lunes, 27 de enero de 2014

Raquel Fernández y el vuelo de la Libélula

Recuerdo que cuando era niño lo que más me gustaba era sentarme al borde de un arroyo y pescar bajo la sombra de un guajaivi, mientras contemplaba el vuelo de los «helicópteros» que era como llamábamos a las Libélulas. Entonces no conocía el nombre en español de este maravilloso insecto y nunca había leído un libro de poemas.
El libro de Raquel Fernández Menéndez (Salas, 1993) lleva como título Libélula, y ha resultado ser el ganador del Premio de Poesía de la Universidad de Oviedo de 2013. La calidad de este libro lo abalan sobre todo los jurados que conforman el premio: José Luis García Martín, profesor de Literatura Española y crítico literario; Elena de Lorenzo, profesora de Literatura Española; Sofía Castañón, escritora; y Leopoldo Sánchez Torre, poeta y director de área de Extensión Universitaria.

Casi todos los poemas de Raquel Fernández son un homenaje al arte en general. Ella canta a sus heroínas, canta a Greta Garbo, a Sylvia Plath, a Lisístrata, a Marilyn Monroe y a tantas otras. Libélula es el canto a las «mujeres extraordinarias que creyeron en la esperanza» de cambiar la sociedad, de ponerle algo de belleza, de dulzura...
Libélula consta de dos partes. En la primera, «Nacimiento de una libélula lejos de un lago», poemas como «Astapovo» evocan la estación en la que pasó sus últimos días de vida Tolstói: «En Astapovo las libélulas son el humo de una pipa / que adorna la barba de un anciano, / para mecer los sueños de mujeres de barro.» Leemos «Otilia», un poema que hubiese gustado a Cesar Vallejo, porque habla de su Otilia, «aquella lavandera del alma», aquella musa. Raquel Fernández dice: «Como en 1922, lavaba la ropa, / y era hermosa. / Hoy, Otilia vuela [como libélula] entre el pelo de Vallejo, / maldice que nadie pueda olvidarse / de sus manos, y que en esta primavera / eterna y cruel tantos conozcamos su desdicha, / y siga lavando la ropa.» Ya lo he dicho, a Raquel Fernández le inspira todo lo que es arte, todo lo que vaya «contra el vacío de la memoria», como leemos en «Frida y la lluvia» que describe la foto de Frida Kahlo y Granizo, ese emblemático venadito, ese pequeño y tierno «Bambi» que sucumbió a las caricias de la artista. 
En la segunda parte del libro, poemas como «ERE» trata sobre el tema del desempleo. Como leemos en este acrónimo: «Entienda esta / Rápida actuación: / Es la única salida.» Muchas personas habrán escuchado estas frases al ser despedidas de su empleo. Raquel Fernández, con esta crítica al sistema, demuestra que es una persona preocupada por lo que está pasando en el país. Conoce la situación tan bien porque todo lo observa y no se calla, no se queda con los brazos cruzados. Cualquier boca sirve para decir la verdad... «Podría, no conociendo sus nombres, / conocer sus miradas y sentir su miedo.», dice de la gente a la que observa en la calle.
En fin, a nuestra joven poeta no solo le inspira la música, el cine, la pintura… sino también la vida de la sociedad, esa que duele realmente. Por eso creemos que Raquel es una poeta cuya luz ha de sobrevivir a la memoria porque su Libélula bebe de las mejores fuentes de la cultura y se posa en nosotros para dejarnos marcados en lo más profundo de nuestro ser… Por eso es fundamental conocerla mejor, por eso estas preguntas le hacemos…

CDL - ¿Cómo te sentiste cuando te dieron la noticia de que resultaste ser ganadora del premio?

RF- Es una alegría ver tus poemas reconocidos por vez primera. Este premio lo recordaré siempre con especial cariño. Lo primero, porque fueron mis amigos de la facultad quienes me animaron a participar; lo segundo, porque se falla en la universidad en la que estudio; y, lo tercero, porque detrás de quien organiza el premio hay profesores que saben que la vida universitaria está más allá de las aulas.

CD- ¿Tiene algún significado especial para ti el título de tu libro?

RF- La libélula es una metáfora de la observación, es la literatura misma, el acto de captar en la palabra (y, por tanto, en la memoria) un instante. Tiene que ver con la cita de Juan Carlos Mestre que abre el libro («Yo tenía una libélula en el corazón como otros tienen una patria/
a la que adulan con la semilla de los ojos»).  También con la actividad del biólogo, que observa a un animal y amplía así su realidad.
Era difícil encontrar un título que recogiese todo el contenido del libro, y la libélula es la imagen que lo recorre. Al final, decidí dejarlo solo con esa palabra, porque me parecía que daba impresión de sencillez.
Hace unos días alguien me decía que le recordaba a la libélula de Ted Hughes, esa que sale en «To Paint a Water Lily», y me pareció una asociación curiosa. Me gusta que el título esté alcanzando nuevos significados.

CDL- Yo lo había interpretado como la evolución final, la metamorfosis definitiva...

RF- Algo de eso hay también, pero es una lectura mucho más personal. Si todo el poemario se basa en la observación y búsqueda de la libélula, hay evolución cuando se encuentra a ese animal (que ha realizado ya su metamorfosis).

CDL- Hablemos de tus inicios. ¿Recuerdas a qué edad escribiste tu primer poema?

RF- La escritura de poesía no llegó hace tanto tiempo. Siempre escribí cuentos cortos, ya desde el colegio. Fue en el bachillerato cuando aumentaron las lecturas de poesía. Además, en ese momento también surgió la idea de escribir un libro. Comprender el conjunto de poemas como algo orgánico, como algo que pueda leerse de principio a fin, fue lo que marcó el cambio.

CDL- Con ese cambio, ¿sientes que ya has encontrado tu propia voz?

RF- Reconozco aún algunas inseguridades. Creo que para eso habrá que esperar a que pueda publicar algo más. Eso sí, lo que escribo ahora va por un camino un poco distinto.

CDL- ¿Qué es lo que más te inspira, la naturaleza o el arte?

RF- Ambos son imprescindibles. La metáfora sobre la observación que recorre todo el libro reivindica tanto a la naturaleza como al arte.  Aristóteles decía que el arte imita a la naturaleza. Yo creo que ambos están unidos por quien los contempla. Para mí no es muy distinto contemplar la naturaleza y entrar en un museo, ver una película, o leer un poema (salvando las diferencias, claro está).

CDL- ¿Cómo te surgen los poemas? ¿A qué hora sueles ponerte a escribir?

RF- Los poemas surgen muchas veces de una imagen concreta que aparece en mi cabeza y desarrollo. A veces esa imagen viene de la escena de una película, de una fotografía, o de algo que ocurre en la calle. Creo que el momento más interesante en la construcción del poema es cuando intento reflejar cómo se superponen esas imágenes en mi cabeza. Por ejemplo, en el poema «The Hours», puede verse casi un collage: están la película The hours, la cita de Lisa Simpson y la fotografía de Chema Madoz, pero es la imagen de las alas de la libélula cortadas por las tijeras del pescado lo que une a las tres imágenes. 
En cuanto a cuándo escribo, soy bastante desordenada. Voy apuntando ideas que después desarrollo, y eso lo hago a cualquier hora. Sin embargo, es por la noche cuando corrijo con calma los poemas y pienso en cómo podrían evolucionar esas ideas iniciales. Lejos de coincidir con la postura romántica del poeta y la noche, es simplemente una cuestión de silencio.  

CDL- ¿Qué te llevó a escribir el poema «Pan para el pan», en el que también citas a Marea?

           RF- Te agradezco que me preguntes por él. En primer lugar, tengo que decir que la cita ha sido casual, pues no conocía la canción de Marea. Me alegro de que lo observes.  
           Con respecto a qué me llevó a escribirlo, el poema se enmarca en la preocupación social que caracteriza la segunda parte del libro. Creo que en estos textos influyó mucho mi lectura de El día que dejé de leer «El País» de Jorge Riechmann. Creo que, publicado en 1997, tiene una vigencia que asusta. Cuando lo leí me pareció profético de la situación económica y social en la que nos encontramos.

CDL-  Si te invitaran fuera de España para que leyeras tus poemas, ¿qué país preferirías?

RF- Me encantaría ir a leer a cualquier país de Hispanoamérica: por lo que me han influido algunos de sus poetas, y por la importancia de la poesía en ciertos contextos sociales.

CDL- Pues mira, yo siempre les digo a mis compañeros de la facultad que si el día que estén graduados y no pudieran encontrar un puesto en España, les ofrecía ir a Paraguay para enseñar, que allí nos hace mucha falta buenos profesores. ¿Puedo contar contigo para ese proyecto? 

RF- Desde luego que sí. Sería muy gratificante, no solo por el contacto con la gente, sino también por el contacto con otra lengua como el guaraní.

CDL- De las mujeres a las que nombras en tus poemas, ¿a quién te gustaría parecerte más?

RF- Es una pregunta difícil. Creo que no podría ni querría parecerme a ninguna. En el libro hago homenaje a unas cuantas. Nombro a Sylvia Plath, a Patti Smith, a Marilyn Monroe, a Greta Garbo, a Virginia Woolf… También hay algunas que son personajes, como Anna Karenina, Pina (la protagonista de Roma, citta aperta) o Lisístrata (de la comedia de Aristófanes que lleva su nombre).
Desgraciadamente, su aparición en los poemas a veces es un reflejo del dolor humano, pero también de la lucha y de la sabiduría.

CDL- Ese dolor humano que se refleja en tus poemas demuestra que la poesía para ti es un medio para defender aquello que realmente nos afecta a todos. ¿Crees que los poetas deberían hablar de estos temas sociales (la crisis, el paro…) y no solo encerrarse en temas que le ofrece la literatura como arte? 

Por supuesto. La literatura se escribe y se lee en un momento que la condiciona. Aislarse no es solo imposible, sino que, además, es absurdo y supone caer en el solipsismo.
No quiero decir con esto que todo lo que se escriba haya de ser un panfleto, sino que es imposible separar tajantemente los problemas que nos rodean y el acto de escribir.

CDL- Aparte de la poesía, ¿cultivas algún otro género literario?

RF- Siempre me ha interesado muchísimo el teatro. Ahora mismo, más que la novela, me gustaría mucho poder escribir un texto teatral. Me interesa la interacción con el público, la comunicación inmediata con otro que está en frente. Es algo que no difiere demasiado de lo que ocurre en una lectura de poemas.

CDL- ¿Crees que la literatura, la poesía en especial, sirve para algo?

RF- Tal vez la poesía no sea un arma cargada de futuro en el sentido en que lo pensó Celaya, pero es un arma cargada de pasado, y solo con él podemos construir el futuro.
El poema es el lugar de la memoria, y sin ella ni se puede avanzar, ni se puede pensar en construir un futuro. La literatura busca la captación de un instante, y solo en instantes vivimos y podemos comprendernos. Por eso es tan necesaria.      

CDL- Entonces, ¿se podría decir que la filología tiene un futuro optimista y un papel muy relevante para construir un futuro?

RF- Sobre todo lo segundo. El estudio de los textos es el estudio de la humanidad. Si queremos comprendernos, tendremos que rastrear en el enmarañado tejido lingüístico que nuestros  antepasados tejieron, y de eso se encarga la filología.

CDL- Mi pregunta favorita: ¿Has leído a algún escritor paraguayo?

RF- Además de a Augusto Roa Bastos, hace poco descubrí al poeta paraguayo Elvio Romero. Eso sí, me queda mucho por profundizar en su figura y en la literatura tristemente marginada de todo un país.

sábado, 21 de diciembre de 2013

Las andanzas del escritor Pablo d'Ors

18/12/13

La alegría es por partida doble cuando descubrimos un buen libro y al mismo tiempo tenemos la oportunidad de conocer al autor de ese libro.
Esa alegría nos la ha brindado el profesor Eduardo San José. Fue él el causante de dicho descubrimiento. Me ha hecho descubrir un libro espléndido, luminoso, escrito con una prosa clara que da gusto leer. La misma fascinación sentí al leer El principito.
En el edificio histórico de la Universidad de Oviedo, comentamos esa alegría que es Andanzas del impresor Zollinger (Impedimenta, 2013), «una novela de la luz», como la llamaría Pablo d’Ors (Madrid, 1963), su autor.
D’Ors se ha tomado la molestia de venir a hablar con nosotros sobre su novela. Igual que nosotros, él está entusiasmado. Quiere saber qué pensamos sobre el libro. Y nosotros (especialmente yo) queremos saber cómo se le ha ocurrido esa historia.
Cuando Eduardo San José lo presenta, Pablo d’Ors comenta que la meta de un individuo tiene que ver con la suma y la resta. «Más con la resta».
«La identidad no se construye, sino se descubre, pero quitando cosas».
Esa humildad, esa franqueza que se percibe en sus palabras me hace bien. Yo, que siempre creí que para llegar a algo hay que sumar y sumar, descubrí que a veces es fundamental quitarnos de encima todo aquellos escombros que impiden salir al verdadero yo que tenemos dentro, que más que ayudarnos nos retrasan y nos bloquean.
Los lectores estamos de acuerdo de que su novela es optimista, religiosa. El tema de la fe en el destino está presente en toda la historia. El tema es el viaje de nuestro héroe August Zollinger, que es expulsado con amenaza de muerte. Y en su recorrido encuentra y descubre el amor, la amistad, aprende otros oficios, conoce otros mundos, se conoce a sí mismo para al final volver a casa, volver a buscar lo que siempre quiso ser, impresor de Romanshorn.
La vida es un círculo, la novela lo es también. El héroe, como Ulises, vuelve a su tierra, allí de donde partió.
            ¿Cómo nace un libro, una historia?
«Este libro lo escribí primero, luego descubrí la idea. No parto de una idea para escribir un libro», responde el autor. Un escritor debe partir, debe ponerse a escribir para encontrar la idea. Ir en busca de la historia. Que la inspiración te encuentre escribiendo.
«Escribir es un acto de confianza».
 Si siempre creemos que no seremos capaces de escribir una historia sin ponernos a garabatear, nunca seremos realmente capaces de escribir un cuento. Algo parecido me decía mi abuela sobre la suerte. «La suerte no vendrá a ti, tienes que ir a buscarla, la encontrarás cuando estés caminando, buscándola». Pero yo nunca creí en la suerte, creo más en el trabajo.
            «La escritura es más sabia que yo», nos sigue diciendo el autor. Lo escucho embelesado, como si escuchara a Platón o a Sócrates.
Deja que la escritura te guie a la historia. Te abrirá los ojos, la mente. Pero para eso tienes escuchar al silencio, porque saber escribir «es obedecer a la voz que quiere hablar», escuchar a esa voz interior. Esto me recuerda la idea platónica que decía que el poeta era solo un intermediario de las musas.
            «La escritura es un acto de revelación», la literatura nos mueve, nos incita, nos desordena. «Para aclarar y educar está la ciencia».
            Pablo d’Ors también nos ha hablado de la literatura de la luz, dice que hay poca literatura de este tipo. Todo porque «el mal es ruidoso y el bien, silencioso». Hay poca literatura de la luz porque es difícil de ver, aclara.
            «La literatura nace en la literatura». Las historias, los personajes, el escenario le surgen en plena lectura de otros autores. A mí, y seguro también que a muchos otros,  me surgen las historias  (aunque a veces no las escriba) cuando estoy leyendo un libro. Pero también cuando converso con algún amigo, con mi mujer, cuando veo la tele, en fin, cuando estoy viviendo. Diría que leer literatura es vivir.
            Pablo d’Ors nos comenta que escribió este libro cuando era profesor de dramaturgia en la Universidad Complutense en Madrid. Y como un niño nos dice: «mi escritor favorito es Kafka».
            Por último me quedo con una frase que es la que más me ha gustado: «La búsqueda de la excelencia estimula». Sin duda alguna, llegar no es más excitante que el recorrido.
Andanzas del impresor Zollinger es una novela que nos ilumina, nos anima a luchar por lo que queremos ser. Como diría Javier García Rodríguez hablando de David Foster Wallace: «es de los pocos creadores cuyas obras nos permiten decir que llegamos a ellas uno, y cuando salimos de ellas somos otro». Lo mismo diría yo de la obra de Pablo d’Ors.
 

domingo, 15 de diciembre de 2013

Rafael Barrett, eterno maestro

                                    
            En octubre de este año, asistí a una conferencia de Antonio Muñoz Molina en la Universidad de Oviedo. Recuerdo que mientras los flashes de las cámaras se disparaban, el flamante Premio Príncipes de Asturias respondía a la pregunta de un profesor: « Últimamente en España, muchas veces se dice que hay escritores valientes y no valientes…y no sé qué. Vamos a ver… En una democracia escribir en libertad no supone valentía. Donde se es valiente es en una dictadura».
Hoy recuerdo esas palabras y me viene a la mente el nombre de Rafael Barrett, escritor valiente por antonomasia, que había denunciado sin miedo en sus escritos la barbarie a la que estaba sometido el pueblo paraguayo, sobre todo los abusos y la esclavitud que sufrían los obreros en los yerbales. 
El próximo martes, 17 de diciembre, se cumplirán ciento tres años de la muerte de Rafael Barrett,
fue el maestro por excelencia del Paraguay. Recuerdo, como si fuera el día de mi cumpleaños, la fecha de su nacimiento (Torrelavega, 7 de enero 1876) y la de su temprana muerte (Arcachón, 17 de diciembre de 1910).
Nací intelectualmente la primera vez que leí una obra de Barrett. Fue El dolor paraguayo, ese libro que es un tesoro en sí mismo. No hay página en él que no resulte inolvidable. Recuerdo una frase que había escrito no sé si era en este libro u en otro, que decía «el prisionero resuelto a evadirse buscará la lima que corte la reja. Aprender a leer es encontrar la lima.» Yo soy solo uno de sus discípulos y todo lo que él ha escrito, hoy es una guía para mí.
Nadie puede dudar de que Rafael Barrett, como dijo Augusto Roa Bastos, «nos enseñó a escribir a todos los escritores paraguayos». Bueno, yo todavía estoy aprendiendo. Barrett nos enseñó a pensar, a ser valientes, a mirar con ojos críticos todo los que nos rodea. Porque la valentía del periodista o el escritor consiste en defender la justicia y denunciar lo injusto sin temor a nada.
La misma descripción que había hecho sobre su maestro Echegaray podríamos aplicarle al maestro Barrett: su cerebro era «un aparato de precisión». Barrett era pura idea, pura razón, infatigable y brillante. Sus ideas creadoras nutren, ennoblecen y fecundan hasta hoy día el pensamiento.
            Cualquier tiempo es bueno para leer a Barrett, pero esta semana resulta especialmente apropiada. Tal vez así podamos manifestar nuestra gratitud y demostrar que no fue una voz que predicaba en el desierto.
Para esta personal conmemoración entresaco algunos aforismos de sus textos.

El único delito social es la miseria.
*
¿Queréis que vuestro amor dure? Alimentaos bien.
*
Necesario es luchar; y lo necesario no puede ser malo.
*
El gobierno es tanto más sólido cuanto más débiles y viciosos son los ciudadanos.
*
¿Qué es necesario para matar? Bien poca cosa: un arma y una cobardía.
*
Pensar es exponerse a ser decapitado, porque es levantar la frente.
*
Seamos bastante grandes para amar sin causa.
*
El hombre sincero merece sufrir. Por mucho que yerre, lleva en sí un átomo de esa cosa terrible: la verdad.
*
El mal es profundamente insignificante, porque no es capaz de defender el mundo.
*
Tal es la función de la beneficencia: conservar los pobres, única manera de conservar los ricos.
*
Para dominar es necesario comprender.
*
La ciencia nos arma para la vida y nos desarma para la muerte.
*
El mate lo ha escuchado todo, lo ha adivinado todo, confidencias terribles, esperanzas siempre abatidas, juramentos sombríos.
*
La patria, hogar común, es desgraciada y débil porque los hogares individuales lo son.
*
Lamentable cosa: encontrar ya escrito lo que habremos de hacer y de pensar.




miércoles, 27 de noviembre de 2013

El temor

En este lago
mi toro no bebe agua.
Tiene miedo a los cuernos
de su propio reflejo.

domingo, 24 de noviembre de 2013

Cruzar la Línea roja

            José Luis García Martín
            Línea roja
            Impronta, Gijón, 2013.

Cuando los libros ocupan nuestros días, la vida puede ser una soledad elegida, placentera, un acierto. «Los libros me han acompañado siempre –diría Javier Almuzara–. En los buenos tiempo, embelleciendo mi alegría; y en los malos, enriqueciendo mi soledad con otras vidas». No conozco a otro hombre cuya soledad sea más rica que la de José Luis García Martín; siempre que lo veo va acompañado, abrazado a un libro. 
Una foto machadiana de JLGM
(Maria Jesús Florez)

He cruzado la Línea roja, último diario de José Luis García Martín, que acaba de publicar la editorial gijonesa Impronta. Me sorprende la capacidad que tiene de llenar cada día de su vida con nuevas historias, y no repetirse. Y si acaso lo hace, procura que no se note demasiado.
En este diario leemos comentarios del autor sobre temas de historia, inquietudes políticas, anécdotas, recuerdos… todo ello en forma de literatura. Nos encontramos con aforismos, a veces desparramados de aquí para allá en su prosa. También reflexiones religiosas: «Dios te ama, pero hay amores que matan». El autor se nos declara ateo, pero siempre habla de Dios.
Una frase perfecta para el que es un poco veleta: «Quien solo se ha enamorado una vez no se ha enamorado nunca». Yo he perdido la cuenta de cuantas veces me ha sucedido. Pero como diría yo, un hombre que tiene un gran corazón no puede tener solo un amor, no le bastaría.
José Luis García Martín sabe cómo no aburrir a sus lectores. Antes de que nos aburramos, ya cambia de tema. Por eso nos ofrece, en cada fecha, una entrada distinta. Cada una de ellas tiene nombre y apellido, y no todas las entradas siguen el mismo esquema. A veces podemos encontrarnos con una series de haikus, que suele escribirlos cuando se aburre: «Ese ladrón / cada día que pasa / roba un día». Al comienzo del libro ya nos advierte que podemos leer el libro de dos maneras: «Comenzando por cualquier parte o comenzando por la primera página. Ambas maneras resultan igualmente válidas».
Al leer Línea roja parece que estamos leyendo varios libros a la vez: uno de poesía, de ensayos, de relatos, de historias…
            La literatura de este escritor, como la de todos, es tradición. Y la historia de la literatura es la historia de la vida de José Luis García Martín. De la literatura hace su cada día. Pero el diario es solo la forma que utiliza García Martín para volcar en ello toda su literatura.
            Quien cruce por la Línea roja comprobará que es una antología literaria, y al cruzarla ya no habrá marcha atrás.

miércoles, 18 de septiembre de 2013

Primavera anticipada


En una mañana de agosto amanecieron con nuevas flores las orquídeas de mi abuela. Todavía no era primavera, pero, como si madrugaran, sus flores han despertado abriendo sus bellos pétalos colgantes, cual zarcillos de galopera.
Mi abuela, que tanto se alegra, trae su silleta y se sienta junto a las frescas orquídeas para tomar su cotidiano mate. Más tarde, a media mañana, pasan unas señoras vestidas de oficina y ven las flores. Le piden si no podría darles unas flores. Mi abuela les niega con la cabeza. Pero las mujeres que ponderan tanta belleza, le ofrecen por un solo ramo doscientos mil guaraníes (más de treinta euros). Aún así mi abuela les dice que no. Más tarde, sonriente, me comenta que prefiere morir de hambre antes que dar sus esperadas orquídeas.
–Total, la belleza y el dinero duran poco tiempo. Y a mí que ya tengo mucha edad –dice mi abuela–, me alegran más las flores.

martes, 17 de septiembre de 2013

El malabarista

En una de las calles de San Lorenzo, un malabarista canta al compás del rugir de los motores, que esperan atentos ante el semáforo que se encienda el color verde. Nadie se fija en los ojos rojos del malabarista, a nadie le maravilla ya lo que hace.
El malabarista sigue cantando su pena, y sigue moviendo sus manos infinitos. Mantiene la mirada en un solo punto, conseguir algo para comer. Su boca, ese abismo, se abre al cielo mudo. La noria sigue girando en sus manos, esas manos cansadas de pedir, cansadas ya tenderse ante las ventanillas polarizadas de los ojos que no quieren ver el color de la realidad. La miseria gira en esas manos. De alguna forma, cual ave negra, se posa también en la nuestra, y sigue y sigue su vuelo, emigra y nunca muere la miseria.

lunes, 16 de septiembre de 2013

Un lugar ya muy lejano

Cuando yo era chiquillo, en las siestas, mientras todo el mundo dormía, solía bandidear por el pueblo con una hondita en la mano. Aún no conocía los videojuegos. Los ancianos me prohibían disparar a los cardenales. Esas aves con el casco rojo, el pecho blanco, las alas y la espalda como el color del plomo, siempre limpios como los hijos de la lluvia. Son aves sagradas. Los viejos me decían que Dios se iba a enojar conmigo y enviaría al viento contra mí, para llevarme muy lejos de mi tierra si perseguía a sus cardenales. Yo nunca hice caso de aquellos consejos.
Y mírenme dónde estoy ahora. Cual hule que lleva el viento… Por eso, mita'i churi, no dispares a los Cardenales de casco rojo, porque el viento podría llevarte a un lugar muy muy lejano.

domingo, 15 de septiembre de 2013

Un amigo


Algunos perros ya te quieren sin ni siquiera  conocerte. Se acercan a uno con cierta timidez para hacerte compañía, como este que se acercó a mí una noche fría y solitaria, en Caaguazú, mientras espera el colectivo que me iba a llevar a Repatriación.
Algunos perros tienen algo en la mirada, como si acabaran de llorar. Llevan el rabo entre las piernas, como si acabaran de ver el rostro del miedo.
Al verlo allí, tan solo, quería llevarle conmigo, ayudarle, como a mí me ayudaron y lo siguen haciendo, como a mí me siguen abriendo las puertas... Pero yo no hice nada para darle un hogar.  Allí se quedó el perro con su fría y oscura noche. Yo seguí mi camino. Soy más bandido que él. Ese perro sigue en su tierra, ¿es más patriótico que yo?

sábado, 14 de septiembre de 2013

El pescador de sueños

No solo los peces se ríen de ti, pescador, sino también las golondrinas. Tu vida es así, algo parecido a la mía. Pero por la noche vendrá tu novia la luna, para hacerte compañía y contarte lo que ha visto en otras tierras. Quién como tú, pescador, que sigues tan fiel, esperando en tu sueño. Aunque la mierda te invada, tú fe es fuerte como tu corazón. Solo yo te comprendo, creo, igual que tú, que algún día consiguiéremos nuestro sueño. Ese gran pez no andará ya muy lejos…

viernes, 13 de septiembre de 2013

Repatriación, la cuna de los amigos

29 de agosto

        Soy el trotamundos más rico del mundo. Hoy, por ejemplo, he amanecido en uno de mis tantas casas (en este caso la preferida) que tengo por el mundo, en Repatriación-2ª Línea Irrazábal (Pueblo de Dios). Y antes de que todos despierten recorro las calles del que hace pocos años era solo un pueblo y que ahora es toda una ciudad. Busco a los viejos amigos. Muchos ya no están, están fuera, en otro lugar, en otro país. Pero encuentro a algunos, y ellos me alegran el día. Me gusta volver a pisar la tierra que en mis años de adolescente me conducía a la escuela, a mi casa, a la casa de mis amigos… Pisar la calle donde todo empezó, desde donde salí un día sin saber hacia dónde me conduciría el azar. Tanta fue mi sorpresa al descubrir que he vuelto donde he empezado. Me doy cuenta que todavía no he dado ni un paso. ¡Tanto por recorrer aún que me queda! Me emociono entonces, ¿la aventura acaba de empezar realmente?

jueves, 12 de septiembre de 2013

El Mercado 4


            El Mercado 4 es el mercado de los pobres, pero también es el alma de la ciudad. En ese lugar el sentido de la vista disfruta de un variado colorido de las mercancías. El sentido del olfato se deleita con los olores de las frutas, del asadito frito… Solo el ruido puede que nos moleste un poco, pero no olvidemos que estamos en un mercado donde escucharemos de todo. Pero concentrémonos solo en las vendedoras, ellas son la voz de ese lugar.
Todo lo que necesita la gente lo encuentra en el Mercado 4.
Se ha formado en este lugar un cosmopolitanismo comercial, hay vendedores de todas las nacionalidades, desde coreanos, chinos, árabes, africanos...
–¡Empanada de mandioca barato!, ¡empanada de mandioca barato! –pasa gritando el hambre, sin ir muy lejos.

Perderse en el Mercado 4 es la mejor forma de reencontrarse con uno mismo. Ya no veo a los escuálidos y silenciosos caballos  (o burricos) arrastrando la carreta. Ahora abundan las motos y los carromotos. En este emblemático lugar, las vendedoras más amorosas te salen al paso, diciéndote con una sonrisa: “Amor, qué estás buscando… Cielo, qué le podemos ofrecer? Cariño,…?” Ellas saben cómo subirnos la autoestima. Y como la afectividad es a veces efectiva, de vez en cuando compro algo. Un cocido con chipa, por ejemplo, ese sabor auténticamente guaraní. Pero cuidado, después del éxito de la película paraguaya 7 cajas los precios han subido en este laberinto y a la vez paraíso comercial.
Los carretilleros pasan con las ruedas chirriantes de su carretilla. Como en la película, buscan a quien llevarles hasta el colectivo, o el taxi las cajas que contienen mercancías. Al recorrer por los pasillos del Mercado 4 me parece escuchar la voz de una chica que grita: “Corrée, Víctor, Corrée, Víctor”. Esa voz parece que se dirige a mí, pero un poder extraño se apodera de mis piernas. Me quedo paralizado ante lo inevitable...

miércoles, 11 de septiembre de 2013

Visita al lago ypacaraí (Areguá)

Lo que a mí me pasó al ver en un solo plano el árbol florido del tajy, el limpio cielo azul y el lago, fue un amor a primera vista.
Después de ver este paisaje, comprendo por qué Gabriel Casaccia nunca dejó Areguá, por más que se haya exiliado a la Argentina. Su pensamiento siempre estaba por estas calles que nos llevan al lago Ypacaraí. En Areguá sus sueños se alimentaban de los colores de este lugar…  Aquí todo es para siempre, hasta la belleza.
Según creo yo, ‘Are’ significa durar, eterno; y ‘gua’ de. Areguá significa ‘de lo eterno.’
No he podido explicar hasta ahora lo que he sentido al encontrarme en este lugar. Da gusto pasearse por sus rincones, ir caminando desde la Iglesia de la Virgen de la Candelaria hasta el Castillo Carlota Palmerola, luego, pasar por la vieja estación del ferrocarril donde ayer nomás paraban los asuncenos en los días de verano, para al final dirigirse al lago. Sencillamente me siento agradecido por conocer un poco más sobre mi país. Hay cosas que brillan ante nuestros ojos y no las vemos.

Areguá también es conocida como la ciudad de la frutilla. Mientras una señora me sirve una jarra de jugo de fresa, me cuenta que hace muchos años, un vendedor de este lugar recogió unas frutillas de su huerta para venderlas en el mercado asunceno. Se marchó en el tren de la mañana, y cuando volvió al medio día, alegre compartió con sus hijos el éxito de su venta. Las frutas eran tan dulces que quien las probaba compraba algo. Desde entonces toda la ciudad cultiva y vende la fruta más dulce de este lugar.

martes, 10 de septiembre de 2013

La carreta, símbolo de la agricultura paraguaya

En el Puerto de Asunción me encuentro en una plazoleta uno de los símbolos paraguayos, la carreta. Al verla allí me viene a la mente uno de los versos de una canción que ya se ha hecho popular en Paraguay. Dice la canción: “la carreta es el rancho que camina, con el tiempo ha dormido en su rodar”.  
Yo, al igual que Elvio Romero, de pequeño siempre quise ser carretero. No solo para sentirme libre sino también porque me gustaba holgazanear. Muchas veces dirigí la carreta que traía la mandioca, el maíz, el algodón, la leña, la vida…Esa carreta es la cuna apacible donde se mece el antaño sueño paraguayo. De la huella de la carreta nacieron todos los caminos de este país. Es símbolo de nuestra agricultura. En la foto el yugo reposa, sigue esperando al buey que anda por ahí errante. Hay muchos bueyes, pero pocos carreteros.


lunes, 9 de septiembre de 2013

Los niños de la Chacarita

18 de agosto

En uno de los bancos de la plaza, frente al Cabildo, me siento a descansar de mi larga caminata por Asunción. Unos niños pasan corriendo junto a mí, como si acabaran de salir de la escuela (no sé si van a la escuela, seguramente que no). Vienen gritando en guaraní: “Quien llega último es un tonto”. Un policía, muy serio, les dice algo. Uno de los niños, el más sucio, se detiene y llama al uniformado por su nombre, este sonríe y el niño se aleja corriendo. Todos se tiran en la fuente, gritan, están felices. Bajo la petrificada mirada de Juan de Salazar y Espinosa –fundador de Asunción– hacen volteretas en el aire y se zambullen en el agua. Me alegra saber que los niños de la Chacarita aprovechan la fuente que está frente al Cabildo de Asunción, ellos saben que el agua de allí es mucho mejor que la del río. Son listos, de eso no hay dudas.

Mirador de Ita Pytã punta

17 de agosto

‘Ita’ significa piedra, roca; ‘pytã’ rojo. ‘Ita pytã punta’  La punta de la roca roja.
Por la tarde me acerco al mirador de Ita pytã punta. Después de seis años vuelvo a contemplar un atardecer paraguayo, vuelvo al río de mi niñez. Por esta orilla, sentado sobre alguna piedra me ponía a pescar mientras veía a este mismo sol deslizarse para dejar que la luz de las estrellas tomara también protagonismo. Sobre la misma piedra limpiaba los peces capturados, el mandi’i, algún tres puntos, un armado…Cuántas tardes sobre la misma piedra soñé que algún día alcanzaría mi sueño.
Mientras contemplo mi primera tarde,  me viene a la mente mi primer mandi’i, cuya piel plateada ilumina mi recuerdo. Este sol que tarda un poco más en meterse parece que se alegra al verme, como Argos a Ulises, parece ser que es el único que me reconoce. ¡Cómo dejar de ser niño!, si sigo sintiendo lo mismo que hace quince años, ¡alegría! Es como si nunca me hubiera ido, es como si aún siguiera sentado, pescando por algún sueño, sobre la piedra de la que hoy solo quedan arenas.
Hoy miro el ayer desde una parte de mi sueño, y soy feliz.

miércoles, 14 de agosto de 2013

Alba González Sanz, la ciudad y la poesía

Todos tenemos una ciudad en la que nunca estuvimos, pero a la que cada noche soñamos atravesar. Algo así decía el poeta Martín Lope-Vega: “todas las ciudades tienen un río que las atraviesa en sueño.” La poeta Alba González Sanz en Apuntes de espera habla de Madrid, esa ciudad “donde el mar no se puede concebir” como diría Sabina; recuerda a Lisboa, recuerda a la ciudad en el buen sentido de la palabra.
Alba González Sanz nació en Oviedo, el año 1986. Es licenciada en Filología Hispánica por la Universidad de Oviedo. Ha publicado los libros Apuntes de espera (2010), XI Premio Gloria Fuertes de Poesía Joven, y Parentesco (2013).  En 2006 creó la asociación cultural Hesperya. Recientemente ha sido incluida en la antología Entre sin llamar (2013).
En los poemas de Alba González Sanz siempre hay una ciudad donde “nada vivo queda” salvo el amor, “donde los niños / regresan solos del colegio”, donde la lluvia golpea “con el fervor de un cincel segando piedras”, donde ferrocarriles fantasmas nos “separan del suelo”. A esa ciudad nadie pertenece, y sin embargo todos, de alguna manera, pertenecemos. “Esa ciudad que no nos necesita”, mientras dormimos, es la única que nos mira y alimenta nuestros sueños…
Pero a veces la ciudad carece de voz. Alba González Sanz le ofrece la suya. Su cálida voz canta a la ciudad, le da vida y sosiego.
La ciudad de alguna manera nos educa, también nos convierte en gatos astutos. En ella aprendemos a sobrevivir. La ingenuidad en ella es flor de un solo día.
Alba González Sanz cree que “quizá la muerte se parezca a amarse”. Amarse a uno mismo, amarse los unos a los otros. Amarse hoy porque la ciudad puede que mañana nos haga olvidar muchas cosas, hasta de dónde venimos…

1- Aparte de la poesía, ¿qué otros géneros literarios cultivas?
Siempre me ha interesado la prosa pero, hasta ahora, en el sentido del diario o –cosa laboral– de la escritura académica. En todo caso, la escritura es para mí una cuestión amplia en la que los textos van revelando su pulso y su respiración en función de lo que se desee contar o cantar; aunque sí es cierto que me ha preocupado más la poesía desde que tengo memoria. En los últimos meses, sin embargo, estoy explorando la narrativa con pies de plomo.
2- ¿Utilizas mucho las redes sociales? ¿Qué piensas sobre esas herramientas informáticas? ¿En qué sentido crees que favorecen a la sociedad y en qué sentido no?
Utilizo bastante aquellas que me parecen útiles o que se han incorporado a mis hábitos de entretenimiento: por ejemplo, uso mucho Facebook pero el Twitter lo abandoné por aburrimiento. Ya que las has llamado herramientas, llevo por ahí mi reflexión: mientras desempeñen adecuadamente la función que les quiero dar y resulten de ayuda, a mí al menos me sirven (no me atrevo a decir lo que le serviría o no a la sociedad como conjunto). Como con todo en Internet, hay que tener cuidado con las trampas y el barullo, el ruido entre tanto acceso posible a la información, pero esa prevención vale para otros soportes y lenguajes, aunque hoy parece que lo hayamos olvidado.
3- ¿Cómo se te ocurrió el título de Apuntes de espera y el de Parentesco, tu último libro?
Empiezo por Parentesco que lo tengo más próximo: por la temática del libro, trabajaba con la idea de lo genealógico y lo familiar, con el tema antropológico de las estructuras del parentesco. De hecho, hay un poema titulado “Estructuras imaginadas del parentesco” que durante tiempo fue el título general del conjunto. Una buena amiga me convenció de que dejase nada más la palabra, como un talismán, y creo que fue un acierto. En el caso del primer libro, el título salió de pronto trabajando con ideas sobre el diario, el viaje, el relato… Se trató de dar la vuelta a lo que tenía: en lugar de diario, apunte; en lugar de viaje, espera. Es un libro breve con textos que esperan a la persona amada mientras está fuera, lejos, y el título una vez pensado, encajó.
4- En Apuntes de espera, la mayoría de tus poemas no llevan título. ¿A qué se debe?
Por lo que te comentaba de anotaciones, apuntes, al hilo de un mismo conjunto, los números romanos me resultaban más atractivos: marcan la temporalidad, que es la sensación que quería destacar. Los que tienen título es probablemente porque lo tenían antes de que los insertara en el poemario.
5- Entre tus poemas encontramos citas de canciones, de cantantes como Quique González e Ismael Serrano. ¿Encuentras inspiración en la música? 
Inspiración en el sentido del texto, sí. Es decir, los dos autores que has citado me interesan (o interesaban, en el caso de Ismael Serrano) en tanto que hacedores de canciones que tienen para mí el mismo efecto que el poema, amplificado y canalizado a través de lo musical, claro, que le da otra dimensión. No soy melómana pero sí obsesiva y la música tiene la virtud de encajarle bien a esa necesidad de escuchar aquello que provoca ese placer para mí mágico que da el sonido (y digo mágico porque su funcionamiento en lo técnico se me escapa por completo).
6- Yo suelo leer dos libros a la vez, uno de poesía y otro de prosa (novela, cuentos, ensayos). ¿Lees tú también más de un libro a la vez?
Simultaneo por obligación, no por placer: por un lado van las lecturas de la tesis doctoral y, por otro, la literatura. En esta última, suelo preferir ir en orden, dedicarle a cada texto toda mi atención mientras estoy con él. 
7- ¿En qué momentos sueles escribir?
Si por escribir te refieres a sentarme delante del papel a ejecutar un poema, no sabría responderte. Soy de anotaciones, de apuntar ideas, de observar. Eso a diario. Después, en algún momento, el cuerpo sabe que toca convertir eso en materia si no ordenada, al menos con algo más de entidad que el verso suelto o el mero apunte. Cuando llegan esos momentos, esa necesidad de escribir en condiciones, paralizo todo lo demás para ello al menos hasta que logre el objetivo propuesto (sea un poema, cuatro, o diez).
8- ¿A qué poeta gustaría parecerte en tu obra?
Me cuesta escoger. No me gustan las listas de favoritos. Las considero injustas. Te diría y espero que no suene excesivo, que más que parecerme a alguien en la obra, me gustaría parecerme a poetas que admiro en la coherencia y la propuesta vital. Eso me haría más feliz, retrospectivamente, que una comparación en nota al pie con algún gran nombre que admiro. Yo leo, aprendo y escribo. Mucho se filtra en la escritura, claro, pero el esfuerzo es siempre encontrar los tonos que expresan la propia voz, incorporando con respeto y admiración aquello que otras voces me han enseñado en sus textos. Pero a nivel de parecidos prefiero lo humano porque escoger un solo nombre en lo poético no se ajustaría a mi manera de entender ni la vida ni la literatura.
9- Hay un aforismo de Anthony de Mello que dice: «el amor beneficia más al que ama que al que es amado». Si tuvieras que elegir, ¿qué preferirías, amar o ser amada?
He de confesar que les tengo cierto reparo a las frases sentenciosas que parecen esconder verdades absolutas, sobre todo cuando se mueven en los términos de la paradoja. Me gusta una  cita de Camus, en este asunto, que dice “Si bastara con amar, las cosas serían demasiado sencillas” (cito de memoria, en todo caso pertenece a El mito de Sísifo). Entiendo el amor (si es que eso es posible) como algo circular en lo que amar y ser amada son hasta cierto punto indistinguibles si nos referimos a la relación de pareja.
10-¿Te has preguntado alguna vez qué sería del ser humano sin literatura? ¿Crees que los que nos dedicamos a esta actividad nos podríamos dedicar a algo mejor? ¿Crees que la literatura, y sobre todo la poesía, es una necesidad vital?
Voy a responderte yendo a mi experiencia porque creo, de nuevo, que es desde donde puedo hablar con algo de tino. No quiero pensar al ser humano como especie sin imaginación expresada a través de lo artístico, de lo original y de lo creativo. Creo que, en todo el horror que puebla la historia y la vida, eso es tan definitivo y tan humano que si no, seríamos otra cosa, máquinas o muertos andantes. Ahora bien, perdido el sentido de lo popular en la creación, elevados los asuntos de literatura a torres de marfil y plantado el campo de batalla de las filias y las fobias, efectivamente pienso que para ese viaje no hacen falta alforjas. Para mí la escritura (y la lectura) es una necesidad porque es mi forma no tanto de expresión (que ahí el empeño lo tendrán que valorar otras personas) sino de pensamiento y mediación con el mundo. Por eso la considero necesaria en mi caso, porque no sé ser sin ella. 
11- Si te ofrecieran un trabajo para enseñar Literatura Española en un país sudamericano, como por ejemplo, Paraguay, ¿aceptarías? ¿Conoces algo de la literatura de ese país?
Pues tal y como está España, me temo que no nos va a quedar otro remedio a muchas de las personas que nos estamos formando en ese sentido. No puedo hacer apuestas pero intuyo que si para hacer algo que me apasiona me tengo que cambiar de continente y las condiciones personales y materiales son las adecuadas, creo que lo haría. Y sobre literatura paraguaya, lamento confesar que más allá de Augusto Roa Bastos, desconozco a otras autoras o autores.