viernes, 12 de febrero de 2016

"La patria del hombre" en EsAsturiasTV

En el programa "Magazine Y" del canal "EsAsturiasTV", Leo Prado ha recomendado libros de Paul Auster, Beatriz Rodríguez y Rafael Chirbes, y además ha tenido la generosidad de dedicar unos minutos a La patria del hombre (hacia el minuto 53). Ha sido una agradable sorpresa para mí. Muchas gracias. 

sábado, 9 de enero de 2016

Sin sueño y sin pan

           
            Soy un amante del pan, de la "galleta", como decimos en Paraguay. Siempre que voy a la panadería compro dos, uno para casa y el otro para comerlo de camino. Y es que el primer arma para defender la vida es el pan. Una amiga paraguaya, que también vive en Oviedo, me envía un pan casero que ella misma ha hecho. Mientras preparo una pava de cocido negro, pruebo un trozo, y en ese mismo instante, su aroma ha despertado en mí un recuerdo que creía olvidado, que pensaba enterrado por miles de lunas y que en alguna ocasión solo era un sueño. Eso creía. Pero como por arte de magia, me lleva este aroma al año 1994, y a un pueblo llamado Nueva Esperanza (Caaguazú). El sol está punto de ponerse. El niño que fui recorre un tape po'i (o sendero) que cruza como un arroyito en medio de naranjos, limoneros, paraísos, entre oscuros árboles de níspero. Voy conducido por el mismo aroma que ahora siento. Me lleva hasta una silenciosa casita de madera y techo de pajas de estero. La casita está escondida en medio de unos árboles de moras, cuyos frutos estallan al caer y dibujan en la negra tierra estrellas moradas. El aliento del pan me detiene junto a una puerta entreabierta de donde viene el aroma. Una anciana sale a recibirme con un dorado pan en las manos. Ni una palabra me dice, solo sonríe. Yo le digo "Dios te lo pague". Vuelvo a casa sin fijarme en las negras sombras que van creciendo a mi alrededor como un futuro que pronto me va alcanzar, acaso para devorarme. Pero yo sigo caminando, sintiendo el cálido pan entre mis pequeñas manos de niño hambriento.
            No tengo miedo, llevo un arma en las manos para defenderme. Al menos por este día, pienso.
            El primer arma para defender la vida es el pan. Cuántos hombres y mujeres, niños y niñas, viven sin su pan para protegerse. Cuántos, en este año que empieza, caminarán mendigando por nuestras calles. Cuántos dormirán sin cama, sin sueños, porque hasta los sueños les hemos negado. Cuántos jóvenes de mi tierra dejarán sus estudios y su casa familiar para buscarse el pan fuera del país en este año que empieza con el agua hasta el cuello.  

sábado, 2 de enero de 2016

Las costumbres vacías - Sara A. Palicio


    En los Siglos de Oro, en el Romanticismo y hasta el Modernismo, el verso era la forma que utilizaban los dramaturgos para escribir sus obras. Aunque no todo lo que se escribía en verso es poesía, el hecho de utilizar el verso hizo que el teatro tuviera una estrecha relación con la poesía, al menos en lo que se refiere a la música y al ritmo.
     Sara A. Palicio (La Felguera, Langreo, 1991) acaba de publicar  Las costumbres vacías (Trabe), su primer libro de poemas, que mereció el Premio de Poesía Asturias Joven 2014. En este volumen, la poeta hace especial homenaje al teatro, ese maravilloso género que durante siglos llenó nuestra conciencia de poesía. El lector se quedará sorprendido ante una obra en la que se nota que la autora se ha dedicado a depurarla hasta reducirla a lo esencial, y en el que en los títulos aparecen los rasgos del mundo del teatro: «Solo el autor», «Dramatis personae», «Actos de ausencias», «Acotaciones» y «Solo el poeta».
     Los poemas que más nos conmueven son los de tinte autobiográfico, como el entrañable poema «La espera», inspirado en la madre ausente pero presente al mismo tiempo en el recuerdo. Destacan los temas amorosos y los que cantan, de alguna manera, al cuerpo, como «Pequeña poética ausente», «Fracciones en un punto» o «Filemón a Baucis». Asimismo sobresalen los poemas breves (algunos irónicos) que llevan como título principal «Acotaciones». Véanse las definiciones de «Infancia» («Emulación de uno mismo / en cualquier circunstancia / feliz y momentánea») o «Amor» («Dolor intenso y punzante. / (A combinar con otros fármacos)».
    La poesía de Sara A. Palicio se inspira en una tradición que incluye a los mejores maestros, desde Borges, Lorca, Blas de Otero, Vallejo hasta los más contemporáneos, como García Montero, Julio Rodríguez, Martín López-Vega...
    Quien se adentre en estos poemas se encontrará con una voz que busca transparentarnos para salir de ella con la sensación de haber leído la vida misma. Y es que acaso lo que nos enseña Las costumbres vacías es que el teatro y la poesía alimentan nuestros sueños, deseos, miedos, recuerdos, nuestra vida entera, en la que todos tenemos un papel y en el que todos somos protagonistas de nuestras costumbres, las que nos dicen realmente quiénes somos.
               
                                                                     [Reseña publicada en la revista Anáfora, nº 6]

sábado, 26 de diciembre de 2015

La luz de Rafael Barrett

El pasado 17 de diciembre se cumplían 105 años de la muerte de Rafael Barrett. Conocí su figura ya en España, cuando tuve la ocasión de poder acceder a libros que en mi patria no tenía. En una antología de literatura paraguaya, había un artículo suyo titulado “Emigración”. Hablaba en él de cómo los paraguayos se están yendo a otros países. “El Paraguay ofrece un ejemplo único –escribe Barrett–; es un país americano que se despuebla”. Si ya en julio de 1910, la gente salía de Paraguay, es que hoy no ha cambiado nada. Cuánta gente necesitada abandona Paraguay, “el país más feliz del mundo”. Yo había hecho lo mismo que los paraguayos de principio del siglo XX.
El artículo me había maravillado y tuve que conseguir otro libro suyo, El dolor paraguayo, que él mismo había preparado pero que no llegó a verlo publicado. Libro que describiría, como ningún otro escritor lo hizo antes, la desilusión, la pena y el dolor de nuestra gente.
Después fui indagando sobre su obra y vida. Leí el libro de Gregorio Morán y allí descubrí a Vladimiro Muñoz, el primer biógrafo de Barrett.  Muñoz es natural de una ciudad asturiana llamada Gijón, a 30 kilómetros de Oviedo, donde vivo.
Desde aquella primera lectura fui buscando más obras suyas. Y un día, José Luis García Martín me regaló las Obras completas de Rafael Barrett. Su lectura me fascinaba, me iba alumbrando. Su punto de vista era original porque decía tanta verdad. Todo su texto es resultado de una reflexión muy humana y de elevada cultura.
Barrett, como el Cid campeador, se exilió porque fue calumniado y, como Apolonio, intentó perderse por el mundo. Y la misma frase que cierra aquel primer artículo que leí se podría decir aplicar a él: “El derecho supremo es vivir, y cuando no se puede vivir en un sitio, el deber supremo es irse a vivir a otra parte”. Él había hecho exactamente eso cuando se marchó de Europa. Pisó tierra paraguaya, como quien llega a su casa después de un largo viaje. Allí aprendió de los más pobres la nobleza y por los pobres fue aceptado como un hermano más.
En Hispanoamérica se hizo escritor, maestro, proletario, agrimensor, sindicado y padre de familia, además fundó el semanario Germinal, en honor a Zola. En el Paraguay, Barrett es considerado el padre del pensamiento crítico, impulsor del periodismo objetivo, realista, porque, como diría él, para decir la verdad “cualquier boca sirve”. Como los de Zola, sus escritos fueron el arma con que defendía a los de abajo. Sin temblarle el pulso, revelaba las injusticias y abuso del poder y los acusaba públicamente.
De alguna forma me sentí en deuda con él. Es verdad que en Paraguay han publicado sus obras completas, han creado un premio literario de ensayo que lleva su nombre y tantos otros honores. Pero en España, como paraguayo, sentí la necesidad de hacerme un alumno suyo, su lector. Fue el mejor favor que me pude hacer.   
En una conferencia del 2013 en la universidad de Oviedo, Antonio Muñoz Molina había dicho que “en una democracia escribir en libertad no supone valentía. Donde se es valiente es en una dictadura.” Sus palabras me hicieron recordar a Barrett. Él sí fue un escritor valiente por antonomasia. Había denunciado sin miedo en sus escritos la barbarie a la que estaba sometido el pueblo paraguayo, sobre todo los abusos y la esclavitud que sufrían los obreros en los yerbales. Además, quizá fue el primer escritor en defender a la mujer en la sociedad paraguaya. En su artículo “Oro sellado” podemos leer esa defensa:
 
“Aquí las valientes, las que trabajan, son sobre todo las mujeres. Son ellas las que afrontan, indefensas, la dura realidad. Son ellas, heroicas, las que despiertan la fecundidad de los campos, las que preparan lo indispensable a la vida, el pedazo de pan, el jarro de leche, la legumbre y la fruta; las que hilan y tejen y cosen; las que tienden al dueño de su alma el limpio lecho, y no se atreven a despertarle, y le espantan las moscas. Hambre, dolor, incertidumbre, soledad, guardan todo lo malo para ellas. Placer, orgullo, mesa y techo y ropa seguros, y algún dinerito para divertirse, todo lo bueno lo reservan para ellos, hijos, hermanos, esposos. Pero en verdad que son tan sólo hijos suyos y hasta la muerte. En verdad que estas mujeres amamantan a su patria”.

Leer a Barrett es un placer exquisito. Uno tiene la sensación de que de cada artículo suyo que lee sale más sabio. Barrett es un maestro de todos los tiempos, de todas las generaciones. Él fue el primer ilustrado, una especie de guerrero de la luz, que nos sacó de la oscuridad, de la ignorancia en la que vivíamos los paraguayos.
Barrett era pura idea, pura razón, infatigable y brillante. Sus ideas creadoras nutren, ennoblecen y fecundan hasta hoy día el pensamiento. Hoy y siempre la luz de su inteligencia nos seguirá iluminando.

miércoles, 2 de diciembre de 2015

José Luis Morante lee "Permiso de residencia"

No hace una semana que apareció publicado mi libro de poemas Permiso de residencia en la editorial sevillana La Isla de Siltolá. Hoy hace justamente ocho días que me llegaron a casa los ejemplares llenando de alegría cada rincón de mi hogar. Hoy también recibo la primera crítica sobre este libro. Es una reseña de José Luis Morante, poeta y crítico literaria que siempre acoge con buenos ojos a los poetas que estamos adentrándonos al mundo literario. Se puede leer su reseña en el siguiente enlace: http://puentesdepapel56.blogspot.com.es/2015/12/cristian-david-lopez-permiso-de.html

sábado, 28 de noviembre de 2015

Permiso de residencia

Acaba de publicarse mi libro de poemas La patria del hombre en la editorial Sevilla La Isla de Siltolá. Posiblemente estará en las librerías a mediado de diciembre; también se puede descargar en formato ebook.


sábado, 21 de noviembre de 2015

La ausencia de la literatura paraguaya en España


 
“¿Por qué sabemos tan poco de Paraguay? ¿De literatura paraguaya?” es una de las preguntas que me hicieron no hace mucho en Gijón (Asturias). Intuía que esa era la pregunta que no podía faltar en la presentación de un libro paraguayo. No sabría explicarlo con certeza, pero lo voy a intentar.
            No sé si es por falta de apoyo de las entidades gubernamentales, encargadas de representar al país en el exterior, o por la falta de interés de los lectores y editores españoles. Porque no es que en Paraguay no tengamos buenos poetas, buenos narradores, buena literatura en general.
            Contamos con una gran cantidad de excelentes escritores que han publicado libros que se están leyendo en los países latinoamericanos. Son muchos los nombres nuevos que llaman mi atención ahora mismo: autores como Mónica Laneri, Sebastián Ocampos, Christian Kent, Mónica Bustos.. Pero también están los que pertenecen a una generación anterior sin los que no sería posible entender la literatura paraguaya del siglo XX, voces como la de Renée Ferrer, Susy Delgado, Feliciano Acosta, Osvaldo González Real, Víctor Casartelli, Rubén Bareiro Saguier y tantos otros que merecen sin duda estar y destacar en el mundo literario internacional.
Pero en España a todos ellos se les ignora casi por completo. Es muy difícil encontrar libros paraguayos en las librerías españolas. Recuerdo que, cuando yo llegué a España en el 2008, tuve la ocasión de acceder por primera vez a una biblioteca y de leer la más variada literatura. Siempre que podía buscaba un libro de autores paraguayos, pero no los encontraba.
Enfada un poco cuando se publica una antología de poesía o narrativa latinoamericana y no se incluye a escritores de mi país. ¿Acaso los antólogos no miran más allá, más al fondo, en los más profundo de América Latina, al corazón? Yo no sé qué decir. “Es un país y una literatura bastante ignorada, los críticos no miran hacia ella”, suelo pensar.
En estos quince años, solo se ha tenido noticia de dos publicaciones importantes en España. Uno, la antología Contra la vida quieta, de Elvio Romero, el poeta paraguayo más internacional, publicado por la editorial Candaya en el 2003. El otro, quizá la que yo más esperaba y que me ha hecho feliz, fue la antología La poesía del siglo XX en Paraguay (Visor, 2014) [y comentada en este blog], preparada por Mar Langa Pizarro.
¿Mostró algún interés por estas maravillosas publicaciones la sociedad paraguaya que vive fuera y dentro del Paraguay? Me temo que no. ¿Las han recibido con orgullo? Lo dudo.
Hace bastante tiempo que he llegado a la conclusión de que el boom de la literatura paraguaya debe nacer de la mano de los propios paraguayos y paraguayas. El interés debe empezar en ellos. La mayoría de los libros de autores extranjeros que se publica en España fueron primero muy bien recibido y leído con interés en el país de origen, en cierta manera fueron bestsellers. El mercado español se fija en ese detalle fundamentalmente.
Suena utópica la idea de que los paraguayos que vivimos en el extranjero tengamos interés por adquirir los libros de autores de nuestra tierra. Pero cuánto impulso daríamos a las editoriales paraguayas, a nuestros autores y autoras con nuestras lecturas. Daríamos voz, nuestra voz, nuestro acento, daríamos vida a una literatura enmudecida por el desinterés. Que las embajadas  y las asociaciones en los distintos países se encarguen de organizar actividades literarias, que promuevan presentación de libros, que formen bibliotecas, que financien publicaciones de libros paraguayos en los demás países. ¡Qué cosa tan noble sería eso! Es lo que deberían hacer para “promocionar lo nuestro”, nuestra cultura.

               

 

lunes, 16 de noviembre de 2015

Lorenzo Roal lee "La patria del hombre"

        Lorenzo Roal, joven poeta y director de la Revista Maremágnum, había reseñado en su blog "La patria del hombre" y yo ni me había enterado. Acabo de leerlo. Su comentario me ha alegrado el día y no sabe de qué manera. Me honra.
       Se puede leer la reseña en: http://trayectosdepapel.blogspot.com.es/2015/10/la-crudeza-del-mundo-en-los-ojos-de-un.HTML

martes, 10 de noviembre de 2015

Museo James Joyce


Busco el Museo James Joyce. Recorro las calles Street Parnell y Street Summerhill. Entre la brisa flora un aroma conocido, “Oh María, mi dulce María”, pienso y suspiro. Dejo que entre un poco en mi alma los átomos que contienen el secreto de la paz. Encuentro el museo, pero ya han cerrado. Me quedo a sentarme enfrente mismo del museo y contemplo el edificio, que no se distingue de los demás, como la vida mía.
 

domingo, 8 de noviembre de 2015

"La patria del hombre", Cristian David López (video)

             El día 31 de octubre había presentado en La Revoltosa (Gijón) mi libro "La patria del hombre". Ya pasaron una semana, y no colgué ni siquiera una foto de ese encuentro y charla con el joven poeta Diego Solís. La verdad, fue una tarde agradable. Esa que uno no quisiera que acabara nunca. Lo digo por la compañía. Por si acaso, aquí les dejo un fragmento de lo que fue la presentación.






Estrellas y volteretas


              En el parque del Trinity College, un joven irlandés hace volteretas y estrellas una y otra vez. Sonríe porque sabe que el resto del mundo lo está mirando. Lleva unas gafas negras para disimular. Un puñado de monedas plateadas y doradas cae de sus bolsillos, monedas que quedan brillando sobre el verde pasto. La gente aplaude y el joven recoge las monedas como si acabara de recibirlas por sus acrobacias.
 
 

domingo, 1 de noviembre de 2015

Siete mundos


        Acaba de salir de la imprenta “Siete mundos” (Impronta), la esperada antología de la joven poesía española. Soy uno de los primeros afortunados en tener este maravillo libro. Los antólogos Carlos Iglesias Díez y Pablo Núñez han realizado un estupendo trabajo, con un excelente criterio, y una selección de poetas muy respetable. Esta antología contiene los versos de Laura Casielles, Alba González Sanz, Rodrigo Olay, Diego Álvarez Miguel, Sara Torres, Raquel F. Ménendez, Xaime Martínez.
        Como podéis ver, todos son excelente poetas que ya forman parte de la historia de la literatura española de este siglo. Con su permiso, voy a seguir bebiendo, digo, leyendo.
 
La edición de Impronta,
como siempre,
maravillosa.

 
 

viernes, 23 de octubre de 2015

Presentación de "La patria del hombre" en Gijón



El sábado 31 de este mes, a las 19:00, estaré presentando en la Librería La Revoltosa (Gijón) mi novela La patria del hombre. Por suerte para mí, estaré en la buena compañía del amigo poeta Diego Solís. En mejor manos no puedo estar. Les espero.
 

lunes, 19 de octubre de 2015

Antonio Praena lee "La patria del hombre"


                El poeta granadino Antonio Praena ha hecho una reseña muy interesante sobre La patria del hombre. Creo que él también ha comprendido cuántas vidas puede albergar un libro como este. Y lo ha leído con buenos ojos. La reseña se pude leer en: http://elatril.dominicos.org/articulos/la-patria-del-hombre
 

domingo, 11 de octubre de 2015

El primero

   Hoy he vuelto a soñar con el chico que fui hace veinte años, el que iba tempranito, con el rocío a cuestas, a la escuela, al paraíso, para ser el primero en llegar, para ser el que barra el patio, las aulas (que en silencio esperan toda la alegría); y caer bien a la profesora de guaraní, la que recita versos de Nicolás Guillén en guaraní. “Salpica, moja un poco el suelo seco, para que el polvo no despierte”, me decía al llegar a clase, como si recitara un verso. No eran difíciles de hacer tareas si luego ella las corregía, si luego ella las explicaba con su dulce idioma. Qué vergüenza me daría si hoy me viera ese chico, con esta pinta que tengo ahora, un poco más gordo y menos sonriente y ¡con tantas tareas que hacer! Me pondría colorado ante él.

domingo, 4 de octubre de 2015

Líneas sobre el agua

"Qué afortunada es la gente que puede ayudar a los demás".

"La luz me encandila, la oscuridad me inspira".

"Es un picor molesto el sueño, que si no lo rascas, no te deja en paz".

"Solo la inocencia es perfecta".


martes, 22 de septiembre de 2015

Paraguay en Vegadeo


19 de septiembre de 2015

 
              Llego a Vegadeo por la tarde. A las nueve de la noche empieza el VI Festival Folklórico paraguayo, que organiza la Asociación de Paraguayos del Principado de Asturias. Rosana Portillo es una de las paraguayas que mueve toda esa actividad. Es una mujer de hierro, con varios hijos a los que tiene que mantener y educar. Hay muchas otras mujeres sacrificadas como Rosana que en sus ratos libres se dedican a ayudar a todo el mundo, organizando las actividades de la asociación.
            Rosana es quien nos recibe a Marta y a mí y a muchos otros invitados. Ella es la que nos ha conseguido un apartamento donde vamos a quedar por una noche, sin tener que pagar nada. “Mi jefe no te va a cobrar”, me dice Rosana. Los asturianos son generosos por naturaleza. Quizá es porque los paraguayos que viven en Vegadeo se han ganado el corazón de los anfitriones de este cálido rincón asturiano.
En Vegadeo, en Asturias, los paraguayos nos sentimos como en casa. Y es que Asturias es una gran alegría para la mayoría de nosotros. No solo por el ambiente acogedor o por la buena comida (por cierto, muy parecida a la paraguaya: les encantan las legumbres), o por la exquisita “sidrina” que alegra el alma asturiana, sino sobre todo porque nos reciben como a amigos, como a hermanos. Y es que muchos asturianos, en tiempos pasados, emigraron a América. Creo que por eso comprenden al extranjero. Nos miran como si vieran a los asturianos que habían dejado tu patria en décadas pasadas, y que han regresado a su casa.
Estos paraguayos son los verdaderos promotores de nuestro país en España.  Ellos hacen que el nombre de Paraguay suene bien. Ellos hacen mucho más que los diplomáticos que son enviados desde el Paraguay y se dedican a hacer turismo.
Cuando conoces a un paraguayo, como los que viven en Vegadeo, es difícil ya de olvidarlo, dejan huella en la gente. Lo ciertos es que tiende a ofrecer lo mejor que tiene, lo poco que tiene: su disposición, su trabajo, su lealtad y su amistad, y esas ganas de estar siempre feliz. Vaya donde vaya llevan su característico idioma, su identidad, su cultura, su espíritu, su alegría.
Los que salimos del Paraguay, salimos con la ropa roída por el abandono, por la sed de una vida que no podemos vivir en nuestra propia tierra. Nuestros sueños tomaron posesión de nuestros pasos y nos trajeron aquí.
Es verdad que en los primeros momentos, miramos hacia atrás, hacia nuestra patria con la cara de un perro que es expulsado del hogar. Pero los paraguayos, como los asturianos, no tenemos miedo de arriesgarnos. El fracaso y el triunfo son dos caras de la misma moneda. A veces, el futuro se nos aparece como un abismo oscuro. Pero los paraguayos, los pobres paraguayos (que somos la mayoría) lo cruzamos sin miedo. A veces detrás de ese abismo encontramos una luz, una luz como Vegadeo, como Asturias.

viernes, 14 de agosto de 2015

Juan Ignacio González

Cuando enero fue pasto de las llamas
La Cruz de Grado, Gijón, 2015

Hay libros que son como los puertos en los que sí o sí hay que parar y a los que hay que volver cada cierto tiempo. Uno de ellos es el último libro del poeta Juan Ignacio González, Cuando enero fue pasto de las llamas. Al acabar de leerlo, una de las palabras que queda repitiéndose como un eco sublime en nuestra memoria es “esperanza”. Quizá porque algunos de los poemas cantan a esa especie de luz que es la esperanza (véase, por ejemplo, “Cuando enero fue pasto de las llamas”: “Crees en ella y te salva, te salva para siempre / de todo lo vivido en estos años, / de todos los recuerdos de la infamia”). En forma de monólogo, en “La certeza del día”, “Pisadas en la niebla” y en otros poemas, el poeta toca temas como el paso del tiempo (y el pasado que requema su memoria: “Yo viví atado aquí, en la dura costumbre / de ser fiel al silencio”), la infancia, el entorno familiar, la muerte, el amor, etc. Este libro narra la historia de una vida, la vida de Juan Ignacio González, cuyo refugio siempre fue la poesía.

Manual de instrucciones para iniciar el día

No dejar que las sombras atenacen la almohada.
Abrir las manos para sentir hambre
de noches de aguaceros y besos ateridos.

Dejar que quede escrito en la pared del tiempo
todo el amor del mundo.
Permitir que otras manos invadan las estancias
de tu cuartel de invierno.

No posponer el gozo.
Cerrar la puerta a todas
                                      las calas del olvido.
Hacer que sea propicio el cuerpo a los deseos,
que no hallen un resquicio de piel sin habitar,
donde quiera que vayas.