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domingo, 1 de febrero de 2015

La antología que faltaba en España


La poesía del siglo XX en Paraguay (Antología esencial)
Mar Langa Pizarro
Madrid, Visor, 2014

   Antologías de la poesía chilena, argentina, cubana, brasileña, colombiana, etc., no han solido faltar en las librerías y bibliotecas españolas. La gran ausente, la menos difundida, siempre ha sido la poesía paraguaya. No podemos atribuir la culpa al poco interés de los lectores españoles. Quizá el problema radica en la falta de cobertura de las editoriales paraguayas. ¿Naufragan los libros que intentan llegar a España? Tal vez los representantes del país hispanoamericano en España no trabajan para promover a los escritores de su tierra porque seguramente ni siquiera ellos los leen, y puede que no los conozcan siquiera.
Pero acaba de aparecer la tan esperada antología paraguaya, en edición preparada por Mar Langa Pizarro.  Hemos de valorar y respetar su selección personal y confiar en su criterio. En la introducción nos ofrece un recorrido por las diferentes generaciones (poetas nacidos a partir de 1901) que conforman las letras paraguayas del siglo XX. Es una breve historia de la literatura paraguaya en el que adquieren protagonismo las revistas literarias (Revista del Instituto Paraguayo, La Ilustración Paraguaya, La Pluma Joven, Alón, Juventud, etc.). Todas ellas surgieron por la necesidad de difundir las nuevas creaciones y por la falta de editoriales. Las revistas hoy y entonces siguen siendo una oportunidad para muchos poetas que no pueden publicar un libro (en Paraguay la mayoría de las obras la publican y las pagan los propios autores). La selección de Mar Langa llega hasta los nacidos en 1970.
La antóloga excluye la poesía escrita en lengua guaraní, pero destaca la influencia de este idioma en la lírica paraguaya. Algunos de los poetas bilingües, conocidos sobre todo por sus obras en guaraní, aparecen en esta selección, como Susy Delgado e Ida Talavera.
Veinticuatro poetas conforman esta antología, que empieza con Josefina Pla. Como Rafael Barrett, esta española tuvo una gran influencia en los poetas y escritores paraguayos que la tuvieron como maestra y guía. Cultivó casi todos los géneros literarios. Destaca su visión crítica sobre el idioma guaraní y su apoyo al mundo femenino: “… Oficio de mujer. / Manos moviéndose / sin pausa / como hojas / que se retratan arañando el cielo / para caer al suelo y ser pisadas…”. Además, poemas de amor (“Como he de ser”, “Imposible”,…), reflexivos, sociales, (“Mi beso es muchedumbre”), intimistas, que hablan de la muerte y el paso del tiempo.
Herib Campos Cervera es considerado el padre de la poesía nueva (vanguardista) en Paraguay. Entres sus poemas destacan sobre todo los de tema social, con fuerte tono reivindicativo. El único libro que pudo ver impreso fue Ceniza redimida (1950), pero muchos de sus poemas publicados en revistas y diarios se recogieron posteriormente en volumen. Unos de los poemas más importantes de Campos Cervera, seleccionado en esta antología, es “Un puñado de tierra”, en el que el poeta, desde el exilio, con tono pesimista añora a su patria. Anderson Imbert lo calificó como un “poeta sin alegrías”. Se incluyen además dos poemas inéditos, el último de ellos (“El día que me muera”) parece pertenecer a la última etapa del poeta.
Ida Talavera escribe en guaraní y en español. En esta selección, podemos leer poemas de tema elegíaco, sobre la fugacidad de las cosas, de protesta, combativos… En “Lo que yo sé” descubrimos que Ida Talavera no solo es una observadora pasiva de la realidad, sino además alza la voz para decirnos que la realidad es su maestra, la que le ha enseñado a sentir y a reflexionar. Defiende a la mujer en el poema “Mujeres de mi tierra”.
Hugo Rodríguez-Alcalá, además de poeta, es un gran estudioso de la literatura paraguaya e hispanoamericana. El tema del exilio está muy presente en sus poemas. “Proyecto de poema I” evoca a su madre, la describe leyendo tal vez un libro, es una forma de retrotraer el recuerdo de la patria; en “El pueblo” evoca el lugar de la infancia, ese lugar ameno que ahora le parece un sueño.
Oscar Ferreiro es poeta, ensayista y traductor de Apollinaire, Paul Éluard…Entre sus poemas, destacan “Mañana” y “¿…y los dioses”. Ester de Izaguirre concibe poemas reflexivos (“Ignorancia”, “Feria”), intimistas (“Celebrante”) y amorosos (“Estatua”, “Conjuro”).
Elvio Romero es el poeta paraguayo más conocido fuera de su país. La mayoría de sus obras fueron publicadas por la editorial Losada. Influenciado por Neruda, Alberti (este le dedicó un poema y le ayudó a publicar su primer libro, Días roturados), Miguel Hernández,  Herib Campos Cervera,... Como a otros, según Hugo Rodríguez-Alcalá, el exilio lo salvó del anonimato. Pero sin duda alguna, Elvio Romero fue el primer poeta que elevó la lírica paraguaya a un nivel de prestigio.
José Luis Appleyard, que en la escuela estudió a los poetas españoles de la Generación del 27, también sigue la línea de Elvio Romero pero no es un poeta solo de raigambre social, le gusta más hablar de la naturaleza, del paso del tiempo. Es un poeta que no grita, no exhorta, no busca combatir, pero su voz es una de las que más se escucha y queda en la memoria del lector. Sus versos sosiegan, como la misma naturaleza que describen. En esta antología, los primeros poemas son más relevantes.
Otros poetas que destacan son Rubén Bareiro Saguie con sus poemas breves, aforísticos. Raquel Chavez nos ofrece poemas o versiones de los cantos que describen la cosmogonía guaraní, es también un homenaje al antropólogo (y, por qué no, poeta: el que traduce también es poeta) León Cadogán.  Osvaldo González Real, ensayista y narrador, es conocido sobre todo por sus cuentos de temas ecológicos, sus poemas se acercan bastante a la poesía oriental y a la cosmogonía guaraní. Jacobo Rauskin describe en sus poemas la realidad cotidiana. Se trata de un poeta cuya poesía parece engañosamente sencilla. Mezcla incluso el habla coloquial de su tierra con la lengua estándar. El poeta busca acercarse al lector paraguayo hablando como se habla en la calle. Es un estilo que ahora parece estar muy de moda en los poetas paraguayos, sobre todo en la última generación. Elinor Puschkarevich tiene algunos poemas más intimistas y sugerentes, otros tienden al tono confesional, como “Rosi, mi hermana canaria”, en el que nos presente el tema de la amistad. En los poemas de su segundo libro, vemos la preocupación por el paso del tiempo y la añoranza del ayer.
René Dávalos, que tenía solo 22 años cuando falleció, es una de las voces más prometedoras que había tenido la nueva poesía paraguaya. Muestra de ello son los pocos poemas que dejó publicados, piezas como “Ausencia”: “¡Qué sola brilla / –y qué vacilante– / mi vida en tu oscuridad!”. Algunos de sus poemas, como “Joven poeta” y “Al hermano”, hablan de la muerte como si presintiera su propio destino (“Estabas listo para morir: / el cielo como fruta madura negaba su dulzura…”). “La amada”, en mi opinión, es unos de los mejores poemas amorosos que forman parte de este volumen. René Dávalos, con solo veintidós años, podía describir de forma tan madura y reflexiva un tema muy común como el amor. Solo ya eso lo convierte en un gran poeta que merece sin duda estar en todas las antologías paraguayas e hispanoamericanas.
Otros poetas seleccionados son Carlos Villagra Marsal, Renée Ferrer, Carlos Colombino, Jorge Canese, Nila López, Amanda Pedrozo, Joaquín Morales y Montserrat Álvarez. Todos ellos ofrecen un estilo personal y sin duda merecen un estudio y seguimiento pormenorizado.
En fin, esta antología nos presenta una parte fundamental de la poesía hispanoamericana, el capítulo que faltaba por conocer.


C.D.L.



Otras noticias sobre la antología:








viernes, 14 de junio de 2013

Elvio Romero, poeta paraguayo

             
Cuando hablamos de poesía paraguaya, lo primero que nos viene a la mente es el nombre de Elvio Romero. Quizá el poeta más conocido fuera del Paraguay.
Elvio Romero nació en Yegros el año 1926. Las mañanas de su niñez las pasaba feliz, con un bigote de espuma de leche en su sonrisa, de leche recién ordeñada por su madre. En las siestas solía recorrer los campos, con una hondita en la mano, buscando algún nido de tórtola. Por las noches se reunía con otros niños para contar historias del pombero y jasy jateré. Ya de niño, cuando apenas sabía leer, se aprendió de memoria algunos poemas de Rubén Darío, Amado Nervo,... Eran poemas que venían en los periódicos dominicales y que su madre recortaba para luego pegarlos en un cuaderno. Elvio recitaba los poemas mientras acompañaba a su padre en el trabajo. Su padre era un santero, tallaba imágenes de santos en madera. Su padre era también dueño de un tiovivo. Podemos decir de Elvio que su madre le hizo poeta.
Elvio Romero, que siendo aún niño sintió el aliento de la Guerra del Chaco y vivió en carne y hueso la Guerra Civil paraguaya, allá por el año 47 y tras aquella revuelta, sediento de libertad cruzó el Chaco en plena canícula, a pasos apresurados, camino del exilio, en tierras argentinas. Un exilio que iba a durar muchos años. Él aún no sabía que su destino era ser un caballero andante, un caballero «contra la vida quieta», como diría Rafael Alberti en un poema que le dedicó. Alberti le ayudó para publicar su primer libro, Días roturados (1948). Aún no sabía que su destino, era el de ser un gran poeta paraguayo. A su primer libro le seguirían otros como Resoles áridos (1950), Despiertan las fogatas (1953), De cara al corazón (1961), Los innombrables (1970), entre otros.
Elvio Romero conoce al poeta revolucionario Julio Correa, quien le dice que tiene un gran talento y le anima a seguir escribiendo.
Elvio lee a Rafael Barret, cuyo anarquismo humanitario le es toda una revelación. De Barrett aprende a observar la sociedad que le rodea con reflexión crítica. Sabe lo que quiere, se instruye, porque está llamado a ser la voz más representativa de la lírica paraguaya.
Elvio ya de niño amaba la libertad, por eso quería ser como los carreteros que conducen holgadamente las carretas, cuyas enormes ruedas van girando perezosamente.
Luego descubrirá los poemas de Miguel Hernández, poeta a quien veneraba mucho y sobre quien escribiría un ensayo biográfico, Miguel Hernández. Destino y poesía.
En la carrera de Elvio Romero fueron decisivos los poemas que su madre recortó y que él leyó, porque lo importante en la vida es lo que descubrimos en nuestra infancia, eso nos marca. Pero también fue fundamental el destierro, que le ofreció una perspectiva distinta de su país. Sin el exilio no hubiese conocido a Rafael Alberti, a Nicolás Guillén y a otros poetas, por tanto no publicaría o no tendría el éxito que tuvo su primer libro de poemas, un libro que le bastó para hacerse un sitio en la literatura hispanoamericana.
En el año 1991 le concedieron el primer Premio Nacional de literatura paraguaya. Un galardón, sin lugar a dudas, muy merecido. Murió en Buenos Aires el 19 de mayo del 2004, año que en todos los diplomas que expedía el MEC ponía: «Homenaje al poeta Elvio Romero.»

Tierra

Aquí te he visto, tierra,
vuelta furor, solar magulladura,
hoyo mortal, fogata mortecina,
lívida ojera,
pozo embravecido!

Para ser planta tuya,
grano en tu surco o llama en tus tizones,
habrá que andar con ojos desvelados,
hacer temblar los quicios de la sangre,
desollar con las uñas temporales,
vestirse de estridencia,
cazar rayos.

Solo por merecerte:
esplendorosa médula del fuego,
cuerpo inflamado,
diapasón de un trueno!
                       
                        (Despiertan las fogatas, 1953)


Un relámpago herido

Fue un relámpago herido, fue un serrano
relámpago en la piel esa corriente
de rumor imantado y sonriente
fertilizada al roce de la mano.

Fuera un error desatenderlo, un vano
tesón no asir esa atadura ardiente,
como si fuese a rechazar de frente
su propio ardor la tierra en el verano.

Fuera en vano evitarlo; quedaría
sobre toda la piel la tostadura
de una llaga solar jamás curada.

No tuviese la mano esa alegría
de germen y de afán de sembradura
con que la tuya la dejó quemada.

(Un relámpago herido, 1967)