico.

¿Crees que es posible escribir sin tirar de lo autobiográfico?

Creo que no hay necesidad de “tirar de lo autobiográfico”, porque se quiera o no, eso se meterá en el texto por todos los resquicios que encuentre. Aunque creamos estar escribiendo algo totalmente alejado de nuestra vida personal, la elección de cada elemento y cada palabra estará guiada por lo que hemos vivido y aprendido… o malaprendido.

Según afirman algunos escritores paraguayos, en Paraguay, en especial en el interior del país, hay pocos lectores. ¿A qué crees que se debe esta escasez?

Seguramente se debe a una suma de factores, pero entre ellos creo que está el fracaso de la educación para acercar a los niños hacia los libros. Y seguramente tuvo que ver también la discriminación de la lengua mayoritaria; el 80% de los paraguayos fuimos alfabetizados en una lengua que no era la que hablábamos en casa, nuestra lengua materna. Actualmente se están revisando estas cosas, por suerte, se está restituyendo el guaraní a su lugar legítimo de a poco, se están revisando los métodos para promover la lectura… Y se empiezan a percibir los signos de un cambio incipiente, mejor tarde que nunca.

¿Qué consejos le darías a los jóvenes poetas que empiezan a escribir?

Si tienen una vocación profunda, seguramente que ni les hará falta consejos porque buscarán y encontrarán solos el camino. Pero de todos modos, a los tímidos o indecisos, les diría que se acerquen a la literatura con resolución, con voluntad de trabajar, porque la literatura es una aventura apasionante para bucear en lo humano, pero es un camino de trabajo, de mucho trabajo. Y les diría asimismo que se acerquen a la literatura con la apertura y la humildad para aprender algo cada día. Como suelo decir en mis talleres, hacer literatura es una búsqueda que no tiene final.


Para conocer más sobre esta escritora:

http://www.cervantesvirtual.com/buscador/?q=Susy+Delgado#posicion
http://www.portalguarani.com/394_susy_delgado.html 
https://www.youtube.com/watch?v=uI7f_tYu3Sc

sábado, 15 de marzo de 2014

Mi identidad




Cuando te miro
puedo ser lo que quiero.
Incluso yo mismo.

viernes, 7 de marzo de 2014

Una joya que nos invita a abrir los ojos para ser felices

Mucho de bueno ha de tener una película que viene mezclada con versos machadianos, música de los Beatles, una huida hacia cualquier parte y unos días llenos de luz, como Vivir es fácil con los cerrados (2013), la última película de David Trueba, ganadora del Premio Goya 2014.
Una película que está hecho de sueños, el sueño del profesor de inglés Antonio Sanromán (Javier Cámara) de conocer personalmente a John Lennon, que viene a rodar una película en España. Antonio tiene que dejar su clase y viajar desde Albacete hasta Almería. A él se une Belén (Natalia de Molina), una chica que escapa de un pasado que trae consigo misma, y Juanjo (Francesc Colomer), un chico que huye de su casa porque ha discutido con su padre al no querer cortarse el pelo.
Ambientada en los años 60, en plena dictadura, la película nos muestra los temas de esa época, la poca libertad de la mujer, las escasas oportunidades de los jóvenes que deben buscarse la vida fuera de casa, y también la posición de los profesores, fundamentales a veces para algunos estudiantes. Maestros como  Antonio, con una filosofía machadiana y por qué no decir republicana, que enseña inglés, que nunca se rinde, que es optimista ante la vida, que piensa que a veces es mejor tener malos profesores porque te dan más oportunidad, y no te cortan las alas. Un profesor que por amor a la educación ha de hacer un viaje que podría costarle el puesto en la escuela, pero se arriesga porque sabe que es la única oportunidad que tiene.
Las escenas perfectas del viaje a Almería, de las carreteras vacías, ilustran la soledad, la incertidumbre del porvenir.
El público puede encontrar en la historia todos los ingredientes para enriquecer el espíritu. La película tiene escenas que nos hacen reír, otras que nos hace rabiar, otras que nos hacen llorar, otras que nos motivan a luchar, a no rendirnos ante las barreras de la vida. El profesor Antonio es un claro ejemplo de que las oportunidades hay que ir a buscarla fuera de casa, sabe que debe hacer un largo viaje por conseguir hablar con Lennon, cuyas canciones utiliza como apuntes para enseñar inglés a sus queridos alumnos.
Cuando salimos de la sala de cine seguimos escuchando en nuestra mente la palabra “Help” de John Lennon que grita Antonio cuando vuelve a casa con las notas de su inspiración. Con esta película aprendemos que “los caminos se hacen al andar”, que el placer y la aventura están en el viaje. Como la vida misma, un viaje lleno de escenas alegres y tristes es esta película.

jueves, 13 de febrero de 2014

Asunción en la Revista Clarín

La foto que adorna la página web de la RevistaClarín no es la de Venecia ni la de París ni la de Nueva York, sino de la bella Asunción, que también enamora. La foto la hice desde un rincón de Chaco’i. Ahora que la veo, recuerdo los versos de Néstor Romero ValdovinosEvoco en la distancia tu luz de atardeceres / el mágico silencio que tanto idolatré”, y también yo en silencio, como Ulises, evoco a mi Ítaca.

lunes, 27 de enero de 2014

Raquel Fernández y el vuelo de la Libélula

Recuerdo que cuando era niño lo que más me gustaba era sentarme al borde de un arroyo y pescar bajo la sombra de un guajaivi, mientras contemplaba el vuelo de los «helicópteros» que era como llamábamos a las Libélulas. Entonces no conocía el nombre en español de este maravilloso insecto y nunca había leído un libro de poemas.
El libro de Raquel Fernández Menéndez (Salas, 1993) lleva como título Libélula, y ha resultado ser el ganador del Premio de Poesía de la Universidad de Oviedo de 2013. La calidad de este libro lo abalan sobre todo los jurados que conforman el premio: José Luis García Martín, profesor de Literatura Española y crítico literario; Elena de Lorenzo, profesora de Literatura Española; Sofía Castañón, escritora; y Leopoldo Sánchez Torre, poeta y director de área de Extensión Universitaria.

Casi todos los poemas de Raquel Fernández son un homenaje al arte en general. Ella canta a sus heroínas, canta a Greta Garbo, a Sylvia Plath, a Lisístrata, a Marilyn Monroe y a tantas otras. Libélula es el canto a las «mujeres extraordinarias que creyeron en la esperanza» de cambiar la sociedad, de ponerle algo de belleza, de dulzura...
Libélula consta de dos partes. En la primera, «Nacimiento de una libélula lejos de un lago», poemas como «Astapovo» evocan la estación en la que pasó sus últimos días de vida Tolstói: «En Astapovo las libélulas son el humo de una pipa / que adorna la barba de un anciano, / para mecer los sueños de mujeres de barro.» Leemos «Otilia», un poema que hubiese gustado a Cesar Vallejo, porque habla de su Otilia, «aquella lavandera del alma», aquella musa. Raquel Fernández dice: «Como en 1922, lavaba la ropa, / y era hermosa. / Hoy, Otilia vuela [como libélula] entre el pelo de Vallejo, / maldice que nadie pueda olvidarse / de sus manos, y que en esta primavera / eterna y cruel tantos conozcamos su desdicha, / y siga lavando la ropa.» Ya lo he dicho, a Raquel Fernández le inspira todo lo que es arte, todo lo que vaya «contra el vacío de la memoria», como leemos en «Frida y la lluvia» que describe la foto de Frida Kahlo y Granizo, ese emblemático venadito, ese pequeño y tierno «Bambi» que sucumbió a las caricias de la artista. 
En la segunda parte del libro, poemas como «ERE» trata sobre el tema del desempleo. Como leemos en este acrónimo: «Entienda esta / Rápida actuación: / Es la única salida.» Muchas personas habrán escuchado estas frases al ser despedidas de su empleo. Raquel Fernández, con esta crítica al sistema, demuestra que es una persona preocupada por lo que está pasando en el país. Conoce la situación tan bien porque todo lo observa y no se calla, no se queda con los brazos cruzados. Cualquier boca sirve para decir la verdad... «Podría, no conociendo sus nombres, / conocer sus miradas y sentir su miedo.», dice de la gente a la que observa en la calle.
En fin, a nuestra joven poeta no solo le inspira la música, el cine, la pintura… sino también la vida de la sociedad, esa que duele realmente. Por eso creemos que Raquel es una poeta cuya luz ha de sobrevivir a la memoria porque su Libélula bebe de las mejores fuentes de la cultura y se posa en nosotros para dejarnos marcados en lo más profundo de nuestro ser… Por eso es fundamental conocerla mejor, por eso estas preguntas le hacemos…

CDL - ¿Cómo te sentiste cuando te dieron la noticia de que resultaste ser ganadora del premio?

RF- Es una alegría ver tus poemas reconocidos por vez primera. Este premio lo recordaré siempre con especial cariño. Lo primero, porque fueron mis amigos de la facultad quienes me animaron a participar; lo segundo, porque se falla en la universidad en la que estudio; y, lo tercero, porque detrás de quien organiza el premio hay profesores que saben que la vida universitaria está más allá de las aulas.

CD- ¿Tiene algún significado especial para ti el título de tu libro?

RF- La libélula es una metáfora de la observación, es la literatura misma, el acto de captar en la palabra (y, por tanto, en la memoria) un instante. Tiene que ver con la cita de Juan Carlos Mestre que abre el libro («Yo tenía una libélula en el corazón como otros tienen una patria/
a la que adulan con la semilla de los ojos»).  También con la actividad del biólogo, que observa a un animal y amplía así su realidad.
Era difícil encontrar un título que recogiese todo el contenido del libro, y la libélula es la imagen que lo recorre. Al final, decidí dejarlo solo con esa palabra, porque me parecía que daba impresión de sencillez.
Hace unos días alguien me decía que le recordaba a la libélula de Ted Hughes, esa que sale en «To Paint a Water Lily», y me pareció una asociación curiosa. Me gusta que el título esté alcanzando nuevos significados.

CDL- Yo lo había interpretado como la evolución final, la metamorfosis definitiva...

RF- Algo de eso hay también, pero es una lectura mucho más personal. Si todo el poemario se basa en la observación y búsqueda de la libélula, hay evolución cuando se encuentra a ese animal (que ha realizado ya su metamorfosis).

CDL- Hablemos de tus inicios. ¿Recuerdas a qué edad escribiste tu primer poema?

RF- La escritura de poesía no llegó hace tanto tiempo. Siempre escribí cuentos cortos, ya desde el colegio. Fue en el bachillerato cuando aumentaron las lecturas de poesía. Además, en ese momento también surgió la idea de escribir un libro. Comprender el conjunto de poemas como algo orgánico, como algo que pueda leerse de principio a fin, fue lo que marcó el cambio.

CDL- Con ese cambio, ¿sientes que ya has encontrado tu propia voz?

RF- Reconozco aún algunas inseguridades. Creo que para eso habrá que esperar a que pueda publicar algo más. Eso sí, lo que escribo ahora va por un camino un poco distinto.

CDL- ¿Qué es lo que más te inspira, la naturaleza o el arte?

RF- Ambos son imprescindibles. La metáfora sobre la observación que recorre todo el libro reivindica tanto a la naturaleza como al arte.  Aristóteles decía que el arte imita a la naturaleza. Yo creo que ambos están unidos por quien los contempla. Para mí no es muy distinto contemplar la naturaleza y entrar en un museo, ver una película, o leer un poema (salvando las diferencias, claro está).

CDL- ¿Cómo te surgen los poemas? ¿A qué hora sueles ponerte a escribir?

RF- Los poemas surgen muchas veces de una imagen concreta que aparece en mi cabeza y desarrollo. A veces esa imagen viene de la escena de una película, de una fotografía, o de algo que ocurre en la calle. Creo que el momento más interesante en la construcción del poema es cuando intento reflejar cómo se superponen esas imágenes en mi cabeza. Por ejemplo, en el poema «The Hours», puede verse casi un collage: están la película The hours, la cita de Lisa Simpson y la fotografía de Chema Madoz, pero es la imagen de las alas de la libélula cortadas por las tijeras del pescado lo que une a las tres imágenes. 
En cuanto a cuándo escribo, soy bastante desordenada. Voy apuntando ideas que después desarrollo, y eso lo hago a cualquier hora. Sin embargo, es por la noche cuando corrijo con calma los poemas y pienso en cómo podrían evolucionar esas ideas iniciales. Lejos de coincidir con la postura romántica del poeta y la noche, es simplemente una cuestión de silencio.  

CDL- ¿Qué te llevó a escribir el poema «Pan para el pan», en el que también citas a Marea?

           RF- Te agradezco que me preguntes por él. En primer lugar, tengo que decir que la cita ha sido casual, pues no conocía la canción de Marea. Me alegro de que lo observes.  
           Con respecto a qué me llevó a escribirlo, el poema se enmarca en la preocupación social que caracteriza la segunda parte del libro. Creo que en estos textos influyó mucho mi lectura de El día que dejé de leer «El País» de Jorge Riechmann. Creo que, publicado en 1997, tiene una vigencia que asusta. Cuando lo leí me pareció profético de la situación económica y social en la que nos encontramos.

CDL-  Si te invitaran fuera de España para que leyeras tus poemas, ¿qué país preferirías?

RF- Me encantaría ir a leer a cualquier país de Hispanoamérica: por lo que me han influido algunos de sus poetas, y por la importancia de la poesía en ciertos contextos sociales.

CDL- Pues mira, yo siempre les digo a mis compañeros de la facultad que si el día que estén graduados y no pudieran encontrar un puesto en España, les ofrecía ir a Paraguay para enseñar, que allí nos hace mucha falta buenos profesores. ¿Puedo contar contigo para ese proyecto? 

RF- Desde luego que sí. Sería muy gratificante, no solo por el contacto con la gente, sino también por el contacto con otra lengua como el guaraní.

CDL- De las mujeres a las que nombras en tus poemas, ¿a quién te gustaría parecerte más?

RF- Es una pregunta difícil. Creo que no podría ni querría parecerme a ninguna. En el libro hago homenaje a unas cuantas. Nombro a Sylvia Plath, a Patti Smith, a Marilyn Monroe, a Greta Garbo, a Virginia Woolf… También hay algunas que son personajes, como Anna Karenina, Pina (la protagonista de Roma, citta aperta) o Lisístrata (de la comedia de Aristófanes que lleva su nombre).
Desgraciadamente, su aparición en los poemas a veces es un reflejo del dolor humano, pero también de la lucha y de la sabiduría.

CDL- Ese dolor humano que se refleja en tus poemas demuestra que la poesía para ti es un medio para defender aquello que realmente nos afecta a todos. ¿Crees que los poetas deberían hablar de estos temas sociales (la crisis, el paro…) y no solo encerrarse en temas que le ofrece la literatura como arte? 

Por supuesto. La literatura se escribe y se lee en un momento que la condiciona. Aislarse no es solo imposible, sino que, además, es absurdo y supone caer en el solipsismo.
No quiero decir con esto que todo lo que se escriba haya de ser un panfleto, sino que es imposible separar tajantemente los problemas que nos rodean y el acto de escribir.

CDL- Aparte de la poesía, ¿cultivas algún otro género literario?

RF- Siempre me ha interesado muchísimo el teatro. Ahora mismo, más que la novela, me gustaría mucho poder escribir un texto teatral. Me interesa la interacción con el público, la comunicación inmediata con otro que está en frente. Es algo que no difiere demasiado de lo que ocurre en una lectura de poemas.

CDL- ¿Crees que la literatura, la poesía en especial, sirve para algo?

RF- Tal vez la poesía no sea un arma cargada de futuro en el sentido en que lo pensó Celaya, pero es un arma cargada de pasado, y solo con él podemos construir el futuro.
El poema es el lugar de la memoria, y sin ella ni se puede avanzar, ni se puede pensar en construir un futuro. La literatura busca la captación de un instante, y solo en instantes vivimos y podemos comprendernos. Por eso es tan necesaria.      

CDL- Entonces, ¿se podría decir que la filología tiene un futuro optimista y un papel muy relevante para construir un futuro?

RF- Sobre todo lo segundo. El estudio de los textos es el estudio de la humanidad. Si queremos comprendernos, tendremos que rastrear en el enmarañado tejido lingüístico que nuestros  antepasados tejieron, y de eso se encarga la filología.

CDL- Mi pregunta favorita: ¿Has leído a algún escritor paraguayo?

RF- Además de a Augusto Roa Bastos, hace poco descubrí al poeta paraguayo Elvio Romero. Eso sí, me queda mucho por profundizar en su figura y en la literatura tristemente marginada de todo un país.

sábado, 21 de diciembre de 2013

Las andanzas del escritor Pablo d'Ors

18/12/13

La alegría es por partida doble cuando descubrimos un buen libro y al mismo tiempo tenemos la oportunidad de conocer al autor de ese libro.
Esa alegría nos la ha brindado el profesor Eduardo San José. Fue él el causante de dicho descubrimiento. Me ha hecho descubrir un libro espléndido, luminoso, escrito con una prosa clara que da gusto leer. La misma fascinación sentí al leer El principito.
En el edificio histórico de la Universidad de Oviedo, comentamos esa alegría que es Andanzas del impresor Zollinger (Impedimenta, 2013), «una novela de la luz», como la llamaría Pablo d’Ors (Madrid, 1963), su autor.
D’Ors se ha tomado la molestia de venir a hablar con nosotros sobre su novela. Igual que nosotros, él está entusiasmado. Quiere saber qué pensamos sobre el libro. Y nosotros (especialmente yo) queremos saber cómo se le ha ocurrido esa historia.
Cuando Eduardo San José lo presenta, Pablo d’Ors comenta que la meta de un individuo tiene que ver con la suma y la resta. «Más con la resta».
«La identidad no se construye, sino se descubre, pero quitando cosas».
Esa humildad, esa franqueza que se percibe en sus palabras me hace bien. Yo, que siempre creí que para llegar a algo hay que sumar y sumar, descubrí que a veces es fundamental quitarnos de encima todo aquellos escombros que impiden salir al verdadero yo que tenemos dentro, que más que ayudarnos nos retrasan y nos bloquean.
Los lectores estamos de acuerdo de que su novela es optimista, religiosa. El tema de la fe en el destino está presente en toda la historia. El tema es el viaje de nuestro héroe August Zollinger, que es expulsado con amenaza de muerte. Y en su recorrido encuentra y descubre el amor, la amistad, aprende otros oficios, conoce otros mundos, se conoce a sí mismo para al final volver a casa, volver a buscar lo que siempre quiso ser, impresor de Romanshorn.
La vida es un círculo, la novela lo es también. El héroe, como Ulises, vuelve a su tierra, allí de donde partió.
            ¿Cómo nace un libro, una historia?
«Este libro lo escribí primero, luego descubrí la idea. No parto de una idea para escribir un libro», responde el autor. Un escritor debe partir, debe ponerse a escribir para encontrar la idea. Ir en busca de la historia. Que la inspiración te encuentre escribiendo.
«Escribir es un acto de confianza».
 Si siempre creemos que no seremos capaces de escribir una historia sin ponernos a garabatear, nunca seremos realmente capaces de escribir un cuento. Algo parecido me decía mi abuela sobre la suerte. «La suerte no vendrá a ti, tienes que ir a buscarla, la encontrarás cuando estés caminando, buscándola». Pero yo nunca creí en la suerte, creo más en el trabajo.
            «La escritura es más sabia que yo», nos sigue diciendo el autor. Lo escucho embelesado, como si escuchara a Platón o a Sócrates.
Deja que la escritura te guie a la historia. Te abrirá los ojos, la mente. Pero para eso tienes escuchar al silencio, porque saber escribir «es obedecer a la voz que quiere hablar», escuchar a esa voz interior. Esto me recuerda la idea platónica que decía que el poeta era solo un intermediario de las musas.
            «La escritura es un acto de revelación», la literatura nos mueve, nos incita, nos desordena. «Para aclarar y educar está la ciencia».
            Pablo d’Ors también nos ha hablado de la literatura de la luz, dice que hay poca literatura de este tipo. Todo porque «el mal es ruidoso y el bien, silencioso». Hay poca literatura de la luz porque es difícil de ver, aclara.
            «La literatura nace en la literatura». Las historias, los personajes, el escenario le surgen en plena lectura de otros autores. A mí, y seguro también que a muchos otros,  me surgen las historias  (aunque a veces no las escriba) cuando estoy leyendo un libro. Pero también cuando converso con algún amigo, con mi mujer, cuando veo la tele, en fin, cuando estoy viviendo. Diría que leer literatura es vivir.
            Pablo d’Ors nos comenta que escribió este libro cuando era profesor de dramaturgia en la Universidad Complutense en Madrid. Y como un niño nos dice: «mi escritor favorito es Kafka».
            Por último me quedo con una frase que es la que más me ha gustado: «La búsqueda de la excelencia estimula». Sin duda alguna, llegar no es más excitante que el recorrido.
Andanzas del impresor Zollinger es una novela que nos ilumina, nos anima a luchar por lo que queremos ser. Como diría Javier García Rodríguez hablando de David Foster Wallace: «es de los pocos creadores cuyas obras nos permiten decir que llegamos a ellas uno, y cuando salimos de ellas somos otro». Lo mismo diría yo de la obra de Pablo d’Ors.
 

domingo, 15 de diciembre de 2013

Rafael Barrett, eterno maestro

                                    
            En octubre de este año, asistí a una conferencia de Antonio Muñoz Molina en la Universidad de Oviedo. Recuerdo que mientras los flashes de las cámaras se disparaban, el flamante Premio Príncipes de Asturias respondía a la pregunta de un profesor: « Últimamente en España, muchas veces se dice que hay escritores valientes y no valientes…y no sé qué. Vamos a ver… En una democracia escribir en libertad no supone valentía. Donde se es valiente es en una dictadura».
Hoy recuerdo esas palabras y me viene a la mente el nombre de Rafael Barrett, escritor valiente por antonomasia, que había denunciado sin miedo en sus escritos la barbarie a la que estaba sometido el pueblo paraguayo, sobre todo los abusos y la esclavitud que sufrían los obreros en los yerbales. 
El próximo martes, 17 de diciembre, se cumplirán ciento tres años de la muerte de Rafael Barrett,
fue el maestro por excelencia del Paraguay. Recuerdo, como si fuera el día de mi cumpleaños, la fecha de su nacimiento (Torrelavega, 7 de enero 1876) y la de su temprana muerte (Arcachón, 17 de diciembre de 1910).
Nací intelectualmente la primera vez que leí una obra de Barrett. Fue El dolor paraguayo, ese libro que es un tesoro en sí mismo. No hay página en él que no resulte inolvidable. Recuerdo una frase que había escrito no sé si era en este libro u en otro, que decía «el prisionero resuelto a evadirse buscará la lima que corte la reja. Aprender a leer es encontrar la lima.» Yo soy solo uno de sus discípulos y todo lo que él ha escrito, hoy es una guía para mí.
Nadie puede dudar de que Rafael Barrett, como dijo Augusto Roa Bastos, «nos enseñó a escribir a todos los escritores paraguayos». Bueno, yo todavía estoy aprendiendo. Barrett nos enseñó a pensar, a ser valientes, a mirar con ojos críticos todo los que nos rodea. Porque la valentía del periodista o el escritor consiste en defender la justicia y denunciar lo injusto sin temor a nada.
La misma descripción que había hecho sobre su maestro Echegaray podríamos aplicarle al maestro Barrett: su cerebro era «un aparato de precisión». Barrett era pura idea, pura razón, infatigable y brillante. Sus ideas creadoras nutren, ennoblecen y fecundan hasta hoy día el pensamiento.
            Cualquier tiempo es bueno para leer a Barrett, pero esta semana resulta especialmente apropiada. Tal vez así podamos manifestar nuestra gratitud y demostrar que no fue una voz que predicaba en el desierto.
Para esta personal conmemoración entresaco algunos aforismos de sus textos.

El único delito social es la miseria.
*
¿Queréis que vuestro amor dure? Alimentaos bien.
*
Necesario es luchar; y lo necesario no puede ser malo.
*
El gobierno es tanto más sólido cuanto más débiles y viciosos son los ciudadanos.
*
¿Qué es necesario para matar? Bien poca cosa: un arma y una cobardía.
*
Pensar es exponerse a ser decapitado, porque es levantar la frente.
*
Seamos bastante grandes para amar sin causa.
*
El hombre sincero merece sufrir. Por mucho que yerre, lleva en sí un átomo de esa cosa terrible: la verdad.
*
El mal es profundamente insignificante, porque no es capaz de defender el mundo.
*
Tal es la función de la beneficencia: conservar los pobres, única manera de conservar los ricos.
*
Para dominar es necesario comprender.
*
La ciencia nos arma para la vida y nos desarma para la muerte.
*
El mate lo ha escuchado todo, lo ha adivinado todo, confidencias terribles, esperanzas siempre abatidas, juramentos sombríos.
*
La patria, hogar común, es desgraciada y débil porque los hogares individuales lo son.
*
Lamentable cosa: encontrar ya escrito lo que habremos de hacer y de pensar.




miércoles, 27 de noviembre de 2013

El temor

En este lago
mi toro no bebe agua.
Tiene miedo a los cuernos
de su propio reflejo.

domingo, 24 de noviembre de 2013

Cruzar la Línea roja

            José Luis García Martín
            Línea roja
            Impronta, Gijón, 2013.

Cuando los libros ocupan nuestros días, la vida puede ser una soledad elegida, placentera, un acierto. «Los libros me han acompañado siempre –diría Javier Almuzara–. En los buenos tiempo, embelleciendo mi alegría; y en los malos, enriqueciendo mi soledad con otras vidas». No conozco a otro hombre cuya soledad sea más rica que la de José Luis García Martín; siempre que lo veo va acompañado, abrazado a un libro. 
Una foto machadiana de JLGM
(Maria Jesús Florez)

He cruzado la Línea roja, último diario de José Luis García Martín, que acaba de publicar la editorial gijonesa Impronta. Me sorprende la capacidad que tiene de llenar cada día de su vida con nuevas historias, y no repetirse. Y si acaso lo hace, procura que no se note demasiado.
En este diario leemos comentarios del autor sobre temas de historia, inquietudes políticas, anécdotas, recuerdos… todo ello en forma de literatura. Nos encontramos con aforismos, a veces desparramados de aquí para allá en su prosa. También reflexiones religiosas: «Dios te ama, pero hay amores que matan». El autor se nos declara ateo, pero siempre habla de Dios.
Una frase perfecta para el que es un poco veleta: «Quien solo se ha enamorado una vez no se ha enamorado nunca». Yo he perdido la cuenta de cuantas veces me ha sucedido. Pero como diría yo, un hombre que tiene un gran corazón no puede tener solo un amor, no le bastaría.
José Luis García Martín sabe cómo no aburrir a sus lectores. Antes de que nos aburramos, ya cambia de tema. Por eso nos ofrece, en cada fecha, una entrada distinta. Cada una de ellas tiene nombre y apellido, y no todas las entradas siguen el mismo esquema. A veces podemos encontrarnos con una series de haikus, que suele escribirlos cuando se aburre: «Ese ladrón / cada día que pasa / roba un día». Al comienzo del libro ya nos advierte que podemos leer el libro de dos maneras: «Comenzando por cualquier parte o comenzando por la primera página. Ambas maneras resultan igualmente válidas».
Al leer Línea roja parece que estamos leyendo varios libros a la vez: uno de poesía, de ensayos, de relatos, de historias…
            La literatura de este escritor, como la de todos, es tradición. Y la historia de la literatura es la historia de la vida de José Luis García Martín. De la literatura hace su cada día. Pero el diario es solo la forma que utiliza García Martín para volcar en ello toda su literatura.
            Quien cruce por la Línea roja comprobará que es una antología literaria, y al cruzarla ya no habrá marcha atrás.