La semana pasada me hicieron una entrevista en la Corredoriasuena. Aquí el enlace donde se puede descargar:
miércoles, 14 de junio de 2017
lunes, 12 de junio de 2017
Un poema al Mariscal
Salvador Cabañas
Tintinea una bala en su cabeza.
Los vítores flamean en las gradas,
si el 10, el número que va en su espalda,
le inspira una jugada, una gambeta,
un caño, un centro de la muerte. Reza
el público contrario, pero avanza
la pelota en el aire, como bala
que viene del infierno, llega al área.
La duerme con el pecho y con el diestro
la pasa Santacruz a Salvador
que de nuevo la amaga y va de dos;
baila con el balón frente al arquero,
que sabe que llegó su hora. Que el Gol
quema huevos si lo mete Salvador.
miércoles, 31 de mayo de 2017
La poesía de Miguel Luis Álvarez
Mar hueco y
otros poemas
Miguel Luis
Álvarez
Ediciones
Camelot, Oviedo, 2017
Algunos lectores lo único que buscan al leer un libro de poemas es perderse, simplemente dejarse llevar por la lectura. Que la voz del poeta les sugiera un nuevo mundo, con paisajes extraños y vagos, que al cerrar el libro solo queden en la memoria espejismos que en el fondo se parezca a los que él tiene en su interior. Quieren ver algo nuevo, raro, donde la palabra trate de describir el color de la herida, por ejemplo, «el color espiral», «el color solitario», etc., como lo hace Miguel Luis Álvarez (Blimea, 1988) en este su primer libro que no trata de ser original. Lo que pretende es hablar de lo que hablamos todos los días, pero de una manera distinta. Ya se sabe que en literatura, y sobre todo en poesía, lo original no existe. Y como casi todos los poetas, Miguel Luis Álvarez tampoco puede evitar hablar del tiempo que devora al hombre y que al final solo deja restos de lo que somos («Las edades»). Incluso llega a negar que exista un día original («El color espiral»). Para él, al final todos somos copia de otros. Su poesía, aunque nos parezca que suene rara, simbolista tal vez, incluso onírica en algunos pasajes, en el fondo es una poesía clara, todo eso solo son camuflajes. Es una poesía que nos llega y que nos impresiona porque nos habla de temas que importan a la mayoría.
Aunque
Miguel Luis Álvarez no cita (como suelen hacer los autores en sus primeros libros)
algunos versos de los poetas que admira, en Mar hueco se percibe sin
duda el eco de los poetas vanguardistas. Por ejemplo, el poema «Espectro»
(«Escapé a través del espectro de la luz. / Me agarré al color / como si
agarrase una barra de autobús. / Los colores me rodearon, / estaban disfrazados
de pájaros») nos recuerda la trayectoria descendente del Altazor de
Huidobro. Algo parecido sucede en el poema «Mar hueco», solo que aquí se
refiere a una ascensión desde el mar.
Miguel Luis
Álvarez nos cuenta el mundo que ve desde otro ángulo en que los paisajes en el
que nos perdemos cada día parecen distorsionarse, pero que no dejan de reflejar
el mundo nuestro. Vale la pena dejarse llevar por este poeta, que sigue
buscando la mirada del lector, del mundo, quizá su propia mirada en los demás:
Se buscan: Ojos tristes. No es necesaria
garantía de tristeza
ni felicidad.
No importa el color.
domingo, 9 de abril de 2017
Raquel Lanseros: la poesía que atrapa el tiempo
Oportuna
y necesaria se hacía la publicación de la poesía completa de la española Raquel
Lanseros (Jérez de la Frontera, 1973). Esta
momentánea eternidad (Visor, 2016) recupera poemas de libros hoy difícil de
conseguir, como Leyendas del promontorio.
Raquel Lanseros es una poeta cuya voz ha
ido llegando cada vez a más lectores (tanto españoles como americanos) y cuyo
eco lírico parece que viene a quedarse. Tal como lo explica la propia autora en
el prólogo –que es una pequeña poética–, Esta
momentánea eternidad nos ofrece una panorámica de lo que la poeta ha ido
publicando en los últimos once años (2005-2016) y como yapa [propina] incluye
algunos poemas inéditos. Años prolíficos, que han dado su fruto, con algunos
poemas que describen un largo recorrido por la vida y la poesía, que acaso
significan la misma cosa para Lanseros. Su
poesía busca sobrevivir al olvido. Por eso reflexiona sobre el paso del tiempo,
utilizando a veces la imagen de las ruinas, ese rastro de los días que nunca
pasa de moda: “Las ruinas se aparecen a un corazón humano / en su modo
cambiante de reflejar el tiempo”. El optimismo y la inocencia ante el mundo
como poética, mejor dicho como filosofía, como una manera de vivir (véase
“Invocación”). Otro tema relevante en la visión poética de Lanseros es la de
usar su voz en favor de la mujer (“Doña Juana”), para repudiar el trato injusto
de la sociedad. En muchos de sus poemas de Los
ojos de la niebla a quien se describe es una mujer. Lo autobiográfico, lo
cotidiano, los problemas sociales, las referencias a los versos de otros poetas,
enriquecen el mundo poético de Lanseros. La relación de trasladar un personaje
literario en uno real, como el poema homenaje a la maestra “Beatriz Orieta”,
que nos sugiere una figura paralela con a la Beatriz de la Divina Comedia. En este poema la muerte es una estancia donde los
amantes se reúnen para estar juntos para siempre: “Pero a veces la muerte /
vuelve a acercar los labios / de los que un día se amaron”. En Chroniria (2005), Lanseros se acerca a
la poesía más irónica: “Me habría gustado amarte. Te lo juro. // Sólo que
muchas veces la voluntad no basta”. También lo aforístico reluce entre sus
versos, sobre todo en los finales: “Solo quien ha besado sabe que es inmortal”.
La greguería: “Las palabras me trepan por el pecho / como hormigas hambrientas…”.
Podemos ver en su trayectoria que los temas a lo largo de estos onces años no
han variado mucho, acaso en los últimos libros aparezcan con más fuerza el tono
irónico, el juego metalingüístico, la crítica social (“Sigue doliendo España”),
la religión (“El creador del creador”). La poesía de Raquel Lanseros tiene los
ingredientes para cautivarnos: las referencias a la vida real y a la literatura
de todos los tiempos. En sus versos, la realidad y los sueños se entremezclan
hasta confundirse, como en toda buena literatura. Pues como dice ella: “Leer
poesía y escribir poesía conlleva aventurarse a pensar y a sentir”.
El
mismo año en que aparece Esta momentánea
eternidad se publica Poesía soy yo.
Poetas en español del siglo XX
(1886-1960), una antología preparada por Raquel Lanseros y Ana Merino, en
la que recogen una muestra de la poesía que escriben las mujeres de los países
de habla hispana. Para las antólogas es “imprescindible el trabajo de rescate y
visibilización” de las poetas. Quieren contribuir a la “mayor divulgación de la
obra de sus autoras, así como a instigar a la investigación y descubrimiento de
otras muchas”. Recogen en la antología
algunos poemas de Josefina Plá y Renée Ferrer. Esta antología ofrece sin duda
alguna una muestra de la gran variedad de poetas, desconocidas y olvidadas
algunas, que en esta publicación resuenan con una fresca y renovada voz.
Raquel Lanseros, poeta que sabe
compartir su mundo, también sabe abrir caminos, hacia su poesía y hacia otros
poetas. Como muestra, ofrecemos un poema de la autora:
ARITMÉTICA
Lo
que quiero que sea
lo
que es
lo
que pudo haber sido
lo
que nunca será
lo
que fue y lo que era
lo
que pudiera ser
lo
que querré algún día que haya sido
lo
que quise que fuera
lo
que a pesar de mí se obstina en ser
lo
que siempre soñé que fuese un día.
Las
cuentas son exactas:
yo
soy el resultado.
sábado, 4 de marzo de 2017
Diario de un lector
Avelino
Fierro (1956), un escritor capaz de llenar con literatura cada día, se dio a conocer
con Una habitación en Europa (Eolas, 2014),
que recibió una gran acogida por parte de la crítica. Ciudad de sombra (Eolas, 2015),
prologado por José Luis García Martín, sigue el mismo camino. Agrupa las
anotaciones semanales del autor entre los años 2013 y 2014.
En sus páginas, habla de los libros
que está leyendo, de su vida cotidiana, de sus problemas médicos; cita poemas,
fragmentos de prosa, aforismos, etc. Avelino Fierro lee poesía, novela, ensayo,
filosofía, algún manual de pájaros, recetas de cocina... En fin, lee todo lo que
encuentra. De lo clásico a lo contemporáneo. Y es la huella de su lectura lo
que acapara las páginas de su día a día. Tanto que su diario es un diario de
lector.
En
Ciudad de sombra, tenemos la
sensación que Avelino Fierro, al igual Borges, se enorgullece más por lo que ha
leído que por lo que ha escrito. «Leer es la mejor higiene para combatir a los
idiotas o desenmascarar el cinismo de los políticos, el pragmatismo imbécil, la
prosa facinerosa de los psicopedagogos» (p. 194).
No solo aparece el lector que anota
y cita lo que lee, sino también el que reflexiona, el que opina sobre lo que
lee, es decir, el crítico: «Entre 2008 y 2011, Paul Auster y J.M. Coetzee
también se escriben cartas. […]. Deciden escribirlas, reunirlas y publicarlas.
Parece obedecer más a una necesidad de publicar que de comunicarse. Traen a
ellas asuntos de poco interés, buscan pretextos para parecer inteligentes o
ingeniosos, aunque no lo consigan casi nunca» (p. 53). Más adelante, opina
sobre Diario de un estudiante en Paris:
«Gaziel nos transporta allí con su escritura de obligado periodista, pero sus
reflexiones filosóficas, de alta política a veces, su lirismo, su pulcritud, su
inteligencia para la anécdota mínima y para la categorización de situaciones
que otros ni siquiera advertirían, sus descripciones con mirada abarcadora
–como de urbanista, diría yo– y gráfica, nos hace ver y sentir y entender ese
escenario irracional, ese mundo en bancarrota moral» (p. 316). Entre sus variadas lecturas nos descubre
nuevos diarios, como los del pintor Paul Klee. Nos deja su impresión personal,
nos deja con el interés puesto en ellos. Opina sobre la situación política y
sobre los políticos, habla de la música que le gusta, del arte, etc. La
curiosidad de Avelino Fierro es inabarcable.
Su
lectura preferida son los libros de poemas, y ese gusto ha llegado a contagiar
su prosa: el uso de la personificación («Los árboles respiran lento a través de
las últimas hojas de diciembre» p. 27), la metáfora, la descripción del paisaje
que nos presenta como un cuadro pictórico, etc. Y es que Avelino Fierro, pese a
sus problemas de espalda, escribe y describe bien, no solo acompaña a cada
capítulo una ilustración por él mismo dibujado, sino además describe un atardecer
o una mañana como si estuviera dibujando en prosa. Su ingrediente fundamental
es la poesía, su prosa respira y transpira lo lírico por todos los poros.
Avelino Fierro es un poeta que escribe en prosa.
Algunos
personajes pasan por sus páginas, como por su vida, como figuras fugaces. Otros
aparecen siempre porque forman parte de la vida del autor, como su mujer Mar,
que también anota los viajes que realizan juntos, como las anotaciones de una
estancia en Marruecos (es una enumeración de actividades casi caóticas, dan la
sensación de que el tiempo ha pasado tan de prisa, como suelen pasar los días
felices).
Ciudad
de sombra es el viaje por la vida de un hombre, que aunque no lo pretenda,
nos trasmite su ilusión por el día a día. Es un escritor que nos deja
ensimismados en su trajín.
No tengo dudas de que Ciudad de sombra ha de tener el mismo, o
incluso más, éxito que Una habitación en
Europa. Fierro es un escritor que dice que no se siente escritor, pero los
que le hemos leído podemos decir que es uno de los escritores más afables y
carismáticos. Estaremos atentos a la tercera entrega de sus viajes por la vida
y por la literatura, que para él serán la misma cosa. En la última parte de la
entrevista que acompaña al libro, Avelino Fierro afirma que escribe diarios
para que le quieran los lectores. No hay ninguna duda, es un encantador de
serpientes.
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miércoles, 1 de marzo de 2017
Georgina Herrera, la vida hecha poesía
Un
testimonio fruto de una vida de superación y luchas ofrece en su poesía la
poeta cubana Georgina Herrera (Jovellanos,
Matanzas, 1936). Una vida marcada por una infancia y una adolescencia difíciles;
creció en un hogar pobre donde la mujer no tenía voz ni voto. Fue con la poesía
que pudo alzar su voz. Con su poesía ha ido tocando de puerta en puerta, de
corazón en corazón, de conciencia en conciencia, no solo en la de los lectores
de su país, sino ha trascendido más allá de Cuba y ha llegado a España, donde
acaba de aparecer Estos ojos de mirarlo todo.
Una antología prologada por Aída
Elizabeth Falcón Montes. Es el primer libro con el que debuta la editorial
alicantina Libros de la Libélula Nómada,
que tiene puesta la mirada en los autores latinoamericanos, pues acaba de publicar
Perros
de ficción, del poeta
ecuatoriano Ernesto Carrión.
Estos
ojos de mirarlo todo consta de siete apartados: algunos poemas de los seis
libros de la autora más algunos inéditos. Todos ellos —seleccionados por la
propia Georgina Herrera— son una muestra fundamental de su labor creativa desde
1962 a
2016, año en que se le concede el Premio
Rafael Alberti por toda su obra.
Su
condición de mujer, negra y pobre, no le impidieron mantenerse firme ante el
dolor, la soledad, el machismo implantado por la tradición. Nuestra autora supo
que la única forma de luchar contra esa sociedad que oprime a la mujer —sobre
todo a la mujer negra— es a través de la cultura: lee, escribe, se nutre de
conocimientos para reflexionar y hacernos reflexionar. Hay ciertos rasgos
didácticos en los mensajes de sus versos. De ahí esa poesía que muchas veces
trata de darle la vuelta a los cuentos de hadas, a las canciones infantiles. Georgina
Herrera quiere desenmascarar cualquier tradición que menosprecia o humilla a la
mujer o transmita un mensaje que haga al ser humano más injusto.
En
sus obras se pueden apreciar los temas fundamentales, o que más la preocupan: la muerte (y la vida), la infancia, la
maternidad y la defensa de la mujer. Su poesía se caracteriza por la pulcritud,
la claridad y la sencillez. Pretende que todo el mundo la entienda porque sus
mensajes están dirigidos a todo el mundo. Su poesía nos recuerda a la de Szymborska. Solo que Georgina Herrera
es una defensora a ultranza de los derechos de la mujer en todos los ámbitos.
Para ella la realidad es más sorprendente y milagrosa. Por ejemplo, en el poema
«El parto», no cuenta con la cigüeña, encargada de traer los niños al mundo de
forma ficticia y fácil, porque Georgina Herrera prefiere el parto, el dolor de
donde nace el amor, un amor real. Reivindica la figura de la mujer como origen
de la vida.
Corrige
el mito de Adán y Eva, una historia inventada por hombres, lo desmitifica.
Niega que Eva haya nacido de la costilla de Adán: «Rueda la historia / contada
por Adán a su manera, dice / que desnuda la extrajo / de su costado, cuando /
en verdad llegó vestida / de cielo, tarde y cantos de mil pájaros.» Desde su
primer libro hasta el último, no dejará de defender a la mujer, por tanto, a la
esencia de la vida.
Georgina Herrera es una poeta que
tenemos que leer y releer y hacer llegar su voz a todos los lectores. Su poesía
podría salvarnos de nosotros mismos, de nuestras miserias humanas, de nuestras
injusticias. Leedla y podréis ver a la mujer y a la vida y a la poesía misma
con otros ojos. He aquí algunos poemas:
una mujer hermosa.
Una mujer que tiene
la más inmensa historia
por contar.
Todo el dolor que venga
será pequeño, comparado
a tanto amor creciendo en sus tamaños.
Con esos ojos de mirar la vida
se puede ver la muerte
como una estrella más
o como una
inmensa flor naciendo
entre los tibios brazos de la tierra.
DUELO
(II)
Todos los vientos soplaron
en contra de mi amor.
Brisitas,
huracanes,
torbellinos, todos
soplando en giros en contra
de mi amor.
Alisios,
terrales,
viento sur. Todos.
Todos los vientos soplaron,
soplan aún
en contra de mi amor.
Enloquecida,
busca refugio donde encuentre,
siempre lejos de mí.
Le estoy agradecida,
pero no siento lástima cuando
la Muerte, contrariada,
no entiende
el tibio olor de la vejez que asumo.
Pobrecita la Muerte.
Es tonta y triste,
se enrosca, se hace un bulto y carga
con él sobre la espalda, huye
cojeando…
Yo, ligera, cada vez más lejos
de su rumbo, pongo
una flor entre mis labios, echo
agua fresca sobre mi rostro,
juego
con
un zunzún a no agarrarlo
cuando
en verdad no puedo.
Así,
el tiempo que me queda
se
hace eterno.
Gracias
a la
Odiosa. Gracias…
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Libros de la Libélula Nómada
domingo, 26 de febrero de 2017
Los haikus de Susana Benet
Este
fin de semana he estado disfrutando de la lectura de La enredadera (Renacimiento, 2015), un libro de haikus reunidos de
Susana Benet (Valencia, 1950). Es fácil escribir un buen haiku. Lo difícil es
escribir un libro de haikus buenos. Pero Susana Benet lo ha hecho. Ha sabido
guiar al lector (como a un gorrioncillo tras unas migas) de haiku en haiku
hasta la última página y dejarlo con ganas. Con ganas de seguir leyendo más
haikus. La relectura de La enredadera
es todavía más deliciosa.
Aquí
algunos del libro:
Mientras te vistes,
yo cuento los botones
que nos separan.
Trénzame el pelo.
Que sienta los tirones
de tu cariño.
Señal de tráfico.
La mariposa vuela
Desorientada.
Nuestros abrigos
juntos en el perchero.
Tú y yo, tan lejos.
Un niño juega
a enterrar a su padre.
Día de playa.
Se posa el sol
en la taza de té.
Bebo la luz.
Todo el que entra
a admirar mi jardín
sale con flores.
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sábado, 4 de febrero de 2017
Paraguay y los Papeles americanos de Cobo Borda
El
poeta colombiano Juan Gustavo Cobo Borda (1948), bajo el título Papeles americanos (Instituto Caro y
Cuervo, 2015), reúne ensayos y reseñas sobre escritores que marcaron con sus
obras la literatura hispanoamericana del siglo XX. Este volumen, un homenaje de
un lector a los autores que más admira, es el resultado de una relectura, de
una vuelta a los grandes maestros. Un viaje literario que empieza con los
argentinos Jorge Luis Borges y Ernesto Sabato. De este último, traza su
semblanza y hace una concisa reflexión sobre su trayectoria literaria. Luego pasa
a los chilenos Pablo Neruda y Nicanor Parra. Destaca en primera línea la
influencia de Altazor (1931) en los
antipoemas de Parra. Compara a Octavio Paz y Julio Cortazar en sus centenarios,
los dos nacidos en 1914, los dos admiradores del Che Guevara, los dos apasionados
por la pintura, los dos excelentes traductores. Relee además a Carlos Fuentes,
José María Arguedas, Mario Vargas Llosa, Cabrera Infante, Ernesto Cardenal… Sobre
todos ellos escribe y reflexiona y como resultado nos ofrece una lectura amena,
no academicista. No quiere demostrarnos que es un erudito (aunque lo sea), un
maestro y un gran lector. Lo que pretende es precisamente una conversación entre
lectores para ofrecernos nuevos puntos de vistas, nuevos autores, olvidados
algunos, inolvidables otros. Rescata nombres menos conocidos, como el de Rubem
Fonseca y su obra El seminarista.
Relee las obras del brasileño Mario de Andrade, como Macunaíma, un héroe sin carácter, al que considera como un “libro
grande e inclasificable donde la selva y la ciudad son los polos de este
delirante viaje” (p. 107). Es importante subrayar además “Presencia árabe en el
caribe colombiano”, un estudio en el que rescata los nombres fundamentales de
autores colombianos de origen árabe: Luis Fayd, Meira Delmar, Giovanni Quessep,
Raúl Gómez Jattin… Menciona asimismo la presencia árabe en la vida de Gabriel
García Márquez, cuya infancia (y toda su obra) estuvo marcada por la lectura de
Las mil y una noches. “García Márquez
de algún modo tenía, en su hogar, su cocina y su lecho, una vinculación
inmediata con el mundo árabe y su cultura” (p. 130). En “El café, la
universidad de Álvaro Mutis”, Cobo Borda ofrece una breve historia de las
figuras literarias que de alguna manera se hicieron escritores y poetas en las
tertulias de los cafés bogotanos, autores como Ricardo Rendón, Luis Tejada,
León de Greiff y, sobre todo, Álvaro Mutis, una de las figuras que luego
destacaría en el exilio.
En Papeles americanos, Juan Gustavo Cobo Borda observa Paraguay a través de las crónicas de Germán
Arciniegas, cuya prosa sigue cautivando a los lectores porque “se mantiene
viva, alegre, batalladora” (p. 152). Al releer las crónicas y ensayos de
Arciniegas sobre Paraguay, Cobo Borda destaca la curiosidad de su compatriota y
sobre todo la amistad que unía a Arciniegas con el expresidente paraguayo, Juan
Natalicio González (1897-1966), que también era poeta, novelista y un destacado
ensayista. Arciniegas, invitado por el entonces presidente, llega a Asunción y
“descubre la riqueza vital y creativa del pueblo paraguayo” (p. 152).
Profundizará así en la historia del país y se maravilla con la fortaleza de las
mujeres paraguayas, que reconstruyeron el país, arruinado después de la Guerra
de la Triple Alianza. (Lo mismo le había pasado a Rafael Barrett y hace pocos
días el propio Papa Francisco enaltecía a nuestras madres).
Se
resalta la figura de un escritor metido en política, como la de Juan Natalicio
González, que no solo destaca por haber sido presidente durante cinco meses,
sino además nos recuerda a otros autores que fueron tentados y se metieron en
el mundo político (Juan Bosch, Rómulo Gallego, Vargas Llosa...).
Juan
Gustavo Cobo Borda descubre por así decirlo a Juan Natalicio González, uno de
los autores paraguayos que no solo perdurará en la historia de Hispanoamérica
por haber sido uno de los primeros escritores en ser presidente de un país
americano, sino sobre todo por su importante afán de divulgador cultural como
editor de las editoriales “India” y “Guarania”. Juan Natalicio González
“divulgó en Paraguay, Argentina y México [y en toda Hispanoamérica] los
escritos de los cronistas de Indias y los estudios de Gomperz sobre los
pensadores griegos en tres tomos y la gran historia de la filosofía griega de
Zeller en seis tomos” (págs. 153-154).
Con
este mapa literario que es Papeles
americanos, Cobo Borda nos invita a seguir su camino, a releer a nuestros
clásicos hispanoamericanos, y volver también la mirada hacia autores olvidados,
como el propio Arciniegas o Juan Natalicio González, cuya prosa también sigue
vigente y viva, aunque se haya mantenido un poco olvidada. Sin duda alguna, fue
uno de los preclaros y más lúcidos prosistas que dio el Paraguay. Rescatar su
figura siempre viene bien para hacernos recordar que tuvimos líderes con un
nivel cultural y humanista que merece nuestra admiración.
viernes, 16 de diciembre de 2016
Jugar con fuego
Me
preguntan qué libro publicado en este 2016 merecería ser destacado. Entre las
mejores publicaciones del año, yo destacaría principalmente la recuperación en
facsímil de los once números de la revista Jugar
con fuego (Ediciones Ulises, 2016). Todos
en un solo tomo. Una revista de poesía y crítica literaria, fundada y dirigida
durante los años 1975 y 1981 por el poeta y crítico José Luis García Martín
(Aldeanueva del Camino, Cáceres, 1950).
Como una especie de Feijoo, radicado
en un rincón de Avilés, se mantuvo al tanto de todas la novedades literarias. Para
ser más exactos, no solo dirigió la revista, sino que escribió en gran medida todo
el contenido, especialmente en los primeros números. Pero la parte crítica, que
era (y sigue siéndolo hoy) la más destacada, estuvo íntegramente a cargo del
genio de García Martín. Las reseñas llevaban la firma de Alfonso Sanz
Echevarría y Bernardo Delgado, dos de los heterónimos del José Luis García
Martín. Al principio nadie sabía que esos dos nombres eran los heterónimos de García
Martín, un escritor pessoano, capaz de imitar los estilos de cualquier poeta.
Un poeta camaleónico. Por suerte, hoy tenemos la ventaja de contar con las
aclaraciones de Pablo Núñez, que hace la introducción del facsímil, para evitar
hacernos un lío con los pseudónimos, lío que seguramente tuvieron los lectores
de los años 70.
La crítica de García Martín en estos
últimos cuarenta años de poesía española se ha vuelto no solamente válida y
objetiva, sino necesaria para el lector y también para el escritor mismo. Jugar con fuego quizá sea la obra
maestra de García Martín. En ella se hizo conocer el primer libro de Víctor
Botas y estudios sobre la poesía de autores del 50 y del 70 (como Ángel
González, Ángel Crespo, José Ángel Valente, Francisco Brines y tantos otros) que
forman parte ya de la historia de la literatura española contemporánea. Pero
además en sus páginas aparecieron los poemas de Juan Luis Panero, Juan Gustavo
Cobo Borda, José Kozer, etc.
En el epílogo del facsímil, García
Martín confiesa: «En Jugar con fuego,
una revista que no dependía de nada ni de nadie, jugué a decir lo que muchos
pensaban pero nadie decía, o solo lo decían en voz baja y entre amigos» (pág.
785). Lo cierto es que García Martín es uno de los últimos de su especie, un
crítico valiente, de los que no venden gato por liebre al lector. Por eso es
uno de los críticos más admirados (y temidos) de España. Con Jugar con fuego empezó todo y sus
páginas siguen encandilando al lector de hoy en día. Como ayer mismo.
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jueves, 8 de diciembre de 2016
Tras las «migas» de Gabriel Insausti
Ya se sabe que los libros
de aforismos no se leen, se picotean. Después de la lectura de cada aforismo,
el lector ha de detenerse a pensar, a reír, a hacer algo o no hacer nada, pero
no seguir leyendo inmediatamente para no atragantarse (lo recomendable es
leerlo acompañado de un vaso de algún líquido, lo ideal sería agua o vino) o
simplemente para evitar caer en el tedio.
Se sabe también que el
aforismo es una forma de creación cuyo auge se vio impulsado por la lectura
fugaz de los usuarios de las redes sociales. Anteriormente solo lo podíamos
encontrar metido, como virutas, en medio de textos.
La mayoría de los
escritores que utilizan las redes sociales publican de vez en cuando frases
ingeniosas. Como el poeta Carlos Marzal, Karmelo Iribarren, Felipe Benítez
Reyes, Manuel Neila, Enrique García-Máiquez, el cubano León Molina, etc. Todos
ellos han recogido esas ocurrencias en libro. Pero hay muchos otros que no
publican libros de aforismos y, sin embargo, suelen dejar entres sus prosas o
poemas alguna línea para que el lector se sorprenda al leerlo, maestros como,
José Luis García Martín (en alguna página de sus diarios leemos: «También para
el amor propio debería existir el divorcio») o Javier Almuzara (en su
maravilloso Catálogo de asombros
abundan frases como «La belleza es imperfección con encanto»).
Este nuevo escaparate de
las redes sociales ha llevado a algunas editoriales a crear una colección
expresamente dedicada a este tipo de escritos. Solo por citar algunas:
Renacimiento, Cuadernos de Vigía, La Isla de Siltolá. En esta salió publicado El hilo de la luz, del poeta y narrador
Gabriel Insausti (San Sebastián, 1969), el último libro de aforismos que acabo
de leer.
Los aforismos de
Insausti, como la mayoría de los que he estado leyendo, oscilan entre la
reflexión, la ocurrencia, lo chistoso y lo paradójico, a veces con un toque
poético. Insausti es uno de los pocos
autores de frases cortas que merece ser llamado aforista. Su libro, lleno de
gracia, y buenas ocurrencias, es uno de los mejores libros de aforismo con los
que he podido toparme. He aquí algunas «migas» como los llama el autor. A ver
si te llevan, querido lector, hasta El
hilo de la luz:
«¿Distraído? Es que estoy
atento, pero a otras cosas».
*
«Hacerte feliz, no:
acompañar tu felicidad».
*
«A veces el mejor insulto
es una simple descripción».
*
«En el poema es primero
la cirugía y después el organismo».
*
«El rencor es un
boomerang».
*
«No se pierde la fe, se
cambia de dioses».
*
«El que nunca ha tirado
una piedra, que tire la primera piedra».
*
«Pero, ¿cómo va a pensar
claro un tipo llamado Confucio?».
*
«Hay cosas de la vida en
que buscar es el camino más rápido y seguro para no encontrar».
*
«Las personas, al
contrario que los objetos, cuanto más cerca se ven más pequeñas».
*
«OBSTÁCULO: (sust.)
dícese del pretexto que concedemos a nuestra pereza».
*
«Cuando el amor se
marchita cambiamos de amante. Quizá deberíamos cambiar de amor».
*
«Envejecer es un lento striptease».
*
«La mosca está convencida
de que el tozudo es el cristal».
*
«Lo increíble es que sea
el periodismo el que tenga mala prensa».
*
«El buen maestro enseña a
no necesitar maestros».
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jueves, 24 de noviembre de 2016
«Los hombres proyectan el futuro; las mujeres lo hacen»
Volver a casa con la frente
cansada porque las calles te han venido siguiendo durante horas y no te han
dado respiro. Abrir la nevera y coger la cerveza que está más a mano.
Destaparla. Beber un sorbo y suspirar y sentir cómo la sed se retuerce en tu
cuerpo y muere poco a poco. Que tu mujer, tu amiga, tu compañera en esta vida,
te salude, te pregunte qué tal te ha ido, te consuele. Darle un beso a tu hijo y
que el mundo sea otra vez un plácido presente. Dirigirse luego a la pequeña
estantería de libros y coger uno al azar, uno que se lea enseguida, que no sea
un mamotreto, que ese libro sea, por ejemplo, Casa de muñecas, de Henrik Ibsen, y sentarse luego junto a la
ventana y beber el tercer sorbo de la callada cerveza. Empiezas la lectura y
sientes cómo la sed y el cansancio se van apagando en ti. Porque las buenas
historias y la buena literatura tienen ese algo que nos cautiva y nos cura a la
vez: nos educa. Dejar la cerveza a un lado y sentirse cautivado por la alegría
y el carisma de Nora, la protagonista principal de la obra. Sin darte cuenta,
vas sintiendo una admiración, un amor hacia ese personaje. Te gusta porque ella
quiere ser dueña de sí misma, quiere sentirse amada realmente y eso significa que
la dejen libre. Quiere mantenerse erguida, con la frente en alto, sin que la
tengan que cortar la cabeza. Ella consigue liberarse del hombre que no le deja
ser feliz.
Pasan las horas y acabas
el libro y al final te das cuenta de que todavía te queda media botella de
cerveza y, aunque caliente, la acabas porque tu lectura ha acabado también.
Nora decide irse de la casa conyugal y abandonar la cárcel que la aprisiona. Es
una mujer valiente. La quieres aún más. Cuántas mujeres hoy podrían abandonar
al hombre que las oprime, desasirse de esta sociedad que las estrangula. Y te
dices: «Nunca antes te habías enamorado de un personaje literario». Nora me ha
robado el corazón y ya no puedo dejar de pensar en ella. La verdad es que a
cuántos lectores y lectoras les habrá robado el corazón este símbolo de la
mujer libre, de la mujer que decide escapar de la opresión del marido, del que
se cree el dueño de la casa y de la vida de su mujer, la que cría y cuida a sus
hijos, su compañera. A cuántos habrá enseñado el final de este libro. Te gustaría
que todas las mujeres fuesen como Nora.
El 25 de noviembre se
celebra el día de la no violencia contra la mujer. Me quedo pensando,
imaginando un mundo donde ellas sean tan libres como el hombre. Sin un moretón
en el rostro, en el alma. Sin una lágrima de dolor y de abandono. Una mujer
amada, que camine junto al hombre y no arrastrada por este y pisoteada por
aquel. Enseñemos a nuestros hijos que el
machismo es uno de los delitos sociales que afectan a todo el mundo. Que no hay
nada menos hombre que ser machista. Ya lo decía Rafael Barrett: «Los hombres
proyectan el futuro; las mujeres lo hacen. Amadlas, y vuestros hijos
encontrarán menos odio sobre la tierra. Si le hacéis traición se hará traición
a vuestros hijos. Si no tenéis compasión de ellas, no habrá compasión para
vuestros hijos. Si las abandonáis, abandonáis el mundo a la casualidad, y la
casualidad no tiene entrañas».
domingo, 20 de noviembre de 2016
La cuna de los niños
Hace
poco más de un año que vivimos en La Corredoria. Recuerdo que, cuando nos
mudamos aquí, empecé a añorar el bullicio del centro de Oviedo. Llevo cambiando
de piso más de cinco veces en estos ocho años que llevo en Asturias. Al
principio se me hacía fácil. No tenía tantas cosas con que cargar, un poco de
ropa y algunos libros. Al pasar los años, he ido adquiriendo más y más cachivaches,
de los que ahora cuesta despegarse. Sobre todo, algunas ediciones de libros que
con el tiempo aprendes a valorar, la mayoría encontrados en librerías de viejo.
Los he adoptado para que vivan conmigo y hacerme las tardes un poco más
llevaderas.
Ya
en nuestro nuevo hogar (y con un arrendador generoso: especie en vía de
extinción), un piso nuevo, sin humedad, soleado, poco a poco la sonrisa y la
ilusión fueron apoderándose de nuestro ánimo. Me di cuenta de que en la misma
manzana donde vivimos había muchas parejas jóvenes, como nosotros, la mayoría
con hijos. Y fueron los niños, jugando en la pequeña plaza, los que nos
devolvieron de alguna manera la ilusión. Me olvidé de los bocinazos y rugidos
de motores, a los que ya me había acostumbrado en el centro de Oviedo. Ahora
era la algarabía de la infancia la que entraba por la ventana y recorría los
pasillos de nuestra casa, animándonos. Y sí, la paternidad es contagiosa
también. Un año después, nos hemos convertido en padres. ¡Quién nos lo iba a
decir! Ahora recorro las calles empujando un carrito de bebé, es el carro de mi
vida además. Y es que La Corredoria es como la guardería de Oviedo. Sus plazas,
sus calles están llenas de carritos de bebés y niños que van de la mano de los
padres. La semana pasada, Marta fue a visitar a su matrona y esta le comentó
que en una semana tuvo treinta nuevos embarazos.
Yo
no sé si el sosiego, la tranquilidad de los bares, la felicidad en los parques,
lo que hace que este mi nuevo barrio se convierta en el lugar donde me gustaría
vivir muchos años. Un barrio joven, fértil, que pese a la crisis, de su tierra
brotan los nuevos edificios y se extienden más y más. Eso sí, la mayoría todavía
vacíos porque no todos pueden comprarse un piso. Parece que los niños no traen
solo el pan bajo el brazo, sino también la casa. Los niños son misteriosos,
como si vinieran de otro planeta y que ya lo tuvieran todo planeado.
Me
gusta abrir la ventana y que el sonido que entra por ella sea la algarabía de
la infancia en el parque, ese mundo joven que rejuvenece la casa entera y a los
que en ella viven.
Mientras recorro el barrio, Martín duerme al
ser mecido, unos gritos de niños en la plaza lo despierta. Martín abre los ojos
y mira fijamente su alrededor. Le digo que me gustaría seguir viviendo aquí, no
porque odie ya cambiar de casa, sino porque me gusta este sitio, me gusta la
biblioteca «El Cortijo», rodeado de jardín y de gente. Y a donde pronto te
llevaré, pequeño gigante. Me quedo sentado en un banco de la Plaza Conceyín,
saco el libro de poemas Carrusel, de
Iona Gruia y le leo a Martín los versos: «Busco tu mano en la noche, / tu
minúscula mano, / tu mano de bebé, talismán mío, / para escapar de oscuros
pensamientos». Y sí, amigos, los niños nos salvan de nosotros mismos.
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