sábado, 4 de marzo de 2017

Diario de un lector


Avelino Fierro (1956), un escritor capaz de llenar con literatura cada día, se dio a conocer con Una habitación en Europa (Eolas, 2014), que recibió una gran acogida por parte de la crítica. Ciudad de sombra (Eolas, 2015), prologado por José Luis García Martín, sigue el mismo camino. Agrupa las anotaciones semanales del autor entre los años 2013 y 2014.
            En sus páginas, habla de los libros que está leyendo, de su vida cotidiana, de sus problemas médicos; cita poemas, fragmentos de prosa, aforismos, etc. Avelino Fierro lee poesía, novela, ensayo, filosofía, algún manual de pájaros, recetas de cocina... En fin, lee todo lo que encuentra. De lo clásico a lo contemporáneo. Y es la huella de su lectura lo que acapara las páginas de su día a día. Tanto que su diario es un diario de lector.
En Ciudad de sombra, tenemos la sensación que Avelino Fierro, al igual Borges, se enorgullece más por lo que ha leído que por lo que ha escrito. «Leer es la mejor higiene para combatir a los idiotas o desenmascarar el cinismo de los políticos, el pragmatismo imbécil, la prosa facinerosa de los psicopedagogos» (p. 194).
            No solo aparece el lector que anota y cita lo que lee, sino también el que reflexiona, el que opina sobre lo que lee, es decir, el crítico: «Entre 2008 y 2011, Paul Auster y J.M. Coetzee también se escriben cartas. […]. Deciden escribirlas, reunirlas y publicarlas. Parece obedecer más a una necesidad de publicar que de comunicarse. Traen a ellas asuntos de poco interés, buscan pretextos para parecer inteligentes o ingeniosos, aunque no lo consigan casi nunca» (p. 53). Más adelante, opina sobre Diario de un estudiante en Paris: «Gaziel nos transporta allí con su escritura de obligado periodista, pero sus reflexiones filosóficas, de alta política a veces, su lirismo, su pulcritud, su inteligencia para la anécdota mínima y para la categorización de situaciones que otros ni siquiera advertirían, sus descripciones con mirada abarcadora –como de urbanista, diría yo– y gráfica, nos hace ver y sentir y entender ese escenario irracional, ese mundo en bancarrota moral» (p. 316).  Entre sus variadas lecturas nos descubre nuevos diarios, como los del pintor Paul Klee. Nos deja su impresión personal, nos deja con el interés puesto en ellos. Opina sobre la situación política y sobre los políticos, habla de la música que le gusta, del arte, etc. La curiosidad de Avelino Fierro es inabarcable.
Su lectura preferida son los libros de poemas, y ese gusto ha llegado a contagiar su prosa: el uso de la personificación («Los árboles respiran lento a través de las últimas hojas de diciembre» p. 27), la metáfora, la descripción del paisaje que nos presenta como un cuadro pictórico, etc. Y es que Avelino Fierro, pese a sus problemas de espalda, escribe y describe bien, no solo acompaña a cada capítulo una ilustración por él mismo dibujado, sino además describe un atardecer o una mañana como si estuviera dibujando en prosa. Su ingrediente fundamental es la poesía, su prosa respira y transpira lo lírico por todos los poros. Avelino Fierro es un poeta que escribe en prosa.
Algunos personajes pasan por sus páginas, como por su vida, como figuras fugaces. Otros aparecen siempre porque forman parte de la vida del autor, como su mujer Mar, que también anota los viajes que realizan juntos, como las anotaciones de una estancia en Marruecos (es una enumeración de actividades casi caóticas, dan la sensación de que el tiempo ha pasado tan de prisa, como suelen pasar los días felices).
             Ciudad de sombra es el viaje por la vida de un hombre, que aunque no lo pretenda, nos trasmite su ilusión por el día a día. Es un escritor que nos deja ensimismados en su trajín.
            No tengo dudas de que Ciudad de sombra ha de tener el mismo, o incluso más, éxito que Una habitación en Europa. Fierro es un escritor que dice que no se siente escritor, pero los que le hemos leído podemos decir que es uno de los escritores más afables y carismáticos. Estaremos atentos a la tercera entrega de sus viajes por la vida y por la literatura, que para él serán la misma cosa. En la última parte de la entrevista que acompaña al libro, Avelino Fierro afirma que escribe diarios para que le quieran los lectores. No hay ninguna duda, es un encantador de serpientes.

miércoles, 1 de marzo de 2017

Georgina Herrera, la vida hecha poesía


Un testimonio fruto de una vida de superación y luchas ofrece en su poesía la poeta cubana Georgina Herrera (Jovellanos, Matanzas, 1936). Una vida marcada por una infancia y una adolescencia difíciles; creció en un hogar pobre donde la mujer no tenía voz ni voto. Fue con la poesía que pudo alzar su voz. Con su poesía ha ido tocando de puerta en puerta, de corazón en corazón, de conciencia en conciencia, no solo en la de los lectores de su país, sino ha trascendido más allá de Cuba y ha llegado a España, donde acaba de aparecer Estos ojos de mirarlo todo. Una antología prologada por Aída Elizabeth Falcón Montes. Es el primer libro con el que debuta la editorial alicantina Libros de la Libélula Nómada, que tiene puesta la mirada en los autores latinoamericanos, pues acaba de publicar Perros de ficción, del poeta ecuatoriano Ernesto Carrión.
            Estos ojos de mirarlo todo consta de siete apartados: algunos poemas de los seis libros de la autora más algunos inéditos. Todos ellos —seleccionados por la propia Georgina Herrera— son una muestra fundamental de su labor creativa desde 1962 a 2016, año en que se le concede el Premio Rafael Alberti por toda su obra.
Su condición de mujer, negra y pobre, no le impidieron mantenerse firme ante el dolor, la soledad, el machismo implantado por la tradición. Nuestra autora supo que la única forma de luchar contra esa sociedad que oprime a la mujer —sobre todo a la mujer negra— es a través de la cultura: lee, escribe, se nutre de conocimientos para reflexionar y hacernos reflexionar. Hay ciertos rasgos didácticos en los mensajes de sus versos. De ahí esa poesía que muchas veces trata de darle la vuelta a los cuentos de hadas, a las canciones infantiles. Georgina Herrera quiere desenmascarar cualquier tradición que menosprecia o humilla a la mujer o transmita un mensaje que haga al ser humano más injusto.
En sus obras se pueden apreciar los temas fundamentales, o que más la preocupan: la muerte (y la vida), la infancia, la maternidad y la defensa de la mujer. Su poesía se caracteriza por la pulcritud, la claridad y la sencillez. Pretende que todo el mundo la entienda porque sus mensajes están dirigidos a todo el mundo. Su poesía nos recuerda a la de Szymborska. Solo que Georgina Herrera es una defensora a ultranza de los derechos de la mujer en todos los ámbitos. Para ella la realidad es más sorprendente y milagrosa. Por ejemplo, en el poema «El parto», no cuenta con la cigüeña, encargada de traer los niños al mundo de forma ficticia y fácil, porque Georgina Herrera prefiere el parto, el dolor de donde nace el amor, un amor real. Reivindica la figura de la mujer como origen de la vida.  
Corrige el mito de Adán y Eva, una historia inventada por hombres, lo desmitifica. Niega que Eva haya nacido de la costilla de Adán: «Rueda la historia / contada por Adán a su manera, dice / que desnuda la extrajo / de su costado, cuando / en verdad llegó vestida / de cielo, tarde y cantos de mil pájaros.» Desde su primer libro hasta el último, no dejará de defender a la mujer, por tanto, a la esencia de la vida.
            Georgina Herrera es una poeta que tenemos que leer y releer y hacer llegar su voz a todos los lectores. Su poesía podría salvarnos de nosotros mismos, de nuestras miserias humanas, de nuestras injusticias. Leedla y podréis ver a la mujer y a la vida y a la poesía misma con otros ojos. He aquí algunos poemas:

           
LAS DOS MITADES DE MI SUEÑO

 
Ambos me han hecho
una mujer hermosa.
Una mujer que tiene
la más inmensa historia
por contar.
Todo el dolor que venga
será pequeño, comparado
a tanto amor creciendo en sus tamaños.
Con esos ojos de mirar la vida
se puede ver la muerte
como una estrella más
o como una
inmensa flor naciendo
entre los tibios brazos de la tierra.
 

DUELO (II)

Todos los vientos soplaron
en contra de mi amor.
Brisitas,
huracanes,
torbellinos, todos
soplando en giros en contra
de mi amor.
Alisios,
terrales,
viento sur. Todos.
Todos los vientos soplaron,
soplan aún
en contra de mi amor.

 

 GRACIAS A LA MUERTE

 No me soporta.
Si nos cruzamos, se desata como una tempestad.
Enloquecida,
busca refugio donde encuentre,
siempre lejos de mí.
Le estoy agradecida,
pero no siento lástima cuando
la Muerte, contrariada,
no entiende
el tibio olor de la vejez que asumo.
Pobrecita la Muerte.
Es tonta y triste,
se enrosca, se hace un bulto y carga
con él sobre la espalda, huye
cojeando…
Yo, ligera, cada vez más lejos
de su rumbo, pongo
una flor entre mis labios, echo
agua fresca sobre mi rostro,
juego
con un zunzún a no agarrarlo
cuando en verdad no puedo.
Así, el tiempo que me queda
se hace eterno.
Gracias
a la Odiosa. Gracias…

 

domingo, 26 de febrero de 2017

Los haikus de Susana Benet


Este fin de semana he estado disfrutando de la lectura de La enredadera (Renacimiento, 2015), un libro de haikus reunidos de Susana Benet (Valencia, 1950). Es fácil escribir un buen haiku. Lo difícil es escribir un libro de haikus buenos. Pero Susana Benet lo ha hecho. Ha sabido guiar al lector (como a un gorrioncillo tras unas migas) de haiku en haiku hasta la última página y dejarlo con ganas. Con ganas de seguir leyendo más haikus. La relectura de La enredadera es todavía más deliciosa.  
Aquí algunos del libro:

Mientras te vistes,
yo cuento los botones
que nos separan.

           
Trénzame el pelo.
Que sienta los tirones
de tu cariño.

           
Señal de tráfico.
La mariposa vuela
Desorientada.

           
Nuestros abrigos
juntos en el perchero.
Tú y yo, tan lejos.

           
Un niño juega
a enterrar a su padre.
Día de playa.

           
Se posa el sol
en la taza de té.
Bebo la luz.

  
Todo el que entra
a admirar mi jardín
sale con flores.

 

 

sábado, 4 de febrero de 2017

Paraguay y los Papeles americanos de Cobo Borda


 
El poeta colombiano Juan Gustavo Cobo Borda (1948), bajo el título Papeles americanos (Instituto Caro y Cuervo, 2015), reúne ensayos y reseñas sobre escritores que marcaron con sus obras la literatura hispanoamericana del siglo XX. Este volumen, un homenaje de un lector a los autores que más admira, es el resultado de una relectura, de una vuelta a los grandes maestros. Un viaje literario que empieza con los argentinos Jorge Luis Borges y Ernesto Sabato. De este último, traza su semblanza y hace una concisa reflexión sobre su trayectoria literaria. Luego pasa a los chilenos Pablo Neruda y Nicanor Parra. Destaca en primera línea la influencia de Altazor (1931) en los antipoemas de Parra. Compara a Octavio Paz y Julio Cortazar en sus centenarios, los dos nacidos en 1914, los dos admiradores del Che Guevara, los dos apasionados por la pintura, los dos excelentes traductores. Relee además a Carlos Fuentes, José María Arguedas, Mario Vargas Llosa, Cabrera Infante, Ernesto Cardenal… Sobre todos ellos escribe y reflexiona y como resultado nos ofrece una lectura amena, no academicista. No quiere demostrarnos que es un erudito (aunque lo sea), un maestro y un gran lector. Lo que pretende es precisamente una conversación entre lectores para ofrecernos nuevos puntos de vistas, nuevos autores, olvidados algunos, inolvidables otros. Rescata nombres menos conocidos, como el de Rubem Fonseca y su obra El seminarista. Relee las obras del brasileño Mario de Andrade, como Macunaíma, un héroe sin carácter, al que considera como un “libro grande e inclasificable donde la selva y la ciudad son los polos de este delirante viaje” (p. 107). Es importante subrayar además “Presencia árabe en el caribe colombiano”, un estudio en el que rescata los nombres fundamentales de autores colombianos de origen árabe: Luis Fayd, Meira Delmar, Giovanni Quessep, Raúl Gómez Jattin… Menciona asimismo la presencia árabe en la vida de Gabriel García Márquez, cuya infancia (y toda su obra) estuvo marcada por la lectura de Las mil y una noches. “García Márquez de algún modo tenía, en su hogar, su cocina y su lecho, una vinculación inmediata con el mundo árabe y su cultura” (p. 130). En “El café, la universidad de Álvaro Mutis”, Cobo Borda ofrece una breve historia de las figuras literarias que de alguna manera se hicieron escritores y poetas en las tertulias de los cafés bogotanos, autores como Ricardo Rendón, Luis Tejada, León de Greiff y, sobre todo, Álvaro Mutis, una de las figuras que luego destacaría en el exilio.  
            En Papeles americanos, Juan Gustavo Cobo Borda observa  Paraguay a través de las crónicas de Germán Arciniegas, cuya prosa sigue cautivando a los lectores porque “se mantiene viva, alegre, batalladora” (p. 152). Al releer las crónicas y ensayos de Arciniegas sobre Paraguay, Cobo Borda destaca la curiosidad de su compatriota y sobre todo la amistad que unía a Arciniegas con el expresidente paraguayo, Juan Natalicio González (1897-1966), que también era poeta, novelista y un destacado ensayista. Arciniegas, invitado por el entonces presidente, llega a Asunción y “descubre la riqueza vital y creativa del pueblo paraguayo” (p. 152). Profundizará así en la historia del país y se maravilla con la fortaleza de las mujeres paraguayas, que reconstruyeron el país, arruinado después de la Guerra de la Triple Alianza. (Lo mismo le había pasado a Rafael Barrett y hace pocos días el propio Papa Francisco enaltecía a nuestras madres).
Se resalta la figura de un escritor metido en política, como la de Juan Natalicio González, que no solo destaca por haber sido presidente durante cinco meses, sino además nos recuerda a otros autores que fueron tentados y se metieron en el mundo político (Juan Bosch, Rómulo Gallego, Vargas Llosa...).
Juan Gustavo Cobo Borda descubre por así decirlo a Juan Natalicio González, uno de los autores paraguayos que no solo perdurará en la historia de Hispanoamérica por haber sido uno de los primeros escritores en ser presidente de un país americano, sino sobre todo por su importante afán de divulgador cultural como editor de las editoriales “India” y “Guarania”. Juan Natalicio González “divulgó en Paraguay, Argentina y México [y en toda Hispanoamérica] los escritos de los cronistas de Indias y los estudios de Gomperz sobre los pensadores griegos en tres tomos y la gran historia de la filosofía griega de Zeller en seis tomos” (págs. 153-154).
Con este mapa literario que es Papeles americanos, Cobo Borda nos invita a seguir su camino, a releer a nuestros clásicos hispanoamericanos, y volver también la mirada hacia autores olvidados, como el propio Arciniegas o Juan Natalicio González, cuya prosa también sigue vigente y viva, aunque se haya mantenido un poco olvidada. Sin duda alguna, fue uno de los preclaros y más lúcidos prosistas que dio el Paraguay. Rescatar su figura siempre viene bien para hacernos recordar que tuvimos líderes con un nivel cultural y humanista que merece nuestra admiración.

viernes, 16 de diciembre de 2016

Jugar con fuego


 
Me preguntan qué libro publicado en este 2016 merecería ser destacado. Entre las mejores publicaciones del año, yo destacaría principalmente la recuperación en facsímil de los once números de la revista Jugar con fuego (Ediciones Ulises, 2016). Todos en un solo tomo. Una revista de poesía y crítica literaria, fundada y dirigida durante los años 1975 y 1981 por el poeta y crítico José Luis García Martín (Aldeanueva del Camino, Cáceres, 1950).
            Como una especie de Feijoo, radicado en un rincón de Avilés, se mantuvo al tanto de todas la novedades literarias. Para ser más exactos, no solo dirigió la revista, sino que escribió en gran medida todo el contenido, especialmente en los primeros números. Pero la parte crítica, que era (y sigue siéndolo hoy) la más destacada, estuvo íntegramente a cargo del genio de García Martín. Las reseñas llevaban la firma de Alfonso Sanz Echevarría y Bernardo Delgado, dos de los heterónimos del José Luis García Martín. Al principio nadie sabía que esos dos nombres eran los heterónimos de García Martín, un escritor pessoano, capaz de imitar los estilos de cualquier poeta. Un poeta camaleónico. Por suerte, hoy tenemos la ventaja de contar con las aclaraciones de Pablo Núñez, que hace la introducción del facsímil, para evitar hacernos un lío con los pseudónimos, lío que seguramente tuvieron los lectores de los años 70.
            La crítica de García Martín en estos últimos cuarenta años de poesía española se ha vuelto no solamente válida y objetiva, sino necesaria para el lector y también para el escritor mismo. Jugar con fuego quizá sea la obra maestra de García Martín. En ella se hizo conocer el primer libro de Víctor Botas y estudios sobre la poesía de autores del 50 y del 70 (como Ángel González, Ángel Crespo, José Ángel Valente, Francisco Brines y tantos otros) que forman parte ya de la historia de la literatura española contemporánea. Pero además en sus páginas aparecieron los poemas de Juan Luis Panero, Juan Gustavo Cobo Borda, José Kozer, etc.
            En el epílogo del facsímil, García Martín confiesa: «En Jugar con fuego, una revista que no dependía de nada ni de nadie, jugué a decir lo que muchos pensaban pero nadie decía, o solo lo decían en voz baja y entre amigos» (pág. 785). Lo cierto es que García Martín es uno de los últimos de su especie, un crítico valiente, de los que no venden gato por liebre al lector. Por eso es uno de los críticos más admirados (y temidos) de España. Con Jugar con fuego empezó todo y sus páginas siguen encandilando al lector de hoy en día. Como ayer mismo.

jueves, 8 de diciembre de 2016

Tras las «migas» de Gabriel Insausti

 
Ya se sabe que los libros de aforismos no se leen, se picotean. Después de la lectura de cada aforismo, el lector ha de detenerse a pensar, a reír, a hacer algo o no hacer nada, pero no seguir leyendo inmediatamente para no atragantarse (lo recomendable es leerlo acompañado de un vaso de algún líquido, lo ideal sería agua o vino) o simplemente para evitar caer en el tedio.
Se sabe también que el aforismo es una forma de creación cuyo auge se vio impulsado por la lectura fugaz de los usuarios de las redes sociales. Anteriormente solo lo podíamos encontrar metido, como virutas, en medio de textos.
La mayoría de los escritores que utilizan las redes sociales publican de vez en cuando frases ingeniosas. Como el poeta Carlos Marzal, Karmelo Iribarren, Felipe Benítez Reyes, Manuel Neila, Enrique García-Máiquez, el cubano León Molina, etc. Todos ellos han recogido esas ocurrencias en libro. Pero hay muchos otros que no publican libros de aforismos y, sin embargo, suelen dejar entres sus prosas o poemas alguna línea para que el lector se sorprenda al leerlo, maestros como, José Luis García Martín (en alguna página de sus diarios leemos: «También para el amor propio debería existir el divorcio») o Javier Almuzara (en su maravilloso Catálogo de asombros abundan frases como «La belleza es imperfección con encanto»).
Este nuevo escaparate de las redes sociales ha llevado a algunas editoriales a crear una colección expresamente dedicada a este tipo de escritos. Solo por citar algunas: Renacimiento, Cuadernos de Vigía, La Isla de Siltolá. En esta salió publicado El hilo de la luz, del poeta y narrador Gabriel Insausti (San Sebastián, 1969), el último libro de aforismos que acabo de leer.
Los aforismos de Insausti, como la mayoría de los que he estado leyendo, oscilan entre la reflexión, la ocurrencia, lo chistoso y lo paradójico, a veces con un toque poético. Insausti es uno de los pocos autores de frases cortas que merece ser llamado aforista. Su libro, lleno de gracia, y buenas ocurrencias, es uno de los mejores libros de aforismo con los que he podido toparme. He aquí algunas «migas» como los llama el autor. A ver si te llevan, querido lector, hasta El hilo de la luz:

«¿Distraído? Es que estoy atento, pero a otras cosas».
            *
«Hacerte feliz, no: acompañar tu felicidad».
            *
«A veces el mejor insulto es una simple descripción».
            *
«En el poema es primero la cirugía y después el organismo».
            *
«El rencor es un boomerang».
            *
«No se pierde la fe, se cambia de dioses».
            *
«El que nunca ha tirado una piedra, que tire la primera piedra».
            *
«Pero, ¿cómo va a pensar claro un tipo llamado Confucio?».
            *
«Hay cosas de la vida en que buscar es el camino más rápido y seguro para no encontrar».
            *
«Las personas, al contrario que los objetos, cuanto más cerca se ven más pequeñas».
            *
«OBSTÁCULO: (sust.) dícese del pretexto que concedemos a nuestra pereza».
            *
«Cuando el amor se marchita cambiamos de amante. Quizá deberíamos cambiar de amor».
            *
«Envejecer es un lento striptease».
            *
«La mosca está convencida de que el tozudo es el cristal».
            *
«Lo increíble es que sea el periodismo el que tenga mala prensa».
            *
«El buen maestro enseña a no necesitar maestros».

 

 

 

jueves, 24 de noviembre de 2016

«Los hombres proyectan el futuro; las mujeres lo hacen»


Volver a casa con la frente cansada porque las calles te han venido siguiendo durante horas y no te han dado respiro. Abrir la nevera y coger la cerveza que está más a mano. Destaparla. Beber un sorbo y suspirar y sentir cómo la sed se retuerce en tu cuerpo y muere poco a poco. Que tu mujer, tu amiga, tu compañera en esta vida, te salude, te pregunte qué tal te ha ido, te consuele. Darle un beso a tu hijo y que el mundo sea otra vez un plácido presente. Dirigirse luego a la pequeña estantería de libros y coger uno al azar, uno que se lea enseguida, que no sea un mamotreto, que ese libro sea, por ejemplo, Casa de muñecas, de Henrik Ibsen, y sentarse luego junto a la ventana y beber el tercer sorbo de la callada cerveza. Empiezas la lectura y sientes cómo la sed y el cansancio se van apagando en ti. Porque las buenas historias y la buena literatura tienen ese algo que nos cautiva y nos cura a la vez: nos educa. Dejar la cerveza a un lado y sentirse cautivado por la alegría y el carisma de Nora, la protagonista principal de la obra. Sin darte cuenta, vas sintiendo una admiración, un amor hacia ese personaje. Te gusta porque ella quiere ser dueña de sí misma, quiere sentirse amada realmente y eso significa que la dejen libre. Quiere mantenerse erguida, con la frente en alto, sin que la tengan que cortar la cabeza. Ella consigue liberarse del hombre que no le deja ser feliz.
Pasan las horas y acabas el libro y al final te das cuenta de que todavía te queda media botella de cerveza y, aunque caliente, la acabas porque tu lectura ha acabado también. Nora decide irse de la casa conyugal y abandonar la cárcel que la aprisiona. Es una mujer valiente. La quieres aún más. Cuántas mujeres hoy podrían abandonar al hombre que las oprime, desasirse de esta sociedad que las estrangula. Y te dices: «Nunca antes te habías enamorado de un personaje literario». Nora me ha robado el corazón y ya no puedo dejar de pensar en ella. La verdad es que a cuántos lectores y lectoras les habrá robado el corazón este símbolo de la mujer libre, de la mujer que decide escapar de la opresión del marido, del que se cree el dueño de la casa y de la vida de su mujer, la que cría y cuida a sus hijos, su compañera. A cuántos habrá enseñado el final de este libro. Te gustaría que todas las mujeres fuesen como Nora.
El 25 de noviembre se celebra el día de la no violencia contra la mujer. Me quedo pensando, imaginando un mundo donde ellas sean tan libres como el hombre. Sin un moretón en el rostro, en el alma. Sin una lágrima de dolor y de abandono. Una mujer amada, que camine junto al hombre y no arrastrada por este y pisoteada por aquel.  Enseñemos a nuestros hijos que el machismo es uno de los delitos sociales que afectan a todo el mundo. Que no hay nada menos hombre que ser machista. Ya lo decía Rafael Barrett: «Los hombres proyectan el futuro; las mujeres lo hacen. Amadlas, y vuestros hijos encontrarán menos odio sobre la tierra. Si le hacéis traición se hará traición a vuestros hijos. Si no tenéis compasión de ellas, no habrá compasión para vuestros hijos. Si las abandonáis, abandonáis el mundo a la casualidad, y la casualidad no tiene entrañas».

 

domingo, 20 de noviembre de 2016

La cuna de los niños

 El sábado por la tarde, salimos a pasear con Martín. Le gusta respirar el aire de fuera y escuchar el ruido del mundo. Al igual que nosotros, se agobia si está mucho tiempo dentro de casa. ¡Qué pronto se ha acostumbrado a la vida! Llegamos a la Plaza del Conceyín de la Corredoria y allí compramos unas castañas asadas. Con este frío que ha llegado de repente, nada abriga mejor las manos (y el estómago vacío) que unas castañas asadas.
Hace poco más de un año que vivimos en La Corredoria. Recuerdo que, cuando nos mudamos aquí, empecé a añorar el bullicio del centro de Oviedo. Llevo cambiando de piso más de cinco veces en estos ocho años que llevo en Asturias. Al principio se me hacía fácil. No tenía tantas cosas con que cargar, un poco de ropa y algunos libros. Al pasar los años, he ido adquiriendo más y más cachivaches, de los que ahora cuesta despegarse. Sobre todo, algunas ediciones de libros que con el tiempo aprendes a valorar, la mayoría encontrados en librerías de viejo. Los he adoptado para que vivan conmigo y hacerme las tardes un poco más llevaderas.
Ya en nuestro nuevo hogar (y con un arrendador generoso: especie en vía de extinción), un piso nuevo, sin humedad, soleado, poco a poco la sonrisa y la ilusión fueron apoderándose de nuestro ánimo. Me di cuenta de que en la misma manzana donde vivimos había muchas parejas jóvenes, como nosotros, la mayoría con hijos. Y fueron los niños, jugando en la pequeña plaza, los que nos devolvieron de alguna manera la ilusión. Me olvidé de los bocinazos y rugidos de motores, a los que ya me había acostumbrado en el centro de Oviedo. Ahora era la algarabía de la infancia la que entraba por la ventana y recorría los pasillos de nuestra casa, animándonos. Y sí, la paternidad es contagiosa también. Un año después, nos hemos convertido en padres. ¡Quién nos lo iba a decir! Ahora recorro las calles empujando un carrito de bebé, es el carro de mi vida además. Y es que La Corredoria es como la guardería de Oviedo. Sus plazas, sus calles están llenas de carritos de bebés y niños que van de la mano de los padres. La semana pasada, Marta fue a visitar a su matrona y esta le comentó que en una semana tuvo treinta nuevos embarazos.

Yo no sé si el sosiego, la tranquilidad de los bares, la felicidad en los parques, lo que hace que este mi nuevo barrio se convierta en el lugar donde me gustaría vivir muchos años. Un barrio joven, fértil, que pese a la crisis, de su tierra brotan los nuevos edificios y se extienden más y más. Eso sí, la mayoría todavía vacíos porque no todos pueden comprarse un piso. Parece que los niños no traen solo el pan bajo el brazo, sino también la casa. Los niños son misteriosos, como si vinieran de otro planeta y que ya lo tuvieran todo planeado.
Me gusta abrir la ventana y que el sonido que entra por ella sea la algarabía de la infancia en el parque, ese mundo joven que rejuvenece la casa entera y a los que en ella viven.
 Mientras recorro el barrio, Martín duerme al ser mecido, unos gritos de niños en la plaza lo despierta. Martín abre los ojos y mira fijamente su alrededor. Le digo que me gustaría seguir viviendo aquí, no porque odie ya cambiar de casa, sino porque me gusta este sitio, me gusta la biblioteca «El Cortijo», rodeado de jardín y de gente. Y a donde pronto te llevaré, pequeño gigante. Me quedo sentado en un banco de la Plaza Conceyín, saco el libro de poemas Carrusel, de Iona Gruia y le leo a Martín los versos: «Busco tu mano en la noche, / tu minúscula mano, / tu mano de bebé, talismán mío, / para escapar de oscuros pensamientos». Y sí, amigos, los niños nos salvan de nosotros mismos.

 

martes, 15 de noviembre de 2016

#ParaCadaNiño

Nada cura mejor la tristeza que la felicidad de un niño.
Por eso quiero que les dejemos un planeta donde puedan aprender jugando
a ser hombres y mujeres de bien,
protegidos por el amor de sus padres y de toda la sociedad.
Por eso quiero que hereden un mundo con los colores de la vida:
con mares y aires limpios, con bosques en todo su esplendor,
un mundo que sea todo él un jardín para la infancia.
 
 

viernes, 4 de noviembre de 2016

Leonardo DiCaptrio, Capitán Planeta



Al final esto del calentamiento global o del efecto invernadero, de la destrucción del planeta, nuestro hogar, es un hecho real y no simplemente la imagen que visualizamos en una película de la guerra de los mundos. Creía yo, como la mayoría de la gente, que era un cuento que inventaron para distraernos o para llenar los manuales de ciencias naturales. Supongo que este clima primaveral que tenemos hoy en Asturias en pleno noviembre, es una muestra del cambio climático que debería preocuparnos. Lo mismo los terremotos, las inundaciones, las sequías más atroces en lugares donde nunca llueve, etc. Todo esta inestabilidad del planeta puede empeorar si no hacemos algo ya.
El domingo por la noche proyectaron en National Geographic el documental Before de Flood, de Leonardo DiCaprio, en el cual trataba de concienciar (una más del millón de voces que claman en el desierto) de los daños que estamos causando al planeta.
No estuvo mal el documental. DiCaprio, no solo un reconocido actor, sino sobre todo un hombre preocupado por el medioambiente –como un Capitán Planeta y Mensajero de la Paz–, recorre el mundo entrevistando a científicos y líderes políticos sobre el asunto.
Hay cierto optimismo en su mensaje: todavía estamos a tiempo de recuperar nuestro planeta, no solo para nosotros, sino para nuestros hijos y nietos. Ellos también podrían contemplar los mismos paisajes que hoy aún podemos disfrutar, podrán esquiar en la nieve, pasear por los bosques, bañarse en un arroyo tropical, etc. Y evitar así también la extinción de muchos animales, aunque algunos inevitablemente ya han desaparecido del planeta.
 Aún hay tiempo para mejorar o al menos retrasar el apocalipsis planetario, nos dice DiCaprio. ¿Qué podemos hacer? Lo primero es cambiar nosotros mismos –ya lo sé, suena a topicazo–, pero es algo no siempre difícil de realizar–. Por ejemplo, podemos cambiar nuestra dieta. Consumir pollo es menos contaminante que consumir carne de vacuno, ya que esta emite más metano a la atmosfera, uno de los gases del efecto invernadero.
Before de Flood nos enseña que las decisiones que tomamos en la vida marcan el destino del planeta. Una simple acción como evitar consumir productos que contengan aceite de palma ayudaría a evitar que se sigan talando los grandes bosques asiáticos, unos de los pulmones del planeta y hábitat de los orangutanes. O a la hora de las elecciones votar a un partido cuyo programa contengan proyectos de protección medioambiental, etc. El resto se nos enseña en las escuelas: cómo reciclar y evitar contaminar el ambiente, etc. Puede que no estemos de acuerdo a la hora de proteger a los toros de los toreros y de las encerronas, pero de proteger nuestro aire, y nuestra agua, nuestra casa común, en eso no podemos estar en desacuerdo. Pero todo esto ya se nos viene contando desde hace décadas. Lo que pasa es que no actuamos. Lo hacemos una vez y luego lo dejamos. Lo que quiere el documental es que el cuidado y la responsabilidad medioambiental sean un hábito, una manera de vivir.
La imagen de Halloween que más debería aterrorizarnos es el paisaje apocalíptico que podemos dejar a nuestras generaciones si no actuamos a tiempo.  
 
Se puede ver el documental en:
 

martes, 1 de noviembre de 2016

Hijo

Solo dos sílabas tiene la palabra "hijo". Pero ahora que la pronuncio para llamarte, mientras te observo despertar lentamente, ahora esta palabra parece (es) inmensa. Acapara todo el libro que estoy escribiendo, el libro de mi vida. Buenos días, hijo.

domingo, 30 de octubre de 2016

La poesía de Mónica Laneri



La poesía, la joven poesía paraguaya, todavía está por descubrir para los propios lectores paraguayos. En este siglo XXI, van apareciendo nuevas voces que pueden ofrecernos un testimonio del tiempo que nos está tocando vivir. Notamos la búsqueda de nuevos estilos. Lejos queda ya la mirada modernista que tanto ha influido a los poetas paraguayos. No estaba mal, pero a la larga se volvía cansina. Hoy nos encontramos frente a una generación que busca experimentar nuevas maneras de hacer poesía. Para ello dejan de imaginar un mundo ideal y alejado de la vida cotidiana. Ahora la realidad presente acapara la poesía, no necesariamente de tema social, es decir, combativa y patriótica. Lo que se percibe es una poesía  que acapara las calles, las plazas, los bares, y a veces las escuelas y colegios. Eso se está viendo en Asunción. Es la señal de libertad poética. Se está perdiendo el miedo y la timidez (como se dice en Paraguay: lo koygua) a expresarse. La seguridad en sí mismo es señal de libertad.
Una de las voces de la nueva poesía paraguaya es sin duda Mónica Laneri (Asunción, 1971), que acaba de publicar Razón psiquiátrica (Servilibro, 2016), con prólogo de Osvaldo González Real e ilustraciones de Diego Pusineri. No es el primer libro de Laneri, entre sus obras podemos citar Versos horizontales (2001), Eras dios y te hice hombre (2003), etc.
Si en el siglo pasado el modelo principal para el poeta paraguayo eran Rubén Darío y otros poetas modernistas, ahora la influencia viene de la misma cantera paraguaya (Susy Delgado, Renée Ferrer, Herib Campos Cervera, Elvio Romero…), sin dejar de lado a los poetas extranjeros, como Jorge Luis Borges, Pablo Neruda, Leopoldo Panero, Benedetti, y la presencia de Charles Bukowski, en el caso de la poética de Laneri.
En el fondo todo poeta es un buscador, juega buscando una nueva manera de decir lo ya dicho y de llegar, como en una mina, a lo más oscuro y profundo (quizás lo más puro) de los sentimientos, donde está el diamante, el significado nuevo de la vida que quiere expresarnos. En Razón psiquiátrica, se puede observar ese afán por rebuscar, como dicen los versos “destrozar el poema, / llegar al fondo del sentimiento, / purgar palabras por el verso cometido”. De ahí la manera de señalar explícitamente con un guión prefijos (“in-”, “des-”), que aparecen en la mayoría de los poemas. Laneri busca darle un giro nuevo a las palabras, otro sentido a los significados, a los sonidos incluso. Su escritura, en la cual se experimenta, nos recuerda al César Vallejo de Trilce. Nótese el uso constante de las mayúsculas, los guiones en vez de comas, los paréntesis, los dígitos, los puntos suspensivos, etc. Y es que Laneri a lo que aspira es a demostrarnos que su poesía transmite una libertad expresiva inspiradora. La suya es una poesía que se deja llevar incluso por lo subconsciente, una poesía libre de ataduras, de influencias claras. Es como si quien escribiera algunos de los versos fuera el subconsciente de la autora, que se deja guiar por esa voz que suena –metafóricamente hablando– en un estado de leve borrachera. No pretende que la entendamos, solo quiere que sintamos lo que producen en nosotros las palabras: “Cuando entienda lo que digo, / ese día, / dejaré de escribir / (llegará la recompensa)”. Destaca sobre todo el uso de los guiones entre las palabras. Un guion que parece un puente entre cada término que nos sugieren una forma inusual de inducir ideas a nuestra imaginación: “Decimos miedo / y decimos dejar de amar, / de amar-nos. / Decimos miedo / y decimos dejar de intentar, / de intentar-nos”.
Muchos versos reflejan lo contradictorio, lo paradójico. Es otra forma de buscar nuevos sentidos. “Nadie sabe de nadie / y todos saben de todos”, “El camino es solo aquello que nos / pierde”, “A veces, negar es afirmar”, “Cómo salir / de esta salida / sin callejón”, etc. Sus versos no solo buscan contradecir lo lógico, sino también lo que se nos impone como tradición: “Hay que besar la vida / para que un príncipe / se transforme en sapo”. Llega incluso a la negación de Dios: “Dios está muerto / y, la poesía, / -simplemente- reposa, / expectante, / hasta la hora / del orgasmo”. Dios es un cadáver que pudre al hombre. Más que un cadáver es una prisión.  
Quizá lo que Mónica Laneri busca es no solo encontrar nuevos significados a las palabras, sino a la propia realidad, al presente que le toca vivir. Niega su ahora y a sí misma: “Esto que vez, / y que soy / o, más bien, no soy”.  Su mirada es la de uno que observa el mundo y que trata de desdibujarlo, cambiando sus matices, contradiciéndolo constantemente. Además en los últimos poemas nos habla de volver: “Regresar / es borrar huellas / con abrazos”. Esa vuelta es aprender de los errores y terrores, por eso aclara: “Regresar / no es volver / sobre los pasos”. Es volver con otra forma de pensar, con otra forma de escribir. Prescinde mucho de los adjetivos, que más que decorar, cubren, tapan lo real. No se empeña nuestra poeta en adornar sus versos, la mayoría de los cuales no supera las cinco sílabas. La lectura avanza entre pausas, silencios.
Resulta curioso que las ediciones de Servilibro, sobre todo de poesía, no lleven índice, como en este caso y también en El tiempo andariego, de Edita Rojas y en el libro de ensayo, Elvio Romero, La Fuerza de la Realidad, de Ricardo Rubio. Un índice debe formar parte de un libro, porque no solo sirve para ver el esqueleto del volumen, sino también que es la guía del lector.
La poesía de Mónica Laneri (la poesía de hoy en Paraguay) nace sobre todo de la calle, los bares, las plazas, la intemperie, pero también del recuerdo. Ella tiende observar el mundo (no a imaginarlo) para explicar sus sentimientos y es el mundo hecho poesía el que nos expresa el sentir de Laneri. El mundo es su espejo.

 

 

jueves, 27 de octubre de 2016

Elogio al poroto


El sabor de una comida puede transportarnos en el tiempo. A veces no sabemos lo que guardamos en la memoria, hasta que un toque de los sentidos abre la puerta de los días que creíamos olvidados. Esta semana he vuelto a probar, tras muchos años sin hacerlo, un plato de kumandá (o poroto), que me ha llevado a Depósito Cué, un rincón caaguaceño.
Cuando era niño, recuerdo que una anciana, llamada Ña Lucila, me invitaba a comer, especialmente cuando cocinaba kumandá, mi comida favorita. Nada más salir de la escuela, iba corriendo a su casa. Yo siempre le decía que su kumandá arró era la mejor comida del mundo. “Lo hago con amor”, decía mientras comíamos. “Durante la noche lo dejo en agua y lo saco fuera, al cerrazón, para que las estrellas bendigan cada grano”. Yo la escuchaba como si estuviera contándome un cuento. Creía que algo mágico tenía su comida. Y sí, tenía algo milagroso, podía saciar el hambre durante horas. “Come más. Ne akãmeguara iporã, nemoarandúta”, repetía. Yo no dejaba que me insistiera.
Yo no entendía cómo algunas personas se quejaban si sus mamás les cocinaban poroto. Se hacían las fifís, las sofisticadas. Decían que solo los campesinos debían comer poroto. Para mí, el kumandá era (y es) lo más sagrado.
Aquí, tan lejos de Paraguay, podemos conseguir kumandá en algún supermercado. Esta semana, Marta ha cocinado poroto. Nada más llegar y abrir la puerta de casa, me recibió el olor de mi infancia. En la mesa vi los rojos porotos en el caldo, el color de mi tierra.
El sabor de una comida puede transportarte muy lejos. Si algún día vuelvo a Paraguay, estoy seguro que si pruebo por casualidad un plato de fabes, lo primero que recordaré es Asturias y su gente.

[Publicado en Guaydelparaguay, año 2, nº 1]

jueves, 20 de octubre de 2016

Los aforismos de Santiago Ramón y Cajal


Entre cambio de pañales, nanas, gruñidos, bostezos, llantos, biberones y sueños de mi hijo recién nacido, de vez en cuando, picoteo alguna delicia en Aforismos y charlas de café de Santiago Ramón y Cajal.
            El libro ha sido editado por otro excelente aforista, Manuel Neila, que dirige la colección «A la mínima» de la editorial Renacimiento. Dicha colección tiene en su lista a  clásicos del género, como Oscar Wilde, Vauvenargues, Pessoa, Antonio Machado, Rafael Barrett, y también a algunos de los mejores aforistas contemporáneos: Dionisia García, Ramón Eder, Gabriel Insausti, incluido el propio Neila, que cada día nos regala una reflexión en su cuenta del Facebook: «La riqueza del desarrollo a costa de la miseria de sus alrededores acaba por volverse una riqueza miserable», «Lo malo de los de abajo, todo hay que decirlo, es que muchos aspiran no a ser justos, sino a ser de los de arriba». No todo lo uno que lee en las redes es desdeñable. Quién mejor que Manuel Neila para estar al frente de tan selecta colección.
Aforismos y charlas de café es un libro dividido en once capítulos, que tratan sobre la amistad, el amor, la vejez, la muerte, la inmortalidad, el talento, la conversación, la opinión, el carácter, las costumbres y las mujeres. Bastantes de los aforismos sobre la mujer son misóginos, pertenecen a una mentalidad de otra época, de la que poco a poco queremos alejarnos. Las reflexiones sobre este asunto no creo que ayuden a que el lector contemporáneo se acerque a los aforismos de Ramón y Cajal. Más bien nos hace dudar de la verdadera inteligencia del premio Nobel español. He tenido que torcer el ceño y pasar rápido de página cuando hablaba de mujeres.
Sin embargo, más allá de este tema, Aforismos y charlas de café es un librito inmenso, con reflexiones agudas, la mayoría vigentes y aplicables hoy en día, que nos abren un poco más la mente, pero también nos ayuda a entender que no hemos evolucionado demasiado en determinadas materias, sobre todo en lo que tiene que ver con las relaciones literarias, la amistad, el amor, etc. Muchas de las reflexiones que encontramos aquí son ideas que permanecen constante en el tiempo, porque bien ha dicho Ramón y Cajal, las buenas ideas son inmortales, yo agregaría que también las malas costumbres.
Qué mejor compañía para hacer más llevaderas mis obligaciones paternales. Quizá todo libro de aforismos trata de ser, en buena parte, un libro de autoayuda: «Si hay algo en nosotros verdaderamente divino, es la voluntad. Por ella afirmamos la personalidad, templamos el carácter, desafiamos la adversidad, corregimos el cerebro y nos superamos diariamente».
Después de leer este volumen, no sé si podemos decir que salimos más sabios, pero podemos asegurar que sí nos volvemos un poco más desconfiados. He aquí algunos aforismos:

«De todas las reacciones posibles ante una injuria, la más hábil y económica es el silencio».

«Apártate progresivamente –sin rupturas violentas– del amigo para quien representas un medio en vez de un fin».

«Hay pocos lazos de amistad tan fuertes que no puedan ser cortados por un cabello de mujer».

«No huyas de las mujeres durante la juventud, si no quieres correr ridículamente tras de ellas en la vejez».

«Al modo de las cordilleras, que en días grises parecen más alejadas que en días claros, ciertos talentos se envuelven en nubes para semejar profundos».

«Conócense infinitas clases de necios; la más deplorable es la de los parlanchines empeñados en demostrar que tienen talento».

«No hay mayor enemigo del ingenio que el mal genio».

«Lo que entra en la mente por vía de razonamiento, cabe ser corregido; lo admitido por fe, casi nunca».

«La verdad es un ácido corrosivo que salpica casi siempre al que lo maneja».

«Te quejas de las censuras de tus maestros, émulos y adversarios, cuando debieras agradecerlos; sus golpes no te hieren, te esculpen».

«Comparables a la ola, que rompe impetuosa en la playa, son muchos escritores: mucha espuma y poco fondo».

«El silencio de los envidiosos es el mejor elogio a que puede aspirar un autor».

            «Hay tres clases de políticos: los que enaltecen la Patria, los que la sirven y los que la explotan».

miércoles, 12 de octubre de 2016

A mi hijo

Acaba de nacer y lo primero que ha hecho fue bostezar. Habrá pensado: «¡Mba! ¿Y esto es la Vida?». Finalmente se puso a llorar.
Martín, no llores. Es la vida que entra en ti en cada aliento. Deja que sacuda tu corazón, que infle tus pulmones, que llene de luz tus ojos negros, que cicatrice la piel que te abriga, que fortalezca tus huesos.
Martín, hijo, deja que la vida te acaricie para que vayas acostumbrándote a su tacto. Pronto entenderás que, como las personas, la vida cambia continuamente. Un día te tratará de forma más tosca, te pinchará las manos y los pies, te pondrá corona de espinas, te empujará hasta caerte, hasta derribarte, te hará sentirte solo. Otros días, se presentará mansa como el orbayu en verano para llenarte de luz y estarás feliz sin saber porqué y sentirás que todo lo que existe en el mundo fue hecho para ti. Te ayudará a levantarte en las caídas. La vida, como las personas, tiene muchos rostros y tendrás que ir acostumbrándote a ellos. No te asustes si un día lo has perdido todo y crees que en el futuro tus sueños no están. Recuerda que llegaste desnudo al mundo y que todo lo que tienes es ganancia. Tú sigue caminando y piensa que el futuro nunca llega. Que lo más importante es haber nacido para descubrir el amor de tu madre, que juro que te quiere más que a su vida. Descubrirás que es maravilloso sentir el viento, una mirada bondadosa, la luz en la piel. Es la caricia de la vida.
Algún día visitarás la patria de tus padres y podrás escuchar el chillido de la cigarra en los naranjos, la risa de tus amigos, de tus seres queridos. Es el canto de la vida. ¿No es maravilloso sentir el olor de la cebolla frita inundando el hogar, el olor de la rosa, del pasto recién cortado, de un libro viejo, hojeado un siglo después y que fue leído por cientos de lectores? Es el olor de la vida.  Y si acaso llegaras a mi edad y siguieras preguntándote, como yo, qué es la vida. Te diré que preguntes a tu madre, ella te responderás que la vida eres tú. Algún día lo comprenderás. Ahora todavía la vida tiene un sabor nuevo para ti. Descubrirás la lluvia y la mirarás, como yo ahora, desde la ventana. No te enfades si te empapas alguna vez, la lluvia es la ducha de los días. Y quizás no pienses en la vida hasta que seas por fin, como yo, un padre, que ve a su hijo por primera vez iluminar su mundo. Ahora mismo ya sabes a qué sabe una caricia, la luz, el viento, pronto, sabrás lo que es una caída. Es un truco que usa la vida para ponernos fuertes y enseñarnos a ser independiente. Pronto sabrás a qué sabe el limón y el sabor de la manzana al horno. Sabrás lo que es, si sales a tu padre, emborracharse con la sonrisa de su amada, y a veces, solo a veces, con una botella de vino tinto y un par de poemas.
¡Dios mío, Martín! Tantas cosas te aguardan en la vida. Alegrías, llantos, viajes, sueños, amores. Aunque no los sepas aún, te digo que los días se suceden para que tú sueñes y crezcas, para que tú vuelvas a abrir los ojos cada mañana y podamos nosotros abrir los nuestros, y puedas maravillarte, como yo, con cada día. Descubrirás que algunos sueños no se cumplen durmiendo, sino que tienes que estar muy despierto para conquistarlos.
Hijo mío, no llores más y deja que la vida te acaricie con nuestras manos.