El sábado 31 de este mes, a las 19:00, estaré presentando
en la Librería La Revoltosa (Gijón) mi novela La patria del hombre. Por suerte
para mí, estaré en la buena compañía del amigo poeta Diego Solís. En mejor manos no puedo
estar. Les espero.
viernes, 23 de octubre de 2015
lunes, 19 de octubre de 2015
Antonio Praena lee "La patria del hombre"
El poeta granadino Antonio Praena ha hecho una reseña muy
interesante sobre La patria del hombre.
Creo que él también ha comprendido cuántas vidas puede albergar un libro como
este. Y lo ha leído con buenos ojos. La reseña se pude leer en: http://elatril.dominicos.org/articulos/la-patria-del-hombre
domingo, 11 de octubre de 2015
El primero
Hoy he vuelto a soñar con el chico que fui hace veinte años, el que iba tempranito, con el rocío a cuestas, a la escuela, al paraíso, para ser el primero en llegar, para ser el que barra el patio, las aulas (que en silencio esperan toda la alegría); y caer bien a la profesora de guaraní, la que recita versos de Nicolás Guillén en guaraní. “Salpica, moja un poco el suelo seco, para que el polvo no despierte”, me decía al llegar a clase, como si recitara un verso. No eran difíciles de hacer tareas si luego ella las corregía, si luego ella las explicaba con su dulce idioma. Qué vergüenza me daría si hoy me viera ese chico, con esta pinta que tengo ahora, un poco más gordo y menos sonriente y ¡con tantas tareas que hacer! Me pondría colorado ante él.
domingo, 4 de octubre de 2015
Líneas sobre el agua
"Qué afortunada es la gente que puede ayudar a los demás".
"La luz me encandila, la oscuridad me inspira".
"Es un picor molesto el sueño, que si no lo rascas, no te deja en paz".
"Solo la inocencia es perfecta".
"La luz me encandila, la oscuridad me inspira".
"Es un picor molesto el sueño, que si no lo rascas, no te deja en paz".
"Solo la inocencia es perfecta".
martes, 22 de septiembre de 2015
Paraguay en Vegadeo
19 de septiembre de 2015
Rosana es quien nos recibe a Marta y a mí y a muchos otros invitados. Ella es la que nos ha conseguido un apartamento donde vamos a quedar por una noche, sin tener que pagar nada. “Mi jefe no te va a cobrar”, me dice Rosana. Los asturianos son generosos por naturaleza. Quizá es porque los paraguayos que viven en Vegadeo se han ganado el corazón de los anfitriones de este cálido rincón asturiano.
En
Vegadeo, en Asturias, los paraguayos nos sentimos como en casa. Y es que
Asturias es una gran alegría para la mayoría de nosotros. No solo por el
ambiente acogedor o por la buena comida (por cierto, muy parecida a la
paraguaya: les encantan las legumbres), o por la exquisita “sidrina” que alegra
el alma asturiana, sino sobre todo porque nos reciben como a amigos, como a
hermanos. Y es que muchos asturianos, en tiempos pasados, emigraron a América.
Creo que por eso comprenden al extranjero. Nos miran como si vieran a los
asturianos que habían dejado tu patria en décadas pasadas, y que han regresado
a su casa.
Estos
paraguayos son los verdaderos promotores de nuestro país en España. Ellos hacen que el nombre de Paraguay suene
bien. Ellos hacen mucho más que los diplomáticos que son enviados desde el
Paraguay y se dedican a hacer turismo.
Cuando
conoces a un paraguayo, como los que viven en Vegadeo, es difícil ya de
olvidarlo, dejan huella en la gente. Lo ciertos es que tiende a ofrecer lo
mejor que tiene, lo poco que tiene: su disposición, su trabajo, su lealtad y su
amistad, y esas ganas de estar siempre feliz. Vaya donde vaya llevan su
característico idioma, su identidad, su cultura, su espíritu, su alegría.
Los
que salimos del Paraguay, salimos con la ropa roída por el abandono, por la sed
de una vida que no podemos vivir en nuestra propia tierra. Nuestros sueños
tomaron posesión de nuestros pasos y nos trajeron aquí.
Es
verdad que en los primeros momentos, miramos hacia atrás, hacia nuestra patria
con la cara de un perro que es expulsado del hogar. Pero los paraguayos, como
los asturianos, no tenemos miedo de arriesgarnos. El fracaso y el triunfo son
dos caras de la misma moneda. A veces, el futuro se nos aparece como un abismo
oscuro. Pero los paraguayos, los pobres paraguayos (que somos la mayoría) lo
cruzamos sin miedo. A veces detrás de ese abismo encontramos una luz, una luz como
Vegadeo, como Asturias.
viernes, 14 de agosto de 2015
Juan Ignacio González
Cuando enero fue pasto
de las llamas
Hay libros que son como
los puertos en los que sí o sí hay que parar y a los que hay que volver cada
cierto tiempo. Uno de ellos es el último libro del poeta Juan Ignacio González,
Cuando enero fue pasto de las llamas.
Al acabar de leerlo, una de las palabras que queda repitiéndose como un eco sublime
en nuestra memoria es “esperanza”. Quizá porque algunos de los poemas cantan a esa
especie de luz que es la esperanza (véase, por ejemplo, “Cuando enero fue pasto
de las llamas”: “Crees en ella y te salva, te salva para siempre / de todo lo
vivido en estos años, / de todos los recuerdos de la infamia”). En forma de
monólogo, en “La certeza del día”, “Pisadas en la niebla” y en otros poemas, el
poeta toca temas como el paso del tiempo (y el pasado que requema su memoria:
“Yo viví atado aquí, en la dura costumbre / de ser fiel al silencio”), la
infancia, el entorno familiar, la muerte, el amor, etc. Este libro narra la
historia de una vida, la vida de Juan Ignacio González, cuyo refugio siempre
fue la poesía.
Manual
de instrucciones para iniciar el día
No dejar que las
sombras atenacen la almohada.
Abrir las manos para
sentir hambre
de noches de aguaceros
y besos ateridos.
Dejar que quede escrito
en la pared del tiempo
todo el amor del mundo.
Permitir que otras
manos invadan las estancias
de tu cuartel de
invierno.
No posponer el gozo.
Cerrar la puerta a
todas
las calas del olvido.
Hacer que sea propicio
el cuerpo a los deseos,
que no hallen un
resquicio de piel sin habitar,
donde quiera que vayas.
lunes, 10 de agosto de 2015
Martín López-Vega comenta "La patria del hombre"
Supongo que tengo la suerte de causar la primera impresión de ser una buena persona (aunque luego puede que decepcione). El poeta y crítico literario Martín López-Vega ha criticado generosamente mi libro La patria del hombre, en su blog Rima interna. No sabe la ilusión que me ha hecho, estoy muy feliz y agradecido. Es un honor para mí. Pero todavía queda camino que recorrer y mucho que mejorar y aprender. Hoy dormiré con la sonrisa puesta y con el volumen de los sueños un bien alto.
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jueves, 23 de julio de 2015
La suela de Rivarola Matto
De mi último viaje a Paraguay, en
el 2013, traje algunos libros. No he tenido mucho tiempo de ponerme a leerlos.
Los voy sacando a la luz poco a poco. Algunos de ellos todavía con el
envoltorio puesto, como el que acabo de leer, La suela (Criterio, 2006), de José María Rivarola Matto (Asunción
1917 – 1998), libro póstumo, publicado por su hijo Manuel Rivarola Mernes.
No conocía ninguna obra de
Rivarola Matto. La suela, aunque sea
una obra póstuma a la que seguramente el autor querría darle algunos retoques
antes de verla impresa, tal vez sea un buen inicio.
En uno de
los textos introductorios, Manuel Rivarola Mernes señala que en esta obra
Rivarola Matto “con un lenguaje festivo, picante y audaz, trata el drama o la
tragedia de la sociedad paraguaya”.
La novela
está divida en cuatro partes. Narra la historia de Don Cayetano: su vida
familiar, sus sueños, sus luchas por adaptarse, por entender una sociedad
paraguaya desconocida para él, porque es de origen italiano. Había entrado en
Paraguay, como Rafael Barrett, por Villeta. (Cierto parecido entre el
protagonista y el gran escritor español podemos ver en el afán por buscar un
mundo en el que poder realizar la vida soñada). Empezó trabajando en el monte, talando
árboles, como se dice en Paraguay, sacando rollos, y después se decidió abrir
una zapatería a la que llama “La suela”.
Los
personajes de esta novela no tienen una profundidad psicológica muy marcada,
como los que podríamos encontrarnos, por ejemplo, en La babosa, de Gabriel Casaccia. Son personajes más superficiales.
Parece que el autor buscaba dotarlos de unas características más o menos
caricaturescas. Tampoco se menciona el lugar exacto donde transcurre la
historia. Aunque nos da a entender que no queda lejos de Asunción. Quizás lo
que Rivarola Matto quería con esto era criticar a la sociedad paraguaya,
generalizando. Es verdad que resulta bastante explícita la crítica a los
políticos, también a los representantes religiosos y a la justicia. Todos ellos
aparecen con un cinismo y una hipocresía evidentes.
La novela empieza in media res, con la muerte de Héctor,
el hijo de Don Cayetano, para el que deseaba una formación y un futuro
sobresalientes. Al menos, mejor que la
que tuvo su padre. La narración continúa para contarnos los inicios, los
orígenes de Cayetano y su hijo Héctor.
El final de la primera parte
vuelve de nuevo en el presente, con el cuerpo de Héctor en los brazos de su
padre. Las desgracias perseguirán al protagonista durante toda su vida. Primero
con la muerte de su mujer, al nacer su hija Ester, y luego la de su hijo
Héctor, para el que deseaba un título de doctor, el viejo sueño que desea toda
familia paraguaya.
A partir de la segunda parte, la
trama se centra en el futuro de Ester, enamorada del verdulero Pedrito. Es una
hija que crece sin la madre, bajo la protección y la libertad que le otorga el
padre.
Al final, nos quedamos con las
ganas de saber, como el mismo protagonista, por qué murió Héctor. Solo podemos
ver a su hijo como una víctima de una bala del poder contra un ciudadano. Un
hecho que queda impune.
En cambio, la aventura amorosa
entre Ester y Pedrito termina en boda. Este final se deja entrever ya mucho
antes del capítulo final. No nos sorprende. Por eso, esta historia de amor
juvenil no es lo más destacado de la novela –al menos en mi opinión–, sino los
comportamientos de algunos personajes secundarios, como el Dr. Madruga T., que
encarna y describe perfectamente las actitudes de desvergüenza de los políticos
que pululan en el poder. Estos detalles hacen que la novela brille de otra
manera y merezcan la pena su lectura.
sábado, 11 de julio de 2015
Motivos personales
Literatura en pequeñas dosis encontrará el
lector en Motivos personales, el segundo libro de aforismos del poeta y
crítico literario José Luis Morante. Con este volumen, la editorial La Isla de Siltolá inicia una colección dedicada exclusivamente a publicar
aforismos, género que ahora se ha puesto muy de moda y que casi todos los
autores empiezan a cultivar. Tal vez porque son idóneos para citarlos en las
redes sociales y para memorizarlos. Pero sobre todo porque se suele decir que
lo breve seduce y nos recuerda a la felicidad (que suele durar poco).
José Luis Morante nos descubre en este libro no
solo sus ideas más brillantes, sino también algo de su poética. Nos revela lo
que él entiende por literatura; sus muchas lecturas y publicaciones sobre el
tema avalan sus afirmaciones.
Los aforismos que encontramos en este libro
buscan una definición nueva de las realidades o simplemente precisarlas, porque
cuantas menos palabras la idea más se expande. Esa es la cuestión y Morante lo
sabe. Pocas palabras generan mayor chispazo en la conciencia del lector.
¿De qué hablan los aforismos de este libro? En
general, los temas giran en torno a la literatura y sus alrededores. Habla, por
ejemplo, del propio aforismo (“Los aforismos
son tablas de ejercicios para mantener activo el pensamiento”), de
libros (“Libro: Luz y abrigo”), de
la poesía (“La poesía es el lenguaje de un yo de cristal, opaco y frágil”).
Sobre la crítica literaria, arte que el propio Morante domina, irónicamente
escribe (“No es un crítico sino un fiscalizador de prestigios, un policía
literario”), de los autores que admira y de tantos otros temas que ocupan su
vida, como la crítica social (“El nacionalismo convierte la universidad en una
escuela de patriotas”).
En este libro también encontrarnos aforismos
que podrían ser microrrelatos (“Cansada de fingir, me dejó ver su versión
original y estaba llena de óxido, como la chatarra”) o poemas breves.
Aforismos, frases brillantes, a veces irónicas
(“La ignorancia no necesita de mapas; está plagada de referencias
topológicas”), reflexivas, sugerentes, concisas, conforman Motivos
personales.
En estos textos breves, cada palabra tiene una
función que debe cumplir: asombrar (y educar) al lector. Con lo mínimo,
disfrutar (y aprender) al máximo. En fin, impresiones, chispazos con los que
José Luis Morante ilumina nuestra conciencia literaria.
[Publicada en el nº 5 de la revista Anáfora]
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jueves, 2 de julio de 2015
Libro del mes
Hoy he recibido un regalo. José Luna Borge
me envía un cartel informativo en el que aparece mi libro La patria del hombre como el Libro del Mes. El cartel es el Mural
Informativo (julio-agosto) del Instituto Andaluz de la Juventud. No esperaba
este regalo, no esperaba este honor. La
verdad es que es un gran orgullo que este detalle, mejor dicho este regalo,
aparezca en todos los Centros de Información Juvenil de Andalucía y en los
Institutos de Bachillerato. No sé si lo merezco tanto. Pero cuanto me alegran estos honores. Estoy agradecido.
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Libro del mes
miércoles, 24 de junio de 2015
Hotel Origen
El poeta
Javier Vela (Madrid, 1981) con su reciente libro de poemas Hotel origen (Pre-Textos) ganó
el XV Premio de Poesía “Emilio Prados” y suma un galardón más en su haber
literario.
Hotel Origen está dividido en tres
secciones, en total contiene 86 poemas, la mayoría de amor. La protagonista
principal es Amara (un nombre ya simbólico). A ella es quien a se cita
constantemente en los poemas. Se la describe cantando, envuelta en una toalla,
mientras completa un crucigrama, en sus diversos estados de ánimo: “Amara se
impacienta: su corazón anhela / mareas de invierno en playas de verano”. Amara
es “la contraimagen de la muerte”.
El lector
llega a preguntarse por qué no se ha
puesto como título del libro el nombre de Amara. Tal vez porque los poemas
fueron escritos en un hotel, mientras el poeta estaba en compañía de Amara. En
el último poema, nos dice que Amara se ha marchado mientras él dormía. Pero no
se ha ido del todo. “En la almohada atisbo una pestaña: / en ella sigue Amara”,
nos dice en los versos que cierra el libro.
Aunque los poemas sean de amor,
Vela no cae en el patetismo ni en lo cursi, ese es uno de sus méritos. Ha
sabido hablar de un tema tan recurrente, del que todo parecía haberse dicho ya.
Sin abusar y recargar los versos con la palabra “amor”, las historias e
imágenes de cada poema sugieren un amor nuevo, recién vivido, recién dicho.
Hotel Origen canta al amor y a la mujer, como tantos otros poetas
antes, pero de manera distinta. Aquí les dejo un poema del libro:
Mujer, agua
dormida,
imagen
afluente:
lago en que se
desborda mi deseo,
venero que me
adensa y me contiene,
dame tu sal,
desátame;
sácame del
marasmo de las ideologías;
líbrame de las
hordas egotistas,
dame valor
y miedo.
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sábado, 20 de junio de 2015
Estamos todos en pecado
Antes de dormirme suelo leer un poco,
dicen que eso es bueno para que el subconsciente tenga algo que soñar. Quizás
toda la literatura está hecha de sueños, o al revés, los sueños están hechos de
historias ―a las que luego llamamos literatura― contadas a los niños de
generación en generación. Hace unos días, antes de irme a la cama, leí unos
poemas del poeta alemán Bertolt Brecht. Y durante toda la noche soñé con unos
versos suyos que se repetían en mi memoria. La voz que recitaba no era mi voz
(suelo leer en voz alta, sobre todo poesía), sino la de unos niños que tenían
todos el mismo rostro, sucios y esqueléticos, con las cuencas de ojos vacías.
Los versos decían: “Las parejas / van a la cama. Las mujeres jóvenes / parirán
huérfanos. / parirán huérfanos, huérfanos…”. No había forma de callar esas
voces. No podía despertarme de esa pesadilla.
Al día siguiente empecé a murmurar
sin darme cuenta esos versos y pensé en la niña paraguaya embarazada, pensé en
las miles de niñas violadas y embarazadas durante estos últimos años, y no pude
evitar recitar aun con más fuerza esos versos de Brecht. No pude callarme más. Era
la rabia la que recitaba. Era la impotencia la que recitaba. “Las niñas van a
la calle / parirán huérfanos / parirán huérfanos”, repetí.
¿Cuántas niñas huérfanas paren a
niños huérfanos en mi país? El caso que se conoce ahora en todo el mundo es
solo uno de los miles que no salen a la luz, que la gente misma olvida. Los
violadores se pasean con la conciencia tranquila por las calles de mi país y
nadie hace nada. La gente misma prefiere muchas veces mantener oculto un caso
así, porque tal vez creen que es algo natural. A veces creen que es algo
vergonzoso, la vergüenza es el silencio. No saben que es un delito, aunque la
justicia paraguaya se mantiene ciega ante estas situaciones. Solo actúa cuando
un organismo internacional le dicta que “esto es un delito y hay que encarcelar
al culpable”.
Si no sabemos defender a nuestras
niñas, ¿cómo podremos defender nuestro país? De ser patrióticos nos ufanamos y
destruimos la infancia de nuestros hijos. ¿Quién defenderá a nuestros niños si
nosotros mismos dejamos que el lobo viva entre nosotros? Debemos castigar con
toda la fuerza de la ley a los que cometen estos delitos para que no se repitan
más. No debe haber impunidad para los pederastas. No podemos callarnos. La
gente no sabe que su silencio, su falta de protesta también es un delito. El
verdadero pecado no es el aborto, sino el dejar que los violadores sigan
violando con toda impunidad. Demasiada tolerancia es nuestro pecado.
El verdadero pecado es dejar que
nuestras niñas tengan miedo. Si siguen así, acabarán odiando a sus propios
hijos huérfanos, y al final ellas también abandonarán a sus hijos. Hijos que
crecerán sin el amor de la madre. Los hombres violan a las mujeres porque no
recibieron mucho amor de sus madres, porque no aman a sus madres, porque no son
hijos de verdad.
martes, 16 de junio de 2015
Una infancia heroica
Este sábado volví del cine como
si hubiese regresado de mi infancia, de la infancia latinoamericana, claro. Conducta, la película cubana de Ernesto
Daranas, nominada al Goya en el 2014 como Mejor película hispanoamericana, para
mi suerte, se sigue proyectando en los cines españoles. Este filme nos muestra
la vida de Chala (Armando Valdés Freyre), un niño de once años que trabaja
criando palomas y amaestrando perros de peleas para mantener a una madre
alcohólica y drogadicta; un niño valiente que acude a la escuela con todo ese
mundo marginal y violento en el que vive. Pero como en casi toda
Hispanoamérica, la casa suele ser un infierno, y solo un lugar es el paraíso
del niño, la escuela. Es allí donde Chala encuentra la luz, la bondad, la
solidaridad, la amistad, la esperanza en un futuro que se ve incierto, y el
amor, el estar enamorado le ayuda a olvidar el mundo miserable que le rodea. ¿Cómo
no sentirse identificado con ese niño que se emociona ante Yeni (Amaly Junco),
la compañera que le gusta? ¿Cómo no sentirse identificado con ese ambiente
escolar, donde se juega al amigo invisible por el día de la amistad, al partido
de fútbol en el patio de la escuela? Todas esas cosas son un paraíso para Chala.
Es difícil no volverse a mirar, cerrar
los ojos a esa realidad que me es tan
cercana, que solo ayer viví y que muchos de los niños paraguayos, argentinos,
cubanos, etc. padecen aún hoy. La historia de los niños de la calle que nos
relata Daranas parece sacada de un cuento de Charles Dickens.
Conducta tiene un transfondo moral. Con
las figuras de la madre soltera, alcohólica, maltratada, y el hijo que crece en
ese mundo turbio, nos descubre una realidad dolorosa, ignorada, que de alguna
manera se critica en esta película. Solo la escuela parece ofrecer una salida,
una esperanza. Sobre todo la figura, el apoyo incondicional de la maestra
Carmela (Alina Rodríguez) ―que lucha por sus alumnos como si fueran sus propios
hijos― nos enseña ese amor que nos abre los ojos más escondidos de nuestra
conciencia, nos mejora como persona. Carmela encarna la figura de una mujer
luchadora, que quiere que sus alumnos no falten a la escuela, que se enfrenta a
los burócratas que ponen travas y más travas a una sociedad desfavorecida. En
ese mundo, Carmela quiere seguir enseñando hasta que no le queden fuerzas para
caminar. Maestra que prefiere teclear en máquina de escribir, porque le gusta
que las palabras suenen. Quien cree que no lleva tanto en la escuela. “Yo doy
clase aquí desde antes que tú nacieras”,
le dice a la supervisora que la quiere echar, quien le responde: “A lo mejor ha
sido demasiado tiempo”. Pero Carmela le contesta: “No tanto como los que
dirigen este país”. Esta frase de la maestra resume tal vez un cansancio de
tanta miseria.
Cuánto
salimos ganando al ver una película como Conducta.
Desde el primer minuto nos sentimos cautivado por las imágenes de los tejados,
las calles con los Chrysler viejos, los trenes de otros tiempos, la gente, en fin,
por La Habana. Pero lo que más impresiona es el drama social que se relata en
la película. Desde la primera escena se mantiene la tensión del público sin
dejar de emocionarnos.
Una película demasiado buena para
ignorarla, para dejar de verla.
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sábado, 6 de junio de 2015
LATAS VACÍAS
Paraguay
2014 – Color 74 min.
Dirección: Herib Godoy
Guión: Herib Godoy con
la colaboración de Néstor Amarilla Ojeda
Producción: Miguel (Kavi)
Rodríguez
Fotografía: Herib Godoy
Montaje: ONG Sociedad
Cultural
Música: Mauro Acosta,
Dani Rodas
Efectos visuales:
Francisco Philiponi
Protagonistas: Aníbal Ortiz,
Máximo Florentín, Antonia Florentín Medina, Miguel Rodríguez, Blas Filartiga,
Arturo Ortiz, Fátima Oviedo, Sergio Cardozo, Dani Gamarra y otros.
La magia de Latas vacías
Como cuando era un niño y me sentaba con otros niños junto al fuego para
contarnos historias de Pombero, de plata
yvyguy (tesoro enterrado). Así me
he sentido al ver la magia de Latas vacías. El miedo de cuando éramos niños, un temor ingenuo que ahora
aflora en mi memoria, pero que en todo caso nos lleva a la infancia paraguaya, ese
mundo irrecuperable.
Latas vacías tiene como argumento principal la leyenda del plata yvyguy. Según la creencia popular, se trata de tesoros enterrados
durante la Guerra de la Triple Alianza (1865-1870) por los soldados paraguayos,
cuyas almas son los celosos guardianes de dichos tesoros.
Es verdad que en algunos momentos, Latas vacías se acerca un poco a
las historias que narraba la serie Sombras de la noche, donde el eje
central era lo sobrenatural de las leyendas paraguayas. Aún así Latas vacías
no deja de sorprendernos y de cautivarnos. Aunque el público paraguayo sabe ya
de antemano de qué va a tratar la historia, la vida de Alfonso (Aníbal Ortíz),
que pierde a su familia y a su hermanito, al que quería ofrecer un futuro
mejor, nos conmueve. Porque este largometraje nos habla de esperanzas y de
sueños. Una historia con una moraleja: se deja entrever el destino del hombre
bueno y honrado, que encarna, en este caso, Alfonso, el protagonista que trata
de sobrevivir recolectando en un vertedero latas vacías. Su suerte huye de él
cuando Alfonso la persigue, pero viene a él cuando es Alfonso el que se aleja
de ella. Cosas de la vida.
Hérib Godoy ha sabido contarnos una historia antigua y viva con una
originalidad que sin duda le ha consagrado como toda una revelación. Mezcla lo
real con lo maravilloso, los sueños con la vida.
Con Latas vacías el cine caaguaceño se presenta como una muestra más
de las cosas maravillosas que se pueden llevar a cabo. Tenemos potencial y Latas
vacías lo demuestra con creces.
Lo que destaca de este film es la
forma con que se cuenta la historia. Todos los detalles están bien colocados,
no parece que sobre nada. Un historia sencilla, redonda, con un final feliz. El
protagonista, Alfonso ha sabido interpretar su papel, convence a los
espectadores. Es un soñador como muchos paraguayos. Pero no un soñador
codicioso. Solo quiere tener una vida dichosa, tener una casa, una familia. Un
personaje que retrata al paraguayo que quiere salir de su pobreza, de su
vertedero y pese a todo acaba siendo un afortunado.
En Paraguay, la gente es experta en
encontrar tesoros en los vertederos. La genialidad siempre estuvo en esta
tierra. Los seres potenciales saben arreglarse con lo poco que tienen para
crear una bella obra. Pensemos por ejemplo, en “Sonidos de la tierra”. Espero
que Latas vacías sea el principio de un gran futuro cinematográfico.
Ningún paraguayo debería dejar de verla.
Cristian David
López
Trailer oficial de Latas vacías
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miércoles, 3 de junio de 2015
Poetry Slam Oviedo
El
sábado 27 de mayo, había participado en el “Poetry Slam Oviedo”, recital poético organizado
por Llamazares Miguel, excelente músico y creo que también escribe poesía. Era
la primera vez que asistía en algo parecido, en el que íbamos leyendo uno a uno
nuestros poemas y luego los jurados votaban al que creía mejor. En verdad, fue
muy divertido. Me lo he pasado de maravilla. La presentadora, carismática, supo
captar la atención del público hasta el último momento.
El
recital fue en el bar Per Se, un lugar especial para escuchar poesía y
compartir entre amigos.
Me
gusta que estas actividades se realicen en Oviedo. Que la poesía alce su voz,
se haga escuchar y que deleite, que entre en la vida de las personas. Sin duda,
da gusto un sábado así.
A continuación les dejo el vídeo de mi lectura. El primero es la del poema "Víctor", el segundo, "Pat Garrett".
Tratado de identidad
Un
mes estudiando para los exámenes. Metiendo en mi pequeño cerebro datos,
nombres, fechas, definiciones y rasgos fonéticos y versos y políptotos y polisíndetons y ¡ah! muchas otras cosas que
ya he olvidado y que tal vez nunca me habrían servido para sobrevivir en este
mundo.
Después
de tantos días de empollar, descubro que subí de peso casi cinco kilos. Los
números no mienten, tal vez es la sabiduría la que pesa. Sí, señor. Menos mal, que a partir de
ahora puedo dedicarme a beber literatura pura, como Tratado de identidad (Oblicuas, 2014), el nuevo de libro del joven poeta Miguel Floriano.
Sin
duda alguna, a Floriano, como a todo poeta, le gusta jugar con las palabras. Es
una forma de descubrir lo que está oculto en la hoja en blanco, en la mente en
blanco. Descubrimos en estas páginas poemas de amor y
poemas que hablan sobre la propia poesía y la palabra, es decir, el acto del
lenguaje; otros, los que más destaco, son irónicos, como este que copio a
continuación:
IV.
La madre
Mother
do you think they’ll drop the bomb?
Mother
do you think they’ll like this song?
Mother
do you think they’ll try
to
break my balls?
Pink Floyd
Ya
está bien. No te has comido
las
lentejas –y eso que mira, hoy les eché
esa
morcilla que siempre dices que no tienen,
que
les falta–. Ya no sé
qué
darte de comer, todos los días
arroz
o pasta, nada más. Ni siquiera
te
gusta el estofado. Tu cuarto,
para
colmo, hecho una auténtica
leonera.
Con esta vida que
llevas,
hijo mío, no es posible
convivir:
como no cambies dejaré
de
comprarte libros de poesía.
Es solo una muestra de las piezas
valiosas que guarda Tratado de identidad.
Un libro que hace que valga la pena tanta espera para leer literatura.
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martes, 19 de mayo de 2015
A mis soledades voy
Mediodía en Kensington Park
Javier Sánchez Menéndez
La Isla de Siltolá, Sevilla, 2015
Mediodía en Kensington Park es el cuarto volumen de la serie Fábula que publica el poeta y editor
Javier Sánchez Menéndez (Puerto Real, Cádiz, 1964). Son pequeños testimonios de
breves momentos que abarcan desde el año 2008 al 2012, escritos en Cádiz y en
Londres.
Acercándose a la línea diarista,
a la reflexión, a la poesía, a veces, surrealista, Sánchez Menéndez nos cuenta
su recorrido desde la primera página. Es fácil dejarse llevar por su prosa.
Nadie puede resistir a la tentación de acompañarle en su viaje. Pero para este
viaje hay que aceptar que la literatura se lee intuitivamente para que resulte placentera.
El autor sabe cómo sorprendernos
con lugares que visita porque también él se sorprende observando el mundo, como
un niño al que todo le parece recién creado.
Un paisaje otoñal descubre en su
recorrido “El aire ya ha cambiado”. Encuentra un gorrión herido y lo deposita
en un tronco de olmo. Él también está herido. Por eso camina. Paseando se cura
el alma.
Un
caminante al que no le abandonan los libros. “Los libros no se limpian, los
libros se devoran, se leen”, “Las grandes obras nunca se acaban de leer”. Y
ahora, mientras recorre las calles de Kensington, piensa en su infancia, a la
que desea volver. En el fondo todavía se siente un niño: “El fin de este paseo
es conocer al niño…”, confiesa. También la presencia de la madre ilumina de
alguna manera la figura del poeta.
Pero donde
más le gusta estar es en el parque, rodeado de árboles, de sombras, rodeado de
sí mismo. Así conversa consigo mismo. Al
leer estas líneas, nos vienen a la mente los versos de Lope de Vega: “A mis
soledades voy, / de mis soledades vengo, / porque para andar conmigo / me
bastan mis pensamientos”.
Sánchez
Menéndez busca la dicha en el parque, en la soledad. En el parque se ampara de
la muerte misma. En el parque no hay miedo porque allí está la vida, está la
fuente.
Lo bueno de
este libro es que guarda, como un parque, alguna flor, alguna fuente de donde
manan frases como estas:
“Es la palabra justa la que
conduce al poeta por el camino de la
esencia”.
“Me encanta la forma que tienes
de mover tus manos. Sacudes la vida y dejas caer el arte por el suelo”.
“La palabra es un mundo que hay
que descubrir, y debes estar solo”.
“Arranco de la niebla una dulzura
y el cristal, como la vida, se ilumina.”
[Reseña publicada en el Nº 4 de la revista Anáfora]
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viernes, 8 de mayo de 2015
La lectura, esa bella adicción
Como algunas personas, un libro
te puede cambiar la vida. Ya entrábamos en el siglo XXI y en la escuela de mi
comunidad Repatriación, en el interior del Paraguay, aún no teníamos libros. Yo
aún no sabía lo mucho que me iba gustar leerlos. Estaba a punto de cumplir
dieciocho años, cuando un día llegó un señor a mi pueblo y trajo consigo El Gran Gatsby, de Scott Fitzgerald. Al
ver que yo miraba el libro con cara de hambre, me lo dejó. “Cuando lo acabes,
me lo devuelves”, me dijo. Lo cogí cuidadosamente y le di la vuelta una y otra
vez, como si estuviera sosteniendo en mis manos una delicada joya. Lo hojeé y
lo olí como un perro, era un nuevo olor para mi olfato. Al principio a penas
podía leerlo, no tenía mucha costumbre. Pero pronto cogí el ritmo y, aunque
tardé varias semanas en leerlo, descubrí entonces que me había enamorado de la
literatura y que ya nunca más podría estar sin ella. Algo mágico había surgido
en mí después de acabar esa obra. La lectura es una droga, una bella adicción,
pensé. Quedé con las ganas de seguir leyendo libros, pero no contábamos con
biblioteca en toda la comunidad. Fui preguntando a la gente si sabía de alguien
que tuviera un libro para prestármelo. Fue en vano. Los gobernantes parecen saber
que la lectura es una forma de liberación, y no quieren que seamos libres.
Saben que la ignorancia es una forma de encadenar, de silenciar a un pueblo.
Saben que la lectura nos abre los ojos para ver verdaderamente el mundo. Pero
poco pueden hacer contra la voluntad de unos jóvenes que realmente desean
aprender.
Al ver mi afán en la búsqueda, uno de mis
profesores trajo en un diskette unas obras de Shakespeare; las había descargado
de Internet. Yo las imprimí todas. En poco tiempo ya estaba citando algunos
aforismos a mis amigos y se quedaban boquiabiertos. Entonces ellos también
quisieron leer, y las copias fueron pasando de mano en mano, de clase en clase.
Unos cuantos ya habían empezado a citar a Shakespeare y ni siquiera sabíamos
pronunciar el nombre del gran dramaturgo. Me di cuenta entonces que no
solamente yo tenía ganas de leer literatura. “Ya es hora de que tengamos una
biblioteca”, dijimos. Nos surgió la idea de juntar firmas y hacer una solicitud
a cada embajada que había en el Paraguay.
A las dos de la madrugada me subí
en el único bus que llegaba hasta Asunción. Al llegar allí, busqué las
embajadas y fui entregando mi solicitud. Pasó un año y nadie respondió.
Habíamos perdido las esperanzas. “Al menos lo intentaste”, me consolaron mis
compañeros. Pero un día, sonó el móvil. Nos llamaban desde la embajada de los Estados
Unidos para donarnos una colección de los autores clásicos de habla inglesa. En
la escuela y en la comunidad nos pusimos tan felices. No lo podíamos creer. Iba
a ser la primera vez que venían unos gobernantes a traernos algo que no fueran
promesas y falsas esperanzas. Les esperamos con danzas y cantos en la escuela. Y
entonces llegaron los libros de Poe, Jack London, Whitman… Pero yo no los pude
aprovechar. Enseguida emigré a Buenos Aires para ganarme la vida. Pero me iba
feliz, sabía que en la comunidad teníamos ya una biblioteca, un tesoro muy
valioso para la futura generación.
Hoy recuerdo que el profesor que
me había pasado las copias de Shakespeare nos comentó un día en clase que el mejor
libro de literatura era El Quijote.
Yo me imaginaba que Don Quijote era un personaje impresionante y que algún día
me gustaría ser como él de bueno. Recién en el 2008, cuando llegué a España, a
Oviedo, pude ver por primera vez un ejemplar del Quijote, en el Campillín. Lo compré, regateando, por un euro, y
aquella misma tarde me puse a leerlo, no solo por mí, sino por todos aquellos
amigos que no pudieron hacerlo.
Me duele decirlo, pero como
tantos jóvenes yo me escapé del analfabetismo al salir de mi tierra. No voy a
negarlo, lo mejor que me ha pasado fue encontrarme con España, con Asturias,
con Oviedo. Aquí encontré bibliotecas a mi alcance, puertas abiertas a los
sueños. Gracias a ellas he aprendido a leer y ahora estoy aprendiendo a
escribir.
Aunque es verdad que hay
sabidurías que no se adquieren leyendo libros, sabidurías que no nos dan los
gobernantes, que solo se aprenden pasando necesidades y todos esos momentos de
nuestras vidas en los que podemos ver con más claridad nuestros sueños. El
valor de las cosas se aprende mejor con el sudor de tu frente o, como se dice
en Paraguay, “por las costillas”.
Publicado en La Nueva España (5/5/2015)
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Día de la biblioteca,
La Nueva España
jueves, 7 de mayo de 2015
José Luis Morante en "La patria del hombre"
José Luis Morante no solo es un maestro de la literatura, sino también un lector generoso, generoso con los que estamos empezando a publicar nuestros primeros libros. De él es la primera reseña que recibe mi novela La patria del hombre (Trabe, 2015). Le estoy muy agradecido. Cito algunas de sus palabras:
'Lo bueno de ser niño es que el tiempo siempre te ofrece algo nuevo', proclama con optimismo el sujeto confidente. Y en esa percepción de un transitar mudable se acumulan contingencias que van llenando el equipaje vivencial. Así fermenta la historia personal y su relación con la adversidad, esa costumbre de vivir a solas en el contraluz.
El resto de la reseña se puede leer aquí.
'Lo bueno de ser niño es que el tiempo siempre te ofrece algo nuevo', proclama con optimismo el sujeto confidente. Y en esa percepción de un transitar mudable se acumulan contingencias que van llenando el equipaje vivencial. Así fermenta la historia personal y su relación con la adversidad, esa costumbre de vivir a solas en el contraluz.
El resto de la reseña se puede leer aquí.
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José Luis Morante,
La patria del hombre
sábado, 25 de abril de 2015
Entrevista
El escritor asturiano Pablo Antón Marín Estrada había traducido mi poema "Sy" al asturiano, era la primera vez que una obra mía sonaba en otro idioma.
El viernes pasado, me llamó Pablo y me hizo una breve entrevista sobre mi vida literaria para El Comercio. Esa entrevista se puede leer aquí.
El viernes pasado, me llamó Pablo y me hizo una breve entrevista sobre mi vida literaria para El Comercio. Esa entrevista se puede leer aquí.
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