Mostrando entradas con la etiqueta José Luis García Marín. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta José Luis García Marín. Mostrar todas las entradas

lunes, 26 de febrero de 2018

Un lector aforista

           
Los buenos aforismos, como el vino, maduran con el tiempo, se quedan en nuestra memoria y nos siguen gustando. A veces, pasan a ser refranes que cita la gente, y en este caso, se olvida al autor. No podemos negar que un buen aforista ha de ser un gran escritor, con una pizca de filósofo, otra de poeta y, fundamentalmente, un gran lector. Estos tres requisitos cumple en gran medida el crítico y poeta José Luis García Martín, que ha reunido en Todo lo que se prodiga cansa (La Isla de Siltolá, 2017) una selección de los aforismos que estaban desperdigados desde hace décadas en sus libros y en sus reseñas. Ya en Días de 1989, su primer tomo de diarios, podemos encontrar gran cantidad de frases, paradojas, juegos de ingenio, versos memorables, reflexiones; todo productos de una mente lúcida y ácida al mismo tiempo. Me viene a la memoria ahora un ejemplo: “Amores: imposibles, que son los que menos cuestan y los que producen más rendimiento literario”.
            Todo lo que se prodiga cansa es un título que resume un toque característico del autor: experto en falsas modestias y en reírse de sí mismo. Experto además en tirar piedras contra su propio tejado, pues cómo es eso que siendo García Martín, crítico temido y admirado, pueda decir que “Nadie verdaderamente inteligente se dedica a la crítica”. Vea el lector que esta afirmación es solo una muestra más de la falsa modestia del autor.
Decía más arriba que Todo lo que se prodiga cansa es solo una selección de los aforismos del autor seleccionados por sus amigos. No es una selección exhaustiva. Pienso que García Martín ha querido dejar fuera algunos para que sus lectores los encuentren. Y es que sabe muy bien que nada gusta más al lector que encontrar entre las páginas de prosa una frase brillante que nos descoloque, que nos impresione, que nos obligue a detenernos un rato, que nos obligue a pensar. ¿Quién no ha subrayado alguna vez una frase que a simple vista parece ser una más del montón, pero que al leerla reluce con una luz distinta a las demás? La subrayamos para que quede en nuestra memoria y nos ilumine un poco más.
            Estos dos últimos años no han sido especialmente descansados para mí, que no cuento con tiempo suficiente para enfrentarme a un libro que requiera un tiempo más prolongado para su lectura. Por eso un libro de aforismos puede saciar mi sed de lecturas cuando mi responsabilidad paternal y de estudiante me obligan a administrar a rajatabla cada hora de mi vida.  
Todo lo que se prodiga cansa, un volumen ideal para casos como el mío, es una amalgama en la que podemos encontrar una reflexión sobre poesía, crítica, viajes, libros, amigos, amores, etc. O simplemente un poema en forma de aforismo: “Una pluma en el viento: muerto el pájaro, no muere el vuelo”. Una paradoja: “Nunca se vuelve al punto de partida; ni siquiera después de dar la vuelta al mundo”, etc.
En esta preciosa edición –La Isla de Siltolá siempre publica bellas ediciones– podemos encontrar lo que buscamos. O como diría García Martín, hojeamos un libro de aforismos para que un aforismo nos encuentre.
            Si quien muchos libros ha leído ha vivido muchas vidas, tantas vidas como un viejo gato o como Matusalén tiene entonces García Martín. Cada semana, desde hace más de cuarenta años, comenta un libro, sin faltar ni una sola vez a la cita con sus lectores. En su caso, la literatura, y sobre todo la lectura, le ha conferido una salud de hierro. De ahí que en Todo lo que se prodiga cansa, las secciones que más destacan son precisamente las dedicadas a “Poesía y poetas” y “Acerca de la crítica”. De estas secciones compartimos los siguientes aforismos:
“Solo cuando llegamos al último verso del poema comienza el camino que lleva a la poesía”.
“La poesía, como la línea del horizonte, está siempre a la vista pero nunca al alcance de la mano”.
“La poesía nos abre los ojos, incluso cuando parece adormecernos la melodía del verso, nos muestra lo que no queremos ver, añade veneno al veneno del vivir. Es un poco de silencio en medio del estruendo del mundo o una caricia que esconde un puñetazo”.
“Sin capacidad de entusiasmo no hay buen crítico; sin un punto sadismo, tampoco”.
“Destrozar de vez en cuando un libro mantiene en forma al crítico”.
“Las obras maestras las terminan de escribir los críticos”.
“Para el buen discípulo no hay mal maestro”.
“Aprender a escribir es casi tan difícil como aprender a leer”.
“Solo me interesan los autores que, creyendo contar su vida, cuentan la mía”.

viernes, 16 de diciembre de 2016

Jugar con fuego


 
Me preguntan qué libro publicado en este 2016 merecería ser destacado. Entre las mejores publicaciones del año, yo destacaría principalmente la recuperación en facsímil de los once números de la revista Jugar con fuego (Ediciones Ulises, 2016). Todos en un solo tomo. Una revista de poesía y crítica literaria, fundada y dirigida durante los años 1975 y 1981 por el poeta y crítico José Luis García Martín (Aldeanueva del Camino, Cáceres, 1950).
            Como una especie de Feijoo, radicado en un rincón de Avilés, se mantuvo al tanto de todas la novedades literarias. Para ser más exactos, no solo dirigió la revista, sino que escribió en gran medida todo el contenido, especialmente en los primeros números. Pero la parte crítica, que era (y sigue siéndolo hoy) la más destacada, estuvo íntegramente a cargo del genio de García Martín. Las reseñas llevaban la firma de Alfonso Sanz Echevarría y Bernardo Delgado, dos de los heterónimos del José Luis García Martín. Al principio nadie sabía que esos dos nombres eran los heterónimos de García Martín, un escritor pessoano, capaz de imitar los estilos de cualquier poeta. Un poeta camaleónico. Por suerte, hoy tenemos la ventaja de contar con las aclaraciones de Pablo Núñez, que hace la introducción del facsímil, para evitar hacernos un lío con los pseudónimos, lío que seguramente tuvieron los lectores de los años 70.
            La crítica de García Martín en estos últimos cuarenta años de poesía española se ha vuelto no solamente válida y objetiva, sino necesaria para el lector y también para el escritor mismo. Jugar con fuego quizá sea la obra maestra de García Martín. En ella se hizo conocer el primer libro de Víctor Botas y estudios sobre la poesía de autores del 50 y del 70 (como Ángel González, Ángel Crespo, José Ángel Valente, Francisco Brines y tantos otros) que forman parte ya de la historia de la literatura española contemporánea. Pero además en sus páginas aparecieron los poemas de Juan Luis Panero, Juan Gustavo Cobo Borda, José Kozer, etc.
            En el epílogo del facsímil, García Martín confiesa: «En Jugar con fuego, una revista que no dependía de nada ni de nadie, jugué a decir lo que muchos pensaban pero nadie decía, o solo lo decían en voz baja y entre amigos» (pág. 785). Lo cierto es que García Martín es uno de los últimos de su especie, un crítico valiente, de los que no venden gato por liebre al lector. Por eso es uno de los críticos más admirados (y temidos) de España. Con Jugar con fuego empezó todo y sus páginas siguen encandilando al lector de hoy en día. Como ayer mismo.

viernes, 5 de agosto de 2016

Un autor inédito: Carlos García Llera

Estas vacaciones de verano las estoy aprovechando para ayudar a la catalogación de la correspondencia que José Luis García Martín ha donado a la Biblioteca “Ramón Pérez de Ayala” de Oviedo. Son más de seiscientos corresponsales. Mi labor consiste en sintetizar los datos literarios. En este tipo de trabajo, descubres mucho más de lo que realmente son los escritores. En las cartas se sinceran y dicen lo que piensan sin máscaras. Una oportunidad que estoy aprovechando al máximo. Es un lujo leer, por ejemplo, una carta de Vicente Aleixandre o una de Eugénio de Andrade o de Dionisia García y de tantos otros escritores con los que García Martín ha mantenido correspondencia desde comienzos de los años setenta. Por suerte, cualquier investigador lo podrá hacer ahora. Solo necesitará pedir permiso al bibliotecario para acceder a la sección “Biblioteca José Luis García Martín. Poesía española siglo XX”.
Hay mucho que descubrir en esta correspondencia. De todas las cartas que hasta ahora he leído, la que más me ha llamado la atención, las que más me ha alegrado encontrar lleva la signatura "Mss 232" y está firmada por Carlos García Llera.
En su carta, mecanografiada, de 1996, menciona que había oído el nombre de José Luis García Martín leyendo un artículo de Juan Manuel de Prada. Luego averiguó su dirección y le escribió esta carta, realmente entrañable. El segundo párrafo resume su vida y un sueño conquistado, que podría devolvernos la sonrisa. Dice: “Permítame un brevísimo curriculum vitae: Tengo 86 años. El año pasado aprobé el ingreso a la Universidad para mayores de 25 años y, a continuación, obtuve plaza en la Facultad de Psicología.”  Un fragmento que nos saca sonrisa de la admiración.
Más adelante pide a García Martín algún ejemplar atrasado de la revista Clarín. “Lo recibiría con sumo agrado y aun con el temor de que pueda inducirme a más inertes reflexiones”, escribe. Unas líneas ante citaba a Séneca: “la búsqueda de la verdad deja extenuado al hombre. Y esa es mi frustrante pasión”. Estas palabras me recordaron a Alonso Quijano.
 ¿Quién es este escritor?, pensé. En seguida tecleé en google su nombre. No me aparecía nada. Excepto la referencia a que falleció en 2010. Pero no estoy seguro de que sea la misma persona. Ahora mismo tendría 106 años. En el remite pone que vive en la calle Pepín Rodríguez, de Colloto.
Pero su carta no era la única sorpresa para mí. El sobre guardaba otro papel que contenía unas líneas escritas con mayúsculas. Eran reflexiones, unos aforismos que me recordaron a Rafael Barrett, a Baroja, a Unamuno. Sentí la misma alegría que cuando leí por primera vez los textos del autor de Moralidades actuales.   
Las frases, que seguramente nunca se publicaron, las leí con suma admiración. Sabía que su autor era un sabio, aunque haya esperado 86 años para ir a la universidad. Cito a continuación algunos de los aforismos de García Llera:
“Hay seres que lo único que hacen en su vida es morirse.”
“Cuando el hombre no tiene nada que dar, se queda definitivamente solo.”
“El pueblo solo sirve para aplaudir al paso de las carrozas.”
“No esperes que nadie te eche una mano. Todos las tienen ocupadas en trepar.”  
“Un hombre puede recordar las cosas como fueron y como pudieron haber sido. Lo que no debe es permanecer en el pasado y ser su prisionero.”
“Los viejos nos lamentamos ante el peligro. Los jóvenes, ante las ruinas”.
García Llera había conquistado su sueño de ir la universidad, puede que no fuera su única conquista. Seguramente se trata de un escritor que nunca llegó a publicar nada. Me gustaría salir de la duda. A mí su carta y lo poco que sé de su vida me inspira y emociona. Estas cosas y más podemos encontrar en la biblioteca. Hoy tenemos más tesoros así, esperando que alguien los venga a descubrir: un autor desconocido u olvidado, un poema inédito, una frase que marca la vida de un hombre para siempre. “Al final de la vida no cuenta cuánto se ha soñado, sino cuánto se ha conquistado”.

 

Cristian David López

 

lunes, 11 de julio de 2016

Inventario de lugares propicios a la felicidad

 

El poeta y crítico literario José Luis García Martín nos ofrece una guía casi completa de dónde ser feliz en su Inventario de lugares propicios a la felicidad. Una preciosa edición preparada por una jovencísima editorial, la Fundación Newcastle, dirigida por Javier Castro Flórez.
Aunque haya recorrido medio mundo, José Luis García Martín se considera hogareño. Nunca ha estado fuera de casa más de una semana. Es lo que repite en sus diarios, que publica los domingos en El Comercio (y en su blog: http://cafearcadia.blogspot.com.es/). Y es que a él le gustan “los amores eternos que duran una noche”, o dos o tres días si no lo puede remediar.  
Inventario de lugares propicios a la felicidad recoge los lugares en los que el autor fue feliz, donde la literatura es un viaje que no acaba nunca, donde nosotros también podemos ser felices.
Sentado en una cafetería de El Fontán, de Los Prados o de las Salesas, con un libro en la mano, José Luis García Martín viaja por el mundo. Un libro siempre lo acompaña vaya donde vaya. Y es que su literatura tiene muchos caminos, muchos andares y por todas ellos el lector disfruta, sin llegar a aburrirse porque el que nos guía nos contagia su energía y emoción ante cada lugar que recorre.
            Las historias que nos cuenta de cada sitio sirven para adornar el centro de cada historia: la ciudad, un parque, un hotel, un centro comercial, etc. Al menos eso es lo que parece, porque muchas veces lo que prima es la descripción del paisaje, del escenario y no se nos cuenta todo de la historia. El narrador deja algo sin decir para que el lector se imagine lo que pueda haber ocurrido, como, por ejemplo, en “Un domingo en parque Monceau”. No sabemos si hubo algo o no entre el protagonista y la misteriosa poeta con quien se encuentra.
Antes de haber visitado el parque Monceau, José Luis García Martín ya lo había conocido leyendo a Azorín. La literatura es siempre la primera en enseñarle el mundo. Luego él lo redescubre, pero sin dejar nunca de asombrarse. Lo dice en una de sus historias que transcurre en Francia, “La lección de Baroja”: “Siempre he venido a Biarritz siguiendo las huellas de algún escritor; siempre he andado por el mundo detrás de unos pasos de tinta y de papel” (pág. 93).
La estrategia de no contarlo todo es común en García Martín. Esto también se puede apreciar en sus diarios. No pretende aburrirnos con detalles, pero a veces, nos deja con una inquietante duda. Supongo que es para mantener la expectativa y la intriga en el lector. En otras historias, aparece un personaje misterioso, del que no se nos dice nada, pero intuimos que es mejor para el misterio del relato (como en “Un café en Union Square”). Hay también historias en el que el lugar se difumina, como en “Ladrón de guante blanco” o en “Hansel y Gretel en un figón de Syros”, y en los que nos encontramos con un relato dinámico, con más acción que descripción. En ellos se ve mejor al buen narrador que es José Luis García Martín, el que podría —aunque dudo que lo quiera— escribir un bestseller, mejor aún que los mejores novelistas contemporáneos.
            Unos de los lugares favoritos en los que está feliz García Martín son los Cafés. Los cafés y la literatura tienen una relación muy estrecha desde hace mucho tiempo. Cualquier café es su lugar favorito para leer y para charlar o discutir, que es lo que más le más gusta.
            Cada lugar que se cita en este libro tiene su protagonismo. En Montealegre, descubrió un secreto, el secreto de la felicidad. Nos dice que hay lugares que nos cambian la vida. Una vez los visitamos ya no somos los mismos de siempre. En Ischia, no solo descubrió la felicidad, sino también la vio, la acarició y se acostó con ella. Génova es un lugar ideal para soñar. En Ginebra, conversa con Borges y discuten de poesía. En Venecia, su lugar favorito, como un gato más, le gusta pasear y perderse para reencontrarse. En Oviedo, sus librerías de viejo siempre le esperan. En Aldeanueva del Camino (o en Hervás), José Luis García Martín siempre vuelve a la infancia, y también en Avilés. Todas ellos son escenarios de su felicidad.
            Estos lugares en que ha sido feliz García Martín se nos presentan desde el recuerdo y por eso la realidad se ficcionaliza. La balanza entre realidad y ficción se inclina más hacia la ficción, pero el autor dota a cada historia con datos verídicos. Cita lugares que existen, escritores conocidos (Ángel González, José Luis Piquero, Abelardo Linares, etc.), algún acontecimiento histórico, etc. Todo ello hace verosímil las historias que nos cuenta. Por eso es muy fácil dudar de si lo que estamos leyendo aconteció o no. Pero una vez nos dejamos llevar por las historias, ya no pensamos en si es un hecho biográfico o una invención. Solo leemos y leemos sin parar, nos dejamos llevar como unos niños a quien se les cuenta una historia de fantasmas y aparecidos. Así pasamos de una historia a otra hasta la última página. Y nos quedamos con la sensación de que al día siguiente la historia continuará… Algunas de las narraciones de su Inventario están cerca de la magia de la literatura oral.
            Después de viajar por estas ciudades de tinta y de papel, comprendemos mejor que recorrer el mundo, como dicen los orientales, empieza con un paso. Yo añadiría, que a veces comienza con la lectura de un libro. Inventario de lugares propicios a la felicidad, de José Luis García Martín, por ejemplo.
           
Cristian David López
 

domingo, 24 de noviembre de 2013

Cruzar la Línea roja

            José Luis García Martín
            Línea roja
            Impronta, Gijón, 2013.

Cuando los libros ocupan nuestros días, la vida puede ser una soledad elegida, placentera, un acierto. «Los libros me han acompañado siempre –diría Javier Almuzara–. En los buenos tiempo, embelleciendo mi alegría; y en los malos, enriqueciendo mi soledad con otras vidas». No conozco a otro hombre cuya soledad sea más rica que la de José Luis García Martín; siempre que lo veo va acompañado, abrazado a un libro. 
Una foto machadiana de JLGM
(Maria Jesús Florez)

He cruzado la Línea roja, último diario de José Luis García Martín, que acaba de publicar la editorial gijonesa Impronta. Me sorprende la capacidad que tiene de llenar cada día de su vida con nuevas historias, y no repetirse. Y si acaso lo hace, procura que no se note demasiado.
En este diario leemos comentarios del autor sobre temas de historia, inquietudes políticas, anécdotas, recuerdos… todo ello en forma de literatura. Nos encontramos con aforismos, a veces desparramados de aquí para allá en su prosa. También reflexiones religiosas: «Dios te ama, pero hay amores que matan». El autor se nos declara ateo, pero siempre habla de Dios.
Una frase perfecta para el que es un poco veleta: «Quien solo se ha enamorado una vez no se ha enamorado nunca». Yo he perdido la cuenta de cuantas veces me ha sucedido. Pero como diría yo, un hombre que tiene un gran corazón no puede tener solo un amor, no le bastaría.
José Luis García Martín sabe cómo no aburrir a sus lectores. Antes de que nos aburramos, ya cambia de tema. Por eso nos ofrece, en cada fecha, una entrada distinta. Cada una de ellas tiene nombre y apellido, y no todas las entradas siguen el mismo esquema. A veces podemos encontrarnos con una series de haikus, que suele escribirlos cuando se aburre: «Ese ladrón / cada día que pasa / roba un día». Al comienzo del libro ya nos advierte que podemos leer el libro de dos maneras: «Comenzando por cualquier parte o comenzando por la primera página. Ambas maneras resultan igualmente válidas».
Al leer Línea roja parece que estamos leyendo varios libros a la vez: uno de poesía, de ensayos, de relatos, de historias…
            La literatura de este escritor, como la de todos, es tradición. Y la historia de la literatura es la historia de la vida de José Luis García Martín. De la literatura hace su cada día. Pero el diario es solo la forma que utiliza García Martín para volcar en ello toda su literatura.
            Quien cruce por la Línea roja comprobará que es una antología literaria, y al cruzarla ya no habrá marcha atrás.

martes, 2 de julio de 2013

José Luis García Martín, animador y desanimador literario

 Antes de conocer personalmente a José Luis García Martín, ya le iba conociendo a través de la lectura de sus poemas, de sus reseñas, de sus diarios (publicados los domingos en La Nueva España). Más tarde, invitado por José Ángel Gayol, me acercaría a la Tertulia Oliver que García Martín presidía los viernes por la tarde en un café, hoy día cerrado, de la calle el Rosal. Desde aquél entonces, no pararía yo de asistir a sus tertulias, eran ya para mí un nuevo hogar. Uno aprende mucho con José Luis García Martín.  Es un gran maestro para todos los que nos acercamos a escucharle. Con él se puede hablar casi de todo, hasta de fútbol.
José Luis García Martín, nació en Aldeanueva del Camino, Cáceres, el año 1950. Es poeta, crítico literario, diarista, editor, profesor de la Universidad de Oviedo y director de Clarín. Revista de nueva literatura. Y forma parte del jurado del Premio Príncipe de Asturias de las Letras.
Aunque es extremeño, de niño se trasladó con sus padres a Asturias para residir en Avilés. Años después se trasladaría a Oviedo, donde actualmente vive, trabaja y realiza toda su labor literaria.
Es un autor muy prolífico y uno de los críticos más respetados en España. Entre sus libros más recientes, podemos citar: Mudanza (2004), La aventura  (2011), Arena y nada. Poemas de vario tiempo y lugar (2011). En narrativa Las noches de verano (2011) y Enigmas con jardín (2012), entre otros.
En una de sus tertulias le había escuchado decir: “En literatura, como en cualquier otra actividad, todo lo que no es necesario estorba”. Tenía razón con este aforismo. Muchas veces me he preguntado qué sería de la literatura sin JLGM (como le gusta firmar), y de él sin la literatura. Sin duda alguna, hacen una muy buena pareja.

1- Eres crítico literario y poeta. ¿Crees que hay alguna dificultad en ser ambas cosas?

No sé si hay alguna dificultad. Sé que escribir reseñas, prólogos, participar como jurado en premios literarios, actividades todas ellas propias de los críticos, es algo que suelen hacer casi todos los poetas. La dificultad me parece que está en ser buen crítico o buen poeta, tanto si ambas actividades se dan en una misma persona como si no.

2- ¿Se puede ser un buen poeta y  un mal crítico literario?

Por supuesto. Pero resulta más frecuente que los malos críticos literarios, si además son poetas, sean malos poetas.

3- ¿Recuerdas a qué edad empezaste a escribir poemas?

Me imagino que a los trece o catorce años, cuando comencé a estudiar literatura en cuarto de bachillerato. Fui un lector precoz, pero no un poeta precoz. Recuerdo que el primer poema lo publiqué en la revista del instituto Carreño Miranda a los diecisiete años. Un compañero de entonces, al que me encontré años después, se lo sabía de memoria y me lo recitó. Era un villancico y decía más o menos así:
Lluvia fina, breve,
con alma de nieve.
Lluvia en los caminos,
desiertos, perdidos.
Lluvia por las calles,
desiertas, sin nadie.
En los campos lluvia,
lluvia y soledad.
En los campos lluvia,
lluvia en la ciudad.
Navidad.
Se ve que el tiempo de entonces en Asturias era muy parecido al de ahora.

4 - Para escribir buena literatura ¿es necesario tener mucha experiencia en la vida o solo es necesario devorar libros?

Son necesarias ambas cosas. Hace falta haber vivido y haber leído (no confundir con “haber bebido”).

5-  Hay una pregunta que has hecho a otros poetas en el libro Las voces y lo ecos, y que me gustaría hacerte a ti: « ¿Qué autores consideras que han influido más decisivamente en tu formación literaria? Con otras palabras, ¿en qué tradición poética te parece que se inserta tu obra?»

Supongo que el que más ha influido es Antonio Machado, el primero cuya poesía leí completa.  Todavía conservo el ejemplar de la colección Austral que compré a los catorce o quince años. Creo que se trata del primer libro de literatura adulta que compré con mi dinero. Luego están los clásicos españoles, especialmente Fray Luis de León y Quevedo. Y también Fernando Pessoa, leído algo más tarde. Y tantos otros.

6- La tertulia Oliver se realiza los viernes, lleva años. A ella va todo tipo de gente. Algunos la frecuentan durante un tiempo  y luego dejan de ir. ¿Crees que cuando uno deja de ir a la tertulia se aleja de la literatura? ¿Te sientes un animador literario?

Sí, tertulia lleva ya bastantes años. Comenzamos a reunirnos allá por 1980, cuando el mundo era otro y la mayoría de los contertulios actuales no habían nacido. Ha pasado mucha gente por ella y bastantes de ellos son poetas que tienen un sitio en la poesía española contemporánea: Víctor Botas, Xuan Bello, Lorenzo Oliván, José Luis Piquero, Pelayo Fueyo, Javier Almuzara, Silvia Ugidos, Marcos Tramón, Martín López-Vega… No todos los que se alejan de la tertulia es porque se alejen de la literatura. Unos lo hacen porque cambian de residencia y otros porque cambian de estado civil. Y algunos porque se cansan de mí, que hasta el momento soy lo único que no cambia.

7- Tengo entendido que los premios literarios para ti no son importantes, pero ¿te gustaría o crees que podrías algún día ganar el premio Cervantes?

No, no creo que lo pueda ganar algún día. No me veo yo de vieja gloria venerable. Yo he dicho más de una vez que me gustaría merecer todos los premios (soy así de vanidosamente ambicioso) y no ganar ninguno. Lo primero lo tengo difícil, pero lo segundo creo que, con un poco de esfuerzo y algo de suerte, voy a conseguirlo.

8- ¿Cómo describirías a Pablo Neruda y a Jorge Luis Borges, dos poetas contemporáneos que parecen opuestos? ¿Qué crees que tienen en común?

Tienen en común lo más importante: ser grandes poetas.  Yo admiro a ambos, pero de Neruda me quedo con el diez por ciento de lo que escribió, mientras que de Borges lo aprovecho todo.

9- Alguna vez he leído, no sé si en tu diario o en algún artículo tuyo, que no te gusta leer novelas. ¿Es cierto? ¿A qué crees que se debe?

Con las novelas he disfrutado mucho, desde aquella lectura absorbente de Dos años de vacaciones, de Julio Verne, la primera novela que me entusiasmó, hasta Proust o Simenon. Le tengo mucho cariño a Stendhal y a Galdós, a Tolstoi y a Eça de Queiros y a muchos otros (y a alguna otra) que me dieron tantas horas tan felices. Pero últimamente las novelas me aburren cada vez más. Incluso las novelas negras que antes leía con tanto gusto. Ahora prefiero esperar a que hagan la película. Las novelas de entretenimiento no me entretienen y las otras me parece que están sobrevaloradas. Bueno, también hablo siempre mal de las novelas porque es el género porque el más apuestan los editores y los críticos y a mí me gusta llevar la contraria.

10- Sabemos que eres un aventurero, un gran viajero que escribe en su diario sobre todo aquello que descubre. Has visitado muchos países y ciudades, y algunos de Latinoamérica. Pero Paraguay no, ¿alguna vez tiene prevista hacerlo? Creo que tendrías mucho que contar sobre ese país, ¿te gustaría visitarlo?  

Si piensas que soy un gran aventurero es que me conoces poco. Soy la persona más rutinaria del mundo. Lo que ocurre es que pienso que las ciudades pequeñas hacen las mentes pequeñas y yo siempre he vivido en una ciudad pequeña. De vez en cuando me doy una vuelta fuera para evitar ese efecto de provincianismo. Pero lo que más me gusta es volver. Y hacer lo mismo todos los días. Por supuesto que me gustaría visitar Paraguay y espero encontrar en algún momento un pretexto para hacerlo.

11- ¿Alguna recomendación para los que empiezan a escribir poesía?

Que lean cien poemas de otros tantos grandes poetas antes de escribir uno propio. Y que rompan mucho (o que den a la tecla de borrar sin piedad alguna por sus ocurrencia versificadas). Una buena norma es eliminar nueve por cada diez que escriban (aunque, en algunos casos, mejor sería que la aplicaran al revés: que borraran diez por cada nueve que escribieran). Yo creo (aunque estas son cosas que no se deben decir en público) que al joven poeta (lo mismo que al que ya no es joven) no hay que ponerle las cosas fáciles. Poetas siempre ha habido demasiados. Lo que suele escasear es la poesía. Poner obstáculos es lo más pedagógico y beneficioso socialmente que se pueda hacer. Para que solo persistan los mejores y el resto se dedique a otras actividades menos enfadosas. Lo malo es que los que persisten, inasequibles a cualquier desaliento, solemos ser los peores.