lunes, 12 de junio de 2017

Un poema al Mariscal

Salvador Cabañas 
 
Tintinea una bala en su cabeza. 
Los vítores flamean en las gradas, 
si el 10, el número que va en su espalda, 
le inspira una jugada, una gambeta, 
 
un caño, un centro de la muerte. Reza 
el público contrario, pero avanza 
la pelota en el aire, como bala 
que viene del infierno, llega al área. 
 
La duerme con el pecho y con el diestro 
la pasa Santacruz a Salvador 
que de nuevo la amaga y va de dos; 
 
baila con el balón frente al arquero, 
que sabe que llegó su hora. Que el Gol 
quema huevos si lo mete Salvador. 

 

miércoles, 31 de mayo de 2017

La poesía de Miguel Luis Álvarez


Mar hueco y otros poemas
Miguel Luis Álvarez
Ediciones Camelot, Oviedo, 2017

          Algunos lectores lo único que buscan al leer un libro de poemas es perderse, simplemente dejarse llevar por la lectura. Que la voz del poeta les sugiera un nuevo mundo, con paisajes extraños y vagos, que al cerrar el libro solo queden en la memoria espejismos que en el fondo se parezca a los que él tiene en su interior. Quieren ver algo nuevo, raro, donde la palabra trate de describir el color de la herida, por ejemplo, «el color espiral», «el color solitario», etc., como lo hace Miguel Luis Álvarez (Blimea, 1988) en este su primer libro que no trata de ser original. Lo que pretende es hablar de lo que hablamos todos los días, pero de una manera distinta. Ya se sabe que en literatura, y sobre todo en poesía, lo original no existe. Y como casi todos los poetas, Miguel Luis Álvarez tampoco puede evitar hablar del tiempo que devora al hombre y que al final solo deja restos de lo que somos («Las edades»). Incluso llega a negar que exista un día original («El color espiral»). Para él, al final todos somos copia de otros. Su poesía, aunque nos parezca que suene rara, simbolista tal vez, incluso onírica en algunos pasajes, en el fondo es una poesía clara, todo eso solo son camuflajes. Es una poesía que nos llega y que nos impresiona porque nos habla de temas que importan a la mayoría.
          Aunque Miguel Luis Álvarez no cita (como suelen hacer los autores en sus primeros libros) algunos versos de los poetas que admira, en Mar hueco se percibe sin duda el eco de los poetas vanguardistas. Por ejemplo, el poema «Espectro» («Escapé a través del espectro de la luz. / Me agarré al color / como si agarrase una barra de autobús. / Los colores me rodearon, / estaban disfrazados de pájaros») nos recuerda la trayectoria descendente del Altazor de Huidobro. Algo parecido sucede en el poema «Mar hueco», solo que aquí se refiere a una ascensión desde el mar.
          Miguel Luis Álvarez nos cuenta el mundo que ve desde otro ángulo en que los paisajes en el que nos perdemos cada día parecen distorsionarse, pero que no dejan de reflejar el mundo nuestro. Vale la pena dejarse llevar por este poeta, que sigue buscando la mirada del lector, del mundo, quizá su propia mirada en los demás:

          Se buscan: Ojos tristes. No es necesaria
          garantía de tristeza
           ni felicidad.
          No importa el color. 

 

domingo, 9 de abril de 2017

Raquel Lanseros: la poesía que atrapa el tiempo


Oportuna y necesaria se hacía la publicación de la poesía completa de la española Raquel Lanseros (Jérez de la Frontera, 1973). Esta momentánea eternidad (Visor, 2016) recupera poemas de libros hoy difícil de conseguir, como Leyendas del promontorio. Raquel Lanseros es una poeta cuya voz  ha ido llegando cada vez a más lectores (tanto españoles como americanos) y cuyo eco lírico parece que viene a quedarse. Tal como lo explica la propia autora en el prólogo –que es una pequeña poética–, Esta momentánea eternidad nos ofrece una panorámica de lo que la poeta ha ido publicando en los últimos once años (2005-2016) y como yapa [propina] incluye algunos poemas inéditos. Años prolíficos, que han dado su fruto, con algunos poemas que describen un largo recorrido por la vida y la poesía, que acaso significan la misma cosa para Lanseros.  Su poesía busca sobrevivir al olvido. Por eso reflexiona sobre el paso del tiempo, utilizando a veces la imagen de las ruinas, ese rastro de los días que nunca pasa de moda: “Las ruinas se aparecen a un corazón humano / en su modo cambiante de reflejar el tiempo”. El optimismo y la inocencia ante el mundo como poética, mejor dicho como filosofía, como una manera de vivir (véase “Invocación”). Otro tema relevante en la visión poética de Lanseros es la de usar su voz en favor de la mujer (“Doña Juana”), para repudiar el trato injusto de la sociedad. En muchos de sus poemas de Los ojos de la niebla a quien se describe es una mujer. Lo autobiográfico, lo cotidiano, los problemas sociales, las referencias a los versos de otros poetas, enriquecen el mundo poético de Lanseros. La relación de trasladar un personaje literario en uno real, como el poema homenaje a la maestra “Beatriz Orieta”, que nos sugiere una figura paralela con a la Beatriz de la Divina Comedia. En este poema la muerte es una estancia donde los amantes se reúnen para estar juntos para siempre: “Pero a veces la muerte / vuelve a acercar los labios / de los que un día se amaron”. En Chroniria (2005), Lanseros se acerca a la poesía más irónica: “Me habría gustado amarte. Te lo juro. // Sólo que muchas veces la voluntad no basta”. También lo aforístico reluce entre sus versos, sobre todo en los finales: “Solo quien ha besado sabe que es inmortal”. La greguería: “Las palabras me trepan por el pecho / como hormigas hambrientas…”. Podemos ver en su trayectoria que los temas a lo largo de estos onces años no han variado mucho, acaso en los últimos libros aparezcan con más fuerza el tono irónico, el juego metalingüístico, la crítica social (“Sigue doliendo España”), la religión (“El creador del creador”). La poesía de Raquel Lanseros tiene los ingredientes para cautivarnos: las referencias a la vida real y a la literatura de todos los tiempos. En sus versos, la realidad y los sueños se entremezclan hasta confundirse, como en toda buena literatura. Pues como dice ella: “Leer poesía y escribir poesía conlleva aventurarse a pensar y a sentir”.
El mismo año en que aparece Esta momentánea eternidad se publica Poesía soy yo. Poetas en español del siglo XX (1886-1960), una antología preparada por Raquel Lanseros y Ana Merino, en la que recogen una muestra de la poesía que escriben las mujeres de los países de habla hispana. Para las antólogas es “imprescindible el trabajo de rescate y visibilización” de las poetas. Quieren contribuir a la “mayor divulgación de la obra de sus autoras, así como a instigar a la investigación y descubrimiento de otras muchas”.  Recogen en la antología algunos poemas de Josefina Plá y Renée Ferrer. Esta antología ofrece sin duda alguna una muestra de la gran variedad de poetas, desconocidas y olvidadas algunas, que en esta publicación resuenan con una fresca y renovada voz.
            Raquel Lanseros, poeta que sabe compartir su mundo, también sabe abrir caminos, hacia su poesía y hacia otros poetas. Como muestra, ofrecemos un poema de la autora:


            ARITMÉTICA

Lo que quiero que sea
lo que es
lo que pudo haber sido
lo que nunca será
lo que fue y lo que era
lo que pudiera ser
lo que querré algún día que haya sido
lo que quise que fuera
lo que a pesar de mí se obstina en ser
lo que siempre soñé que fuese un día.
 

Las cuentas son exactas:
yo soy el resultado.


 

sábado, 4 de marzo de 2017

Diario de un lector


Avelino Fierro (1956), un escritor capaz de llenar con literatura cada día, se dio a conocer con Una habitación en Europa (Eolas, 2014), que recibió una gran acogida por parte de la crítica. Ciudad de sombra (Eolas, 2015), prologado por José Luis García Martín, sigue el mismo camino. Agrupa las anotaciones semanales del autor entre los años 2013 y 2014.
            En sus páginas, habla de los libros que está leyendo, de su vida cotidiana, de sus problemas médicos; cita poemas, fragmentos de prosa, aforismos, etc. Avelino Fierro lee poesía, novela, ensayo, filosofía, algún manual de pájaros, recetas de cocina... En fin, lee todo lo que encuentra. De lo clásico a lo contemporáneo. Y es la huella de su lectura lo que acapara las páginas de su día a día. Tanto que su diario es un diario de lector.
En Ciudad de sombra, tenemos la sensación que Avelino Fierro, al igual Borges, se enorgullece más por lo que ha leído que por lo que ha escrito. «Leer es la mejor higiene para combatir a los idiotas o desenmascarar el cinismo de los políticos, el pragmatismo imbécil, la prosa facinerosa de los psicopedagogos» (p. 194).
            No solo aparece el lector que anota y cita lo que lee, sino también el que reflexiona, el que opina sobre lo que lee, es decir, el crítico: «Entre 2008 y 2011, Paul Auster y J.M. Coetzee también se escriben cartas. […]. Deciden escribirlas, reunirlas y publicarlas. Parece obedecer más a una necesidad de publicar que de comunicarse. Traen a ellas asuntos de poco interés, buscan pretextos para parecer inteligentes o ingeniosos, aunque no lo consigan casi nunca» (p. 53). Más adelante, opina sobre Diario de un estudiante en Paris: «Gaziel nos transporta allí con su escritura de obligado periodista, pero sus reflexiones filosóficas, de alta política a veces, su lirismo, su pulcritud, su inteligencia para la anécdota mínima y para la categorización de situaciones que otros ni siquiera advertirían, sus descripciones con mirada abarcadora –como de urbanista, diría yo– y gráfica, nos hace ver y sentir y entender ese escenario irracional, ese mundo en bancarrota moral» (p. 316).  Entre sus variadas lecturas nos descubre nuevos diarios, como los del pintor Paul Klee. Nos deja su impresión personal, nos deja con el interés puesto en ellos. Opina sobre la situación política y sobre los políticos, habla de la música que le gusta, del arte, etc. La curiosidad de Avelino Fierro es inabarcable.
Su lectura preferida son los libros de poemas, y ese gusto ha llegado a contagiar su prosa: el uso de la personificación («Los árboles respiran lento a través de las últimas hojas de diciembre» p. 27), la metáfora, la descripción del paisaje que nos presenta como un cuadro pictórico, etc. Y es que Avelino Fierro, pese a sus problemas de espalda, escribe y describe bien, no solo acompaña a cada capítulo una ilustración por él mismo dibujado, sino además describe un atardecer o una mañana como si estuviera dibujando en prosa. Su ingrediente fundamental es la poesía, su prosa respira y transpira lo lírico por todos los poros. Avelino Fierro es un poeta que escribe en prosa.
Algunos personajes pasan por sus páginas, como por su vida, como figuras fugaces. Otros aparecen siempre porque forman parte de la vida del autor, como su mujer Mar, que también anota los viajes que realizan juntos, como las anotaciones de una estancia en Marruecos (es una enumeración de actividades casi caóticas, dan la sensación de que el tiempo ha pasado tan de prisa, como suelen pasar los días felices).
             Ciudad de sombra es el viaje por la vida de un hombre, que aunque no lo pretenda, nos trasmite su ilusión por el día a día. Es un escritor que nos deja ensimismados en su trajín.
            No tengo dudas de que Ciudad de sombra ha de tener el mismo, o incluso más, éxito que Una habitación en Europa. Fierro es un escritor que dice que no se siente escritor, pero los que le hemos leído podemos decir que es uno de los escritores más afables y carismáticos. Estaremos atentos a la tercera entrega de sus viajes por la vida y por la literatura, que para él serán la misma cosa. En la última parte de la entrevista que acompaña al libro, Avelino Fierro afirma que escribe diarios para que le quieran los lectores. No hay ninguna duda, es un encantador de serpientes.

miércoles, 1 de marzo de 2017

Georgina Herrera, la vida hecha poesía


Un testimonio fruto de una vida de superación y luchas ofrece en su poesía la poeta cubana Georgina Herrera (Jovellanos, Matanzas, 1936). Una vida marcada por una infancia y una adolescencia difíciles; creció en un hogar pobre donde la mujer no tenía voz ni voto. Fue con la poesía que pudo alzar su voz. Con su poesía ha ido tocando de puerta en puerta, de corazón en corazón, de conciencia en conciencia, no solo en la de los lectores de su país, sino ha trascendido más allá de Cuba y ha llegado a España, donde acaba de aparecer Estos ojos de mirarlo todo. Una antología prologada por Aída Elizabeth Falcón Montes. Es el primer libro con el que debuta la editorial alicantina Libros de la Libélula Nómada, que tiene puesta la mirada en los autores latinoamericanos, pues acaba de publicar Perros de ficción, del poeta ecuatoriano Ernesto Carrión.
            Estos ojos de mirarlo todo consta de siete apartados: algunos poemas de los seis libros de la autora más algunos inéditos. Todos ellos —seleccionados por la propia Georgina Herrera— son una muestra fundamental de su labor creativa desde 1962 a 2016, año en que se le concede el Premio Rafael Alberti por toda su obra.
Su condición de mujer, negra y pobre, no le impidieron mantenerse firme ante el dolor, la soledad, el machismo implantado por la tradición. Nuestra autora supo que la única forma de luchar contra esa sociedad que oprime a la mujer —sobre todo a la mujer negra— es a través de la cultura: lee, escribe, se nutre de conocimientos para reflexionar y hacernos reflexionar. Hay ciertos rasgos didácticos en los mensajes de sus versos. De ahí esa poesía que muchas veces trata de darle la vuelta a los cuentos de hadas, a las canciones infantiles. Georgina Herrera quiere desenmascarar cualquier tradición que menosprecia o humilla a la mujer o transmita un mensaje que haga al ser humano más injusto.
En sus obras se pueden apreciar los temas fundamentales, o que más la preocupan: la muerte (y la vida), la infancia, la maternidad y la defensa de la mujer. Su poesía se caracteriza por la pulcritud, la claridad y la sencillez. Pretende que todo el mundo la entienda porque sus mensajes están dirigidos a todo el mundo. Su poesía nos recuerda a la de Szymborska. Solo que Georgina Herrera es una defensora a ultranza de los derechos de la mujer en todos los ámbitos. Para ella la realidad es más sorprendente y milagrosa. Por ejemplo, en el poema «El parto», no cuenta con la cigüeña, encargada de traer los niños al mundo de forma ficticia y fácil, porque Georgina Herrera prefiere el parto, el dolor de donde nace el amor, un amor real. Reivindica la figura de la mujer como origen de la vida.  
Corrige el mito de Adán y Eva, una historia inventada por hombres, lo desmitifica. Niega que Eva haya nacido de la costilla de Adán: «Rueda la historia / contada por Adán a su manera, dice / que desnuda la extrajo / de su costado, cuando / en verdad llegó vestida / de cielo, tarde y cantos de mil pájaros.» Desde su primer libro hasta el último, no dejará de defender a la mujer, por tanto, a la esencia de la vida.
            Georgina Herrera es una poeta que tenemos que leer y releer y hacer llegar su voz a todos los lectores. Su poesía podría salvarnos de nosotros mismos, de nuestras miserias humanas, de nuestras injusticias. Leedla y podréis ver a la mujer y a la vida y a la poesía misma con otros ojos. He aquí algunos poemas:

           
LAS DOS MITADES DE MI SUEÑO

 
Ambos me han hecho
una mujer hermosa.
Una mujer que tiene
la más inmensa historia
por contar.
Todo el dolor que venga
será pequeño, comparado
a tanto amor creciendo en sus tamaños.
Con esos ojos de mirar la vida
se puede ver la muerte
como una estrella más
o como una
inmensa flor naciendo
entre los tibios brazos de la tierra.
 

DUELO (II)

Todos los vientos soplaron
en contra de mi amor.
Brisitas,
huracanes,
torbellinos, todos
soplando en giros en contra
de mi amor.
Alisios,
terrales,
viento sur. Todos.
Todos los vientos soplaron,
soplan aún
en contra de mi amor.

 

 GRACIAS A LA MUERTE

 No me soporta.
Si nos cruzamos, se desata como una tempestad.
Enloquecida,
busca refugio donde encuentre,
siempre lejos de mí.
Le estoy agradecida,
pero no siento lástima cuando
la Muerte, contrariada,
no entiende
el tibio olor de la vejez que asumo.
Pobrecita la Muerte.
Es tonta y triste,
se enrosca, se hace un bulto y carga
con él sobre la espalda, huye
cojeando…
Yo, ligera, cada vez más lejos
de su rumbo, pongo
una flor entre mis labios, echo
agua fresca sobre mi rostro,
juego
con un zunzún a no agarrarlo
cuando en verdad no puedo.
Así, el tiempo que me queda
se hace eterno.
Gracias
a la Odiosa. Gracias…

 

domingo, 26 de febrero de 2017

Los haikus de Susana Benet


Este fin de semana he estado disfrutando de la lectura de La enredadera (Renacimiento, 2015), un libro de haikus reunidos de Susana Benet (Valencia, 1950). Es fácil escribir un buen haiku. Lo difícil es escribir un libro de haikus buenos. Pero Susana Benet lo ha hecho. Ha sabido guiar al lector (como a un gorrioncillo tras unas migas) de haiku en haiku hasta la última página y dejarlo con ganas. Con ganas de seguir leyendo más haikus. La relectura de La enredadera es todavía más deliciosa.  
Aquí algunos del libro:

Mientras te vistes,
yo cuento los botones
que nos separan.

           
Trénzame el pelo.
Que sienta los tirones
de tu cariño.

           
Señal de tráfico.
La mariposa vuela
Desorientada.

           
Nuestros abrigos
juntos en el perchero.
Tú y yo, tan lejos.

           
Un niño juega
a enterrar a su padre.
Día de playa.

           
Se posa el sol
en la taza de té.
Bebo la luz.

  
Todo el que entra
a admirar mi jardín
sale con flores.

 

 

sábado, 4 de febrero de 2017

Paraguay y los Papeles americanos de Cobo Borda


 
El poeta colombiano Juan Gustavo Cobo Borda (1948), bajo el título Papeles americanos (Instituto Caro y Cuervo, 2015), reúne ensayos y reseñas sobre escritores que marcaron con sus obras la literatura hispanoamericana del siglo XX. Este volumen, un homenaje de un lector a los autores que más admira, es el resultado de una relectura, de una vuelta a los grandes maestros. Un viaje literario que empieza con los argentinos Jorge Luis Borges y Ernesto Sabato. De este último, traza su semblanza y hace una concisa reflexión sobre su trayectoria literaria. Luego pasa a los chilenos Pablo Neruda y Nicanor Parra. Destaca en primera línea la influencia de Altazor (1931) en los antipoemas de Parra. Compara a Octavio Paz y Julio Cortazar en sus centenarios, los dos nacidos en 1914, los dos admiradores del Che Guevara, los dos apasionados por la pintura, los dos excelentes traductores. Relee además a Carlos Fuentes, José María Arguedas, Mario Vargas Llosa, Cabrera Infante, Ernesto Cardenal… Sobre todos ellos escribe y reflexiona y como resultado nos ofrece una lectura amena, no academicista. No quiere demostrarnos que es un erudito (aunque lo sea), un maestro y un gran lector. Lo que pretende es precisamente una conversación entre lectores para ofrecernos nuevos puntos de vistas, nuevos autores, olvidados algunos, inolvidables otros. Rescata nombres menos conocidos, como el de Rubem Fonseca y su obra El seminarista. Relee las obras del brasileño Mario de Andrade, como Macunaíma, un héroe sin carácter, al que considera como un “libro grande e inclasificable donde la selva y la ciudad son los polos de este delirante viaje” (p. 107). Es importante subrayar además “Presencia árabe en el caribe colombiano”, un estudio en el que rescata los nombres fundamentales de autores colombianos de origen árabe: Luis Fayd, Meira Delmar, Giovanni Quessep, Raúl Gómez Jattin… Menciona asimismo la presencia árabe en la vida de Gabriel García Márquez, cuya infancia (y toda su obra) estuvo marcada por la lectura de Las mil y una noches. “García Márquez de algún modo tenía, en su hogar, su cocina y su lecho, una vinculación inmediata con el mundo árabe y su cultura” (p. 130). En “El café, la universidad de Álvaro Mutis”, Cobo Borda ofrece una breve historia de las figuras literarias que de alguna manera se hicieron escritores y poetas en las tertulias de los cafés bogotanos, autores como Ricardo Rendón, Luis Tejada, León de Greiff y, sobre todo, Álvaro Mutis, una de las figuras que luego destacaría en el exilio.  
            En Papeles americanos, Juan Gustavo Cobo Borda observa  Paraguay a través de las crónicas de Germán Arciniegas, cuya prosa sigue cautivando a los lectores porque “se mantiene viva, alegre, batalladora” (p. 152). Al releer las crónicas y ensayos de Arciniegas sobre Paraguay, Cobo Borda destaca la curiosidad de su compatriota y sobre todo la amistad que unía a Arciniegas con el expresidente paraguayo, Juan Natalicio González (1897-1966), que también era poeta, novelista y un destacado ensayista. Arciniegas, invitado por el entonces presidente, llega a Asunción y “descubre la riqueza vital y creativa del pueblo paraguayo” (p. 152). Profundizará así en la historia del país y se maravilla con la fortaleza de las mujeres paraguayas, que reconstruyeron el país, arruinado después de la Guerra de la Triple Alianza. (Lo mismo le había pasado a Rafael Barrett y hace pocos días el propio Papa Francisco enaltecía a nuestras madres).
Se resalta la figura de un escritor metido en política, como la de Juan Natalicio González, que no solo destaca por haber sido presidente durante cinco meses, sino además nos recuerda a otros autores que fueron tentados y se metieron en el mundo político (Juan Bosch, Rómulo Gallego, Vargas Llosa...).
Juan Gustavo Cobo Borda descubre por así decirlo a Juan Natalicio González, uno de los autores paraguayos que no solo perdurará en la historia de Hispanoamérica por haber sido uno de los primeros escritores en ser presidente de un país americano, sino sobre todo por su importante afán de divulgador cultural como editor de las editoriales “India” y “Guarania”. Juan Natalicio González “divulgó en Paraguay, Argentina y México [y en toda Hispanoamérica] los escritos de los cronistas de Indias y los estudios de Gomperz sobre los pensadores griegos en tres tomos y la gran historia de la filosofía griega de Zeller en seis tomos” (págs. 153-154).
Con este mapa literario que es Papeles americanos, Cobo Borda nos invita a seguir su camino, a releer a nuestros clásicos hispanoamericanos, y volver también la mirada hacia autores olvidados, como el propio Arciniegas o Juan Natalicio González, cuya prosa también sigue vigente y viva, aunque se haya mantenido un poco olvidada. Sin duda alguna, fue uno de los preclaros y más lúcidos prosistas que dio el Paraguay. Rescatar su figura siempre viene bien para hacernos recordar que tuvimos líderes con un nivel cultural y humanista que merece nuestra admiración.

viernes, 16 de diciembre de 2016

Jugar con fuego


 
Me preguntan qué libro publicado en este 2016 merecería ser destacado. Entre las mejores publicaciones del año, yo destacaría principalmente la recuperación en facsímil de los once números de la revista Jugar con fuego (Ediciones Ulises, 2016). Todos en un solo tomo. Una revista de poesía y crítica literaria, fundada y dirigida durante los años 1975 y 1981 por el poeta y crítico José Luis García Martín (Aldeanueva del Camino, Cáceres, 1950).
            Como una especie de Feijoo, radicado en un rincón de Avilés, se mantuvo al tanto de todas la novedades literarias. Para ser más exactos, no solo dirigió la revista, sino que escribió en gran medida todo el contenido, especialmente en los primeros números. Pero la parte crítica, que era (y sigue siéndolo hoy) la más destacada, estuvo íntegramente a cargo del genio de García Martín. Las reseñas llevaban la firma de Alfonso Sanz Echevarría y Bernardo Delgado, dos de los heterónimos del José Luis García Martín. Al principio nadie sabía que esos dos nombres eran los heterónimos de García Martín, un escritor pessoano, capaz de imitar los estilos de cualquier poeta. Un poeta camaleónico. Por suerte, hoy tenemos la ventaja de contar con las aclaraciones de Pablo Núñez, que hace la introducción del facsímil, para evitar hacernos un lío con los pseudónimos, lío que seguramente tuvieron los lectores de los años 70.
            La crítica de García Martín en estos últimos cuarenta años de poesía española se ha vuelto no solamente válida y objetiva, sino necesaria para el lector y también para el escritor mismo. Jugar con fuego quizá sea la obra maestra de García Martín. En ella se hizo conocer el primer libro de Víctor Botas y estudios sobre la poesía de autores del 50 y del 70 (como Ángel González, Ángel Crespo, José Ángel Valente, Francisco Brines y tantos otros) que forman parte ya de la historia de la literatura española contemporánea. Pero además en sus páginas aparecieron los poemas de Juan Luis Panero, Juan Gustavo Cobo Borda, José Kozer, etc.
            En el epílogo del facsímil, García Martín confiesa: «En Jugar con fuego, una revista que no dependía de nada ni de nadie, jugué a decir lo que muchos pensaban pero nadie decía, o solo lo decían en voz baja y entre amigos» (pág. 785). Lo cierto es que García Martín es uno de los últimos de su especie, un crítico valiente, de los que no venden gato por liebre al lector. Por eso es uno de los críticos más admirados (y temidos) de España. Con Jugar con fuego empezó todo y sus páginas siguen encandilando al lector de hoy en día. Como ayer mismo.

jueves, 8 de diciembre de 2016

Tras las «migas» de Gabriel Insausti

 
Ya se sabe que los libros de aforismos no se leen, se picotean. Después de la lectura de cada aforismo, el lector ha de detenerse a pensar, a reír, a hacer algo o no hacer nada, pero no seguir leyendo inmediatamente para no atragantarse (lo recomendable es leerlo acompañado de un vaso de algún líquido, lo ideal sería agua o vino) o simplemente para evitar caer en el tedio.
Se sabe también que el aforismo es una forma de creación cuyo auge se vio impulsado por la lectura fugaz de los usuarios de las redes sociales. Anteriormente solo lo podíamos encontrar metido, como virutas, en medio de textos.
La mayoría de los escritores que utilizan las redes sociales publican de vez en cuando frases ingeniosas. Como el poeta Carlos Marzal, Karmelo Iribarren, Felipe Benítez Reyes, Manuel Neila, Enrique García-Máiquez, el cubano León Molina, etc. Todos ellos han recogido esas ocurrencias en libro. Pero hay muchos otros que no publican libros de aforismos y, sin embargo, suelen dejar entres sus prosas o poemas alguna línea para que el lector se sorprenda al leerlo, maestros como, José Luis García Martín (en alguna página de sus diarios leemos: «También para el amor propio debería existir el divorcio») o Javier Almuzara (en su maravilloso Catálogo de asombros abundan frases como «La belleza es imperfección con encanto»).
Este nuevo escaparate de las redes sociales ha llevado a algunas editoriales a crear una colección expresamente dedicada a este tipo de escritos. Solo por citar algunas: Renacimiento, Cuadernos de Vigía, La Isla de Siltolá. En esta salió publicado El hilo de la luz, del poeta y narrador Gabriel Insausti (San Sebastián, 1969), el último libro de aforismos que acabo de leer.
Los aforismos de Insausti, como la mayoría de los que he estado leyendo, oscilan entre la reflexión, la ocurrencia, lo chistoso y lo paradójico, a veces con un toque poético. Insausti es uno de los pocos autores de frases cortas que merece ser llamado aforista. Su libro, lleno de gracia, y buenas ocurrencias, es uno de los mejores libros de aforismo con los que he podido toparme. He aquí algunas «migas» como los llama el autor. A ver si te llevan, querido lector, hasta El hilo de la luz:

«¿Distraído? Es que estoy atento, pero a otras cosas».
            *
«Hacerte feliz, no: acompañar tu felicidad».
            *
«A veces el mejor insulto es una simple descripción».
            *
«En el poema es primero la cirugía y después el organismo».
            *
«El rencor es un boomerang».
            *
«No se pierde la fe, se cambia de dioses».
            *
«El que nunca ha tirado una piedra, que tire la primera piedra».
            *
«Pero, ¿cómo va a pensar claro un tipo llamado Confucio?».
            *
«Hay cosas de la vida en que buscar es el camino más rápido y seguro para no encontrar».
            *
«Las personas, al contrario que los objetos, cuanto más cerca se ven más pequeñas».
            *
«OBSTÁCULO: (sust.) dícese del pretexto que concedemos a nuestra pereza».
            *
«Cuando el amor se marchita cambiamos de amante. Quizá deberíamos cambiar de amor».
            *
«Envejecer es un lento striptease».
            *
«La mosca está convencida de que el tozudo es el cristal».
            *
«Lo increíble es que sea el periodismo el que tenga mala prensa».
            *
«El buen maestro enseña a no necesitar maestros».

 

 

 

jueves, 24 de noviembre de 2016

«Los hombres proyectan el futuro; las mujeres lo hacen»


Volver a casa con la frente cansada porque las calles te han venido siguiendo durante horas y no te han dado respiro. Abrir la nevera y coger la cerveza que está más a mano. Destaparla. Beber un sorbo y suspirar y sentir cómo la sed se retuerce en tu cuerpo y muere poco a poco. Que tu mujer, tu amiga, tu compañera en esta vida, te salude, te pregunte qué tal te ha ido, te consuele. Darle un beso a tu hijo y que el mundo sea otra vez un plácido presente. Dirigirse luego a la pequeña estantería de libros y coger uno al azar, uno que se lea enseguida, que no sea un mamotreto, que ese libro sea, por ejemplo, Casa de muñecas, de Henrik Ibsen, y sentarse luego junto a la ventana y beber el tercer sorbo de la callada cerveza. Empiezas la lectura y sientes cómo la sed y el cansancio se van apagando en ti. Porque las buenas historias y la buena literatura tienen ese algo que nos cautiva y nos cura a la vez: nos educa. Dejar la cerveza a un lado y sentirse cautivado por la alegría y el carisma de Nora, la protagonista principal de la obra. Sin darte cuenta, vas sintiendo una admiración, un amor hacia ese personaje. Te gusta porque ella quiere ser dueña de sí misma, quiere sentirse amada realmente y eso significa que la dejen libre. Quiere mantenerse erguida, con la frente en alto, sin que la tengan que cortar la cabeza. Ella consigue liberarse del hombre que no le deja ser feliz.
Pasan las horas y acabas el libro y al final te das cuenta de que todavía te queda media botella de cerveza y, aunque caliente, la acabas porque tu lectura ha acabado también. Nora decide irse de la casa conyugal y abandonar la cárcel que la aprisiona. Es una mujer valiente. La quieres aún más. Cuántas mujeres hoy podrían abandonar al hombre que las oprime, desasirse de esta sociedad que las estrangula. Y te dices: «Nunca antes te habías enamorado de un personaje literario». Nora me ha robado el corazón y ya no puedo dejar de pensar en ella. La verdad es que a cuántos lectores y lectoras les habrá robado el corazón este símbolo de la mujer libre, de la mujer que decide escapar de la opresión del marido, del que se cree el dueño de la casa y de la vida de su mujer, la que cría y cuida a sus hijos, su compañera. A cuántos habrá enseñado el final de este libro. Te gustaría que todas las mujeres fuesen como Nora.
El 25 de noviembre se celebra el día de la no violencia contra la mujer. Me quedo pensando, imaginando un mundo donde ellas sean tan libres como el hombre. Sin un moretón en el rostro, en el alma. Sin una lágrima de dolor y de abandono. Una mujer amada, que camine junto al hombre y no arrastrada por este y pisoteada por aquel.  Enseñemos a nuestros hijos que el machismo es uno de los delitos sociales que afectan a todo el mundo. Que no hay nada menos hombre que ser machista. Ya lo decía Rafael Barrett: «Los hombres proyectan el futuro; las mujeres lo hacen. Amadlas, y vuestros hijos encontrarán menos odio sobre la tierra. Si le hacéis traición se hará traición a vuestros hijos. Si no tenéis compasión de ellas, no habrá compasión para vuestros hijos. Si las abandonáis, abandonáis el mundo a la casualidad, y la casualidad no tiene entrañas».

 

domingo, 20 de noviembre de 2016

La cuna de los niños

 El sábado por la tarde, salimos a pasear con Martín. Le gusta respirar el aire de fuera y escuchar el ruido del mundo. Al igual que nosotros, se agobia si está mucho tiempo dentro de casa. ¡Qué pronto se ha acostumbrado a la vida! Llegamos a la Plaza del Conceyín de la Corredoria y allí compramos unas castañas asadas. Con este frío que ha llegado de repente, nada abriga mejor las manos (y el estómago vacío) que unas castañas asadas.
Hace poco más de un año que vivimos en La Corredoria. Recuerdo que, cuando nos mudamos aquí, empecé a añorar el bullicio del centro de Oviedo. Llevo cambiando de piso más de cinco veces en estos ocho años que llevo en Asturias. Al principio se me hacía fácil. No tenía tantas cosas con que cargar, un poco de ropa y algunos libros. Al pasar los años, he ido adquiriendo más y más cachivaches, de los que ahora cuesta despegarse. Sobre todo, algunas ediciones de libros que con el tiempo aprendes a valorar, la mayoría encontrados en librerías de viejo. Los he adoptado para que vivan conmigo y hacerme las tardes un poco más llevaderas.
Ya en nuestro nuevo hogar (y con un arrendador generoso: especie en vía de extinción), un piso nuevo, sin humedad, soleado, poco a poco la sonrisa y la ilusión fueron apoderándose de nuestro ánimo. Me di cuenta de que en la misma manzana donde vivimos había muchas parejas jóvenes, como nosotros, la mayoría con hijos. Y fueron los niños, jugando en la pequeña plaza, los que nos devolvieron de alguna manera la ilusión. Me olvidé de los bocinazos y rugidos de motores, a los que ya me había acostumbrado en el centro de Oviedo. Ahora era la algarabía de la infancia la que entraba por la ventana y recorría los pasillos de nuestra casa, animándonos. Y sí, la paternidad es contagiosa también. Un año después, nos hemos convertido en padres. ¡Quién nos lo iba a decir! Ahora recorro las calles empujando un carrito de bebé, es el carro de mi vida además. Y es que La Corredoria es como la guardería de Oviedo. Sus plazas, sus calles están llenas de carritos de bebés y niños que van de la mano de los padres. La semana pasada, Marta fue a visitar a su matrona y esta le comentó que en una semana tuvo treinta nuevos embarazos.

Yo no sé si el sosiego, la tranquilidad de los bares, la felicidad en los parques, lo que hace que este mi nuevo barrio se convierta en el lugar donde me gustaría vivir muchos años. Un barrio joven, fértil, que pese a la crisis, de su tierra brotan los nuevos edificios y se extienden más y más. Eso sí, la mayoría todavía vacíos porque no todos pueden comprarse un piso. Parece que los niños no traen solo el pan bajo el brazo, sino también la casa. Los niños son misteriosos, como si vinieran de otro planeta y que ya lo tuvieran todo planeado.
Me gusta abrir la ventana y que el sonido que entra por ella sea la algarabía de la infancia en el parque, ese mundo joven que rejuvenece la casa entera y a los que en ella viven.
 Mientras recorro el barrio, Martín duerme al ser mecido, unos gritos de niños en la plaza lo despierta. Martín abre los ojos y mira fijamente su alrededor. Le digo que me gustaría seguir viviendo aquí, no porque odie ya cambiar de casa, sino porque me gusta este sitio, me gusta la biblioteca «El Cortijo», rodeado de jardín y de gente. Y a donde pronto te llevaré, pequeño gigante. Me quedo sentado en un banco de la Plaza Conceyín, saco el libro de poemas Carrusel, de Iona Gruia y le leo a Martín los versos: «Busco tu mano en la noche, / tu minúscula mano, / tu mano de bebé, talismán mío, / para escapar de oscuros pensamientos». Y sí, amigos, los niños nos salvan de nosotros mismos.

 

martes, 15 de noviembre de 2016

#ParaCadaNiño

Nada cura mejor la tristeza que la felicidad de un niño.
Por eso quiero que les dejemos un planeta donde puedan aprender jugando
a ser hombres y mujeres de bien,
protegidos por el amor de sus padres y de toda la sociedad.
Por eso quiero que hereden un mundo con los colores de la vida:
con mares y aires limpios, con bosques en todo su esplendor,
un mundo que sea todo él un jardín para la infancia.
 
 

viernes, 4 de noviembre de 2016

Leonardo DiCaptrio, Capitán Planeta



Al final esto del calentamiento global o del efecto invernadero, de la destrucción del planeta, nuestro hogar, es un hecho real y no simplemente la imagen que visualizamos en una película de la guerra de los mundos. Creía yo, como la mayoría de la gente, que era un cuento que inventaron para distraernos o para llenar los manuales de ciencias naturales. Supongo que este clima primaveral que tenemos hoy en Asturias en pleno noviembre, es una muestra del cambio climático que debería preocuparnos. Lo mismo los terremotos, las inundaciones, las sequías más atroces en lugares donde nunca llueve, etc. Todo esta inestabilidad del planeta puede empeorar si no hacemos algo ya.
El domingo por la noche proyectaron en National Geographic el documental Before de Flood, de Leonardo DiCaprio, en el cual trataba de concienciar (una más del millón de voces que claman en el desierto) de los daños que estamos causando al planeta.
No estuvo mal el documental. DiCaprio, no solo un reconocido actor, sino sobre todo un hombre preocupado por el medioambiente –como un Capitán Planeta y Mensajero de la Paz–, recorre el mundo entrevistando a científicos y líderes políticos sobre el asunto.
Hay cierto optimismo en su mensaje: todavía estamos a tiempo de recuperar nuestro planeta, no solo para nosotros, sino para nuestros hijos y nietos. Ellos también podrían contemplar los mismos paisajes que hoy aún podemos disfrutar, podrán esquiar en la nieve, pasear por los bosques, bañarse en un arroyo tropical, etc. Y evitar así también la extinción de muchos animales, aunque algunos inevitablemente ya han desaparecido del planeta.
 Aún hay tiempo para mejorar o al menos retrasar el apocalipsis planetario, nos dice DiCaprio. ¿Qué podemos hacer? Lo primero es cambiar nosotros mismos –ya lo sé, suena a topicazo–, pero es algo no siempre difícil de realizar–. Por ejemplo, podemos cambiar nuestra dieta. Consumir pollo es menos contaminante que consumir carne de vacuno, ya que esta emite más metano a la atmosfera, uno de los gases del efecto invernadero.
Before de Flood nos enseña que las decisiones que tomamos en la vida marcan el destino del planeta. Una simple acción como evitar consumir productos que contengan aceite de palma ayudaría a evitar que se sigan talando los grandes bosques asiáticos, unos de los pulmones del planeta y hábitat de los orangutanes. O a la hora de las elecciones votar a un partido cuyo programa contengan proyectos de protección medioambiental, etc. El resto se nos enseña en las escuelas: cómo reciclar y evitar contaminar el ambiente, etc. Puede que no estemos de acuerdo a la hora de proteger a los toros de los toreros y de las encerronas, pero de proteger nuestro aire, y nuestra agua, nuestra casa común, en eso no podemos estar en desacuerdo. Pero todo esto ya se nos viene contando desde hace décadas. Lo que pasa es que no actuamos. Lo hacemos una vez y luego lo dejamos. Lo que quiere el documental es que el cuidado y la responsabilidad medioambiental sean un hábito, una manera de vivir.
La imagen de Halloween que más debería aterrorizarnos es el paisaje apocalíptico que podemos dejar a nuestras generaciones si no actuamos a tiempo.  
 
Se puede ver el documental en:
 

martes, 1 de noviembre de 2016

Hijo

Solo dos sílabas tiene la palabra "hijo". Pero ahora que la pronuncio para llamarte, mientras te observo despertar lentamente, ahora esta palabra parece (es) inmensa. Acapara todo el libro que estoy escribiendo, el libro de mi vida. Buenos días, hijo.